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Nota publicada el martes, 21 de noviembre de 2017

Testigo privilegiado
Por: Érika Pérez Bucio
Recibió la llamada de Jacques Francais, el principal comerciante de instrumentos de cuerda en Nueva York, capaz de distinguir un auténtico Stradivarius con una sola mirada. Tengo un violonchelo que a lo mejor te interesa, le anunció. En su siguiente viaje a Nueva York, Carlos Prieto fue a verlo a su taller cerca del Carnegie Hall. Allí le presentó el Piatti, un Stradivarius de 1720, del que había oído hablar, y encerró al músico en un cuarto para que lo probara con calma.

A los cinco minutos, Prieto abrió la puerta decepcionado: Este violonchelo no me interesa en lo absoluto porque no suena. A lo que el comerciante replicó: No suena porque ha estado silencioso durante un año. Le reveló de paso el secreto para devolverle su esplendor: tocarlo todos los días. 

Lo adquirió, finalmente, el 23 de julio de 1979. Después de unos ajustes y reparaciones, ninguna de importancia, a caigo del laudero René Morel, le fue entregado el Piatti a principios de 1981. Es llamado así por uno de sus más famosos usuarios: Alfredo Piatti, compositor y violonchelista italiano del sido XIX. El instrumento lo acompaña desde entonces. 

Prieto ha estrenado 107 obras de compositores en todo el munda Ha contribuido a ampliar el repertorio para el instrumento. A sus 80 años ofrece unos 60 conciertos al aña Pero tocaba casi 100 cuando el Piatti llegó a sus manos. 

En sus casi 300 años de vida, el Piatti ha sido testigo además de notables encuentros. Quizá es el único violonchelo que lia estado en manos de un Nobel de Literatura. El violonchelo era el instrumento favorito de Gabriel García Márquez, quien lo tuvo en sus manos y pulsó sus cuerdas. Nunca en su larga historia fue tocado el Piatti por un intérprete más novato ni más brillante, escribió Prieto en Las aventuras de un violonchelo (FCE), la biografía que escribió sobre su instrumento, siguiendo su pista, durante casi 10 años;, por Inglaterra, Estados Unidos, Alemania, España e Irlanda. 

Prieto hace ver que son casi humanos los términos que describen la anatomía de los instrumentos de cuerda: cabeza, cuello, cuerpo, costillas, hombros, caderas e inclusive, un alma. Pero su violonchelo posee además nombre de mujer. 

Era un lío para las aerolíneas emitir un boleto para un instrumento que por su fragilidad no podía ir con el resto del equipaje ni por sus dimensiones en la cabina. Siempre perdía de 30 a 40 minutos en el mostrador hasta que su esposa María Isabel sugirió comprar el boleto a nombre de Chelo Prieto, Santo remedia No sólo acumula millas en algunas aerolíneas, sino que hasta en una ocasión, un simpático empleado de mostrador en Estados Unidos, desconcertado al escuchar que en el estuche viajaba Ms. Chelo Prieta quiso saber su edad. Al enterarse de que casi rozaba los 300 años, decidió otorgarle el descuento para pasajeros de la tercera edad. 

María Isabel, madre de sus hijos Carlos Miguel, Isabel y Mauricio, es la compañera en sus frecuentes viajes. Y en el más importante: su transición de ingeniero a músico de tiempo completo, que inició en 1975. 

Estaba convencido de lo que quería, de cuál era su vocación, yo le dije: adelante, vamos. Pasé de ser esposa de un ingeniero a esposa de un músico, evoca María Isabel. 

Existe una fotografía familiar de su casa en SanAngel donde Prieto, al año de edad, está parado sobre una silla y, más que sostener el violonchela parece detenerse de él.
Mientras que su madre Cécile Jacqué, su padre Carlos Prieto y su abuelo Máurice Jacqué tocan los violines y la viola. No demorarían mucho en tocar como cuarteto.

