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Nota publicada el sábado, 14 de marzo de 2015

El horror de crecer
Por: Eduardo Mejía
Título: Con los ojos abiertos.
Autor: Francisco Hinojosa.
Editorial: Fondo de Cultura Económica

Hace apenas dos generaciones, y ha cambiado la vida de una manera al parecer irremediable; Francisco Hinojosa, autor de excelentes novelas policiales, y de varios clásicos de literatura infantil, publica lo que llaman su “primera novela para jóvenes”. Aunque tiene muchas semejanzas con De perfil, de José Agustín, las diferencias son notables. 

Los protagonistas narran, desde dos puntos de vista, una historia que describe el rompimiento con la familia, la sensación de soledad, el descubrimiento del placer sexual, la entrada a nuevos mundos desconocidos y riesgosos donde ya no es posible el regreso, una nueva vida con plena conciencia, con una mirada ya adulta, y con responsabilidades que significan otras dependencias, más esclavizantes que las de la infancia. 

Pero mientras que los personajes de José Agustín gozan con esos cambios y los asumen con naturalidad, Sara, el personaje de Hinojosa, los sufre. El rompimiento con la familia es violento y no significa libertad; mucho menos la entrega sexual, nada placentera sino hasta que descubre una nueva pareja que la trata con delicadeza y hasta amor, pero productos de esquizofrenia, y como culminación de una broma cruel. 

Los adultos en De perfil son testigos del crecimiento del narrador; los de Con los ojos abiertos son enemigos pasivos o activos de Sara y Eliseo, y los llevan a un rompimiento del que la pareja saldrá dañada. En ambas obras surge un mundo sórdido, pero en la obra de Agustín es pasajera, en varios frentes de los que el personaje sale victorioso; en la de Hinojosa no tienen posibilidad de vencer, su separación es definitiva y el futuro poco claro. 

La mayor diferencia entre ambas novelas es el lenguaje: en Agustín las llamadas “malas palabras” son catárticas aunque naturales, provocan enfrentamientos y surgen de improviso, rompiendo el ritmo narrativo y de la vida de quienes las pronuncian y las escuchan; es un lenguaje cifrado entre los adolescentes. En Hinojosa es un lenguaje cotidiano que no asusta de tan común, y lo usan todos, no para retar ni para ofender, sino para definir y para describir, sobre todo lo que viven ellos mismos. Con un truco, Hinojosa permite que el lector se entere mínimamente de Eliseo, le da voz por unas cuantas páginas, como hace García Ponce en De Anima

En lo que más se parecen es que la juventud es efímera e irrepetible, y la adultez irremediablemente amarga. 

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Fuente: El Universal / México / Distrito Federal Versión para imprimir