tienda

Nota publicada el sábado, 15 de junio de 2013

Todo empezó en la China imperial
Por: Redacción
Como todos los escolares saben, el Día de la Bandera se celebra el 20 de junio, fecha de la muerte de Manuel Belgrano. En línea con esta tradición necrofílica argentina, el Día del Escritor fue instituido por la SADE después de que Leopoldo Lugones se suicidara en un hotel del Tigre, en 1938. Al menos en este caso, el 13 de junio corresponde al nacimiento del autor de La guerra gaucha. Una cosa lleva a la otra, sobre todo al navegar por Internet, donde uno puede demorarse en páginas como publicdomainday.org, que cada año rastrea la lista de autores cuyos derechos han pasado al dominio público. Robert Musil, Roberto Arlt, Stefan Zweig o Irène Némirovsky son algunos de los que han atravesado el umbral del pago de derechos de autor porque han pasado los 70 años a partir de su muerte que rige en la mayoría de los países (algunos lo estiran a 100 años, como México, otros a 50, como Sudáfrica). 

Al navegar por las profundidades de la Web queda claro que el primer tratado multilateral de derechos de autor se celebró durante el Convenio de Berna de 1886, y que en 1952 se estableció la Convención Universal sobre Derecho de Autor que fijó además el uso del símbolo de copyright. A los anglosajones se les debe la creación de la globalizada palabrita y también la primera norma en el mundo sobre los derechos de autor, hallada en el Estatuto de la Reina Ana (1709). 

Pero no todo está en las aguas más profundas de Internet. Siempre hay que echar mano a algún libro para descubrir algún dato inesperado y libre de bytes. Así uno puede enterarse de que todo empezó en China. Lo cuenta la británica Lynette Owen en Comprar y vender derechos (FCE): “Tal vez no resulte sorprendente (aunque pueda ser irónico a la luz del posterior desempeño de esa nación en materia de derechos autorales) que el derecho de autor se identifique como concepto, por primera vez, en China, durante la dinastía Song (960-1279 d. C.), cuando la corte imperial expidió una orden para prohibir que se elaboraran bloques de impresión no autorizados con fines de reproducción”. Y este no es un cuento chino, aunque esté libre de derechos.
Librería Virtual
Fuente: revistaenie.clarin.com / Argentina / Versión para imprimir