Prieto empezó con el instrumento a los cuatro años y, a los \7, cuando terminó sus estudios en el Liceo Franco Mexicana ya había dado conciertos en pública Con buenas notas en física y matemáticas, decidió intentar ingresar al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Sabía que era difícilísimo que me aceptara. El asunto no me preocupaba mucho, porque si no era aceptado, ya estaba trazado mi camino con el violonchelo, narra en entrevista el músico de 80 años. 

Pero el MIT lo aceptó. Ingresó en septiembre de 1954. Terminó las carreras de Ingeniería y Economía, sin abandonar la música. Era el primer violonchelo y solista de la orquesta sinfónica del instituto. Tenía a su disposición una fantástica biblioteca musical, donde descubrió obras del repertorio. Ahí escuchó por primera vez una sinfonía de Shostakovich y también aprendió rusa Cuando regresó a México, empezó a trabajar como ingeniero en la Fundidora Monterrey. Luego, se mudó a Monterrey, donde era subdirector de producción de la planta de acera El violonchelo quedó relegado a un segundo lugar. 

Pasáronlos años y, enla década de los 70, ya era un prominente hombre de negocios en Méxica director general de Fundidora Monterrey y presidente de diversas organizaciones patronales.
Por las noches, estudiaba un par de horas Sacaba el instrumento y crecía el arrepentimienta Sentía haber traicionado su vocación musical. 

Hasta que un día tomó una decisión radical tras una profunda crisis interior. Dejaría sus actividades industriales y empresariales para consagrarse a la música. 

Sus amigos en la industria pensaban que había perdido el equilibria Decían que en un año estaría de vuelta en el trabajo; sus amigos músicos pensaban que se daría cuenta de lo difícil que es la profesión y, al cabo de un año, retomaría sus actividades como industrial.

Van 40 años y nunca me he arrepentido, dice el música sentado junto al estuche con su violonchelo Goffriller de 1725, que al igual que el Piatti ostenta el nombre de Chelo Prieto. 

Compensaría los años perdidos con trabajo ardua Nos encerramos, yo me puse a jalar para que él pudiera dedicarse nada más al estudio, narra su esposa María Isabel. Pasó largos meses estudiando con Pierre Fournier, en Ginebra, y varios veranos con Leonard Rose en Nueva York. Poco a poco comenzó a tocar con mayor frecuencia en México y en el extranjero.

Leonard Rose le hablaba con frecuencia de su distinguido alumno Yo-Yo Ma, más joven. Y a Yo-Yo Ma, del ingeniero del MIT que bajo su dirección se proponía convertirse en violonchelista profesional. 

El encuentro entre ambos se produjo en 1983, a la muerte de Leonard Rose, en el homenaje que se le rindió en la Escuela Juilliard en Nueva York. Una amistad forjada arriba y abajo del escenario y que ha resultado en una serie de obras dedicadas a ambos músicos. 

Como la suite para dos violonchelos que Prieto encargó al mexicano Samuel Zyman, profesor en la Escuela Juilliard. El violonchelista no conocía de ninguna obra de ese estilo, y menos de un compositor latinoamericano. Estuvo lista en agosto de 1999. La tocaron por primera vez en una cena en Nueva York a la que los Prieto fueron invitados por Yo-Yo May su esposa Jill, Y en pública por primera vez, en Monterrey en 2006. Y, desde entonces, la ha tocado con su entrañable amigo en Méxica Sudamérica, Estados Unidos y España. 

Carlos Prieto es mi héroe. Aquí está el por qué: de intelecto aventurero, de mente curiosa, leal de corazón, noble de espíritu, valeroso en la perseverancia, moral en su conducta, apasionado en la vida. ¿Podría pedirse algo más?, lo define Yo-Yo Ma en unas cuantas líneas, enviadas por correo electrónico.

