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Nota publicada el miércoles, 10 de abril de 2013

Autonomía Relativa / El politburó
Por: Juan Ignacio Zavala
Hay una campaña de comunicación y de opinión de los aplaudidores del Pacto y los propagandistas del gobierno contra cualquiera que se oponga, o manifieste siquiera, la posibilidad de un cambio o mejora a lo que sale de las mesas de ese extraño ente. Decir algo en contra, cuestionar algún aspecto, te convierte en esclavo de los poderes fácticos, en traidor a la patria, en obstáculo al desarrollo.

En el seno de esa mesa multicolor y multiforme que con tal de decir que todo está muy bien y que es muy fácil aprobar por decreto la felicidad, la modernidad, el internet y el bienestar general, nadie puede estar en contra. Como ése es el ambiente que se respira en esa especie de estudiantina del consenso, nadie quiere pagar el costo de nada. Ni siquiera de mejorar las cosas. Lo que se dice, se cumple. No importa ni siquiera si hay algunos que sepan o conozcan más de los temas, lo que se decide ahí debe hacerse. Punto.

¿Que hay un Congreso que debe discutir y decidir? Eso no importa, se aprueba lo que se quedó en el Pacto o se le avienta la jauría al opositor o al crítico. Asombrosamente, en el caso de los diputados, los opositores obedecen ciegamente, incluso hacen filas para firmar adhesiones. No discuten, no debaten: firman y levantan el dedo. Los presidentes de los partidos opositores recuerdan al PARM y al PPS en los tiempos de oro del priismo.

Se prohíbe cambiarle una coma a lo que se envió desde la mesa central. Tiene razón Jesús Silva-Herzog Márquez al decir que el perfil tuitero de la diputada Carpinteyro resume la situación: “heroína o villana”. La diputada vive como de derecha —según demuestra un video que promovió sobre sí misma— y está con los radicales de izquierda. Pero en donde se desplaza mejor es en un cómic virtual al que, en efecto, se juega a ser los superhéroes o sus archienemigos. Ya las cosas no se dirimen por Friedman o Marx, el individualismo o la colectividad. El asunto es Batman y El Guasón, Batichica o La Hiedra Venenosa. Así están las cosas.

Insisto: ese consenso obligado es peligroso. Oculta intenciones y sepulta la sana disidencia. La reforma Telecom tiene muchas cosas que se deben mejorar y los senadores tienen la obligación de discutirlas y transformarlas. Decir que es un grupo de “calderonistas” que se oponen a todo y que son los que detienen las reformas, es falso. De ser cierto eso, la oposición y la crítica se reducirían a unas 17 personas. Hay académicos, especialistas y gente que sabe de políticas públicas que no concuerda con lo que se aprobó sin discusión alguna.

El Pacto por México se ha transformado en un politburó soviético. Rodrigo Borja en su Enciclopedia de la Política (FCE) dice al respecto que esa instancia “caracterizó a los sistemas de partido único en los regímenes marxistas, la función del politburó fue parecida a la de los gabinetes ministeriales en los gobiernos de Occidente” (p.1105). Aquí hacen incluso las funciones del Legislativo con San Lázaro reducido a una lamentable ventanilla de recepción de documentos. Y como en aquellos tiempos de la imposición totalitaria el disidente está condenado a ser enemigo de las causas nacionales, estigmatizado en la vida pública y llevado al patíbulo de la ignominia.
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Fuente: Milenio.com / México / Nuevo León Versión para imprimir