 El retrato que ofrece Prieto de Yo-Yb Ma bien podría aplicarse a él mismo : A diferencia de numerosos colegas músicos, que saben mucho de música y muy poco fuera de ese campo, Yo-Yo se interesa por las más variadas disciplinas En adición a sus estudios musicales, hizo la carrera de Historia en la Universidad de Harvard. 

Es un hombre del Renacimiento, capaz de hacerlo toda Un músico maravilloso que conoce ampliamente el repertorio y ha encargado nuevas obras para violonchelo, sobre todo a compositores mexicanos?, añade Zyman, quien le ha escrito no menos de siete obras. 

Las aventuras de un violonchelo (FCE, 2011) es uno de sus diez libros publicados hasta ahora. Cuando viaja, además de cuerdas de repuesto y dos arcos, en previsión de algún accidente, lleva el iPhone que hace tiempo sustituyó a las pequeñas libretas donde hacía rápidas anotaciones que después revisa, amplía y ordena. A bordo de aviones ha escrito buena parte de sus libros. 

Es el único músico en el universo de las 22 academias de la lengua española. Se concibe como un enamorado de las palabras. En Cinco mil años de palabras (FCE) trazó un recorrido por la historia de la escritura. Esa obra le abrió las puertas de la Academia Mexicana de la Lengua (AML), propuesto por el filósofo Ramón Xirau, el historiador Miguel León Portilla y el poeta Eduardo Lizalda Es uno de los más asiduos alas sesiones de la corporación, salvo que esté de gira. 

Es un estudiosa un hombre de rigor que se nota. Tiene 80 años y vea usted cómo ejecuta. Tiene una disciplina que lo hace trabajar todos los días no sólo en su instrumento, sino también en la investigación sobre el libro que vaya a publicar, alaba Jaime Labastida, director de la AML.

Publicó su primer libro Cartas rusas en 1965 en una edición privada. Surgió de su primer viaje a la extinta Unión Soviética Su interés por Rusia había despertado durante su estancia en el MIT por Shostakovich -a quien trató y dedicó el libro Dmitri Shostakovich Genio y Drama. (FCE, 2013)

Su dominio del ruso lo llevó a servir como intérprete de Anastás Mikoyan, viceprimer ministro soviético en la era de Kruschev, en su visita a México en 1959. Mikoyan, al despedirse, le ofreció estudiar en la prestigiosa Universidad Lomonosov de Moscú. Pero la oferta demoró dos años en concretarse. La tardanza, culpa de la burocracia soviética, hizo que Prieto fuera testigo de la crisis de los misiles de 1962 entre Estados Unidos y la Unión Soviética por el descubrimiento de bases nucleares en Cuba, y del único viaje de Igor Stravinsky, amigo de la familia, a su natal Rusia desde su partida en 1912. 

Sus memorias desde aquella primera estancia hasta el colapso soviético aparecieron en un libro posterior: De la URSS a Rusia. (FCE, 1993)

Si en ese libro narró el ocaso de una potencia, en Por la milenaria China. Historias, vivencias y comentarios contó el ascenso de un gigante. Con el Trío México ofreció su primer recital en Beijing en 1979. Era el primer ensamble de cámara occidental invitado desde la Revolución Cultural (1966-1976) cuando se prohibió la música occidental, cerró el Conservatorio de Pekín y casi desaparecieron las orquestas. 

Prieto se sabe un testigo privilegiado de su tiempo. Su más reciente entrega es Mis recorridos musicales alrededor del mundo. La música en México y notas biográficas (FCE, 2017). En la portada aparece con el instrumento a cuestas como testigo de su pasión. Su hijo, Carlos Miguel Prieto, alaba su gran musicalidad, siempre sincera y honesta, un amor sin límites por la música, una disciplina impactante y una curiosidad que no termina nunca. El director de orquesta es, además, violinista en el Cuarteto Prieto con su padre, su tío y su prima Prieto, custodiado por su violonchelo que reposa en el estuche, anuncia; Todavía hay montañas por escalar. ? 

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Fuente: Reforma / México / Ciudad de México Versión para imprimir