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Nota publicada el lunes, 11 de diciembre de 2017

El cuchillo está afilado
Por: Redacción
El mundo está al revés y el olor del ciclo de la vida conduce a las personas a buscar la libertad y ser independientes pese a los miedos y los silencios que las agobian. 

Sin embargo, cuando alguien sabe lo que quiere con demasiada exactitud sólo se mueve en una dirección, escribe la alemana Antonia Michaelis (Kiel, 1979), en su novela Nashville o el juego del lobo,(FCE, 2017)

La autora participó en la edición 31 de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, que concluyó el domingo pasado. 

La perfección humana no existe, pues todo mundo tiene sus manías. Y aun así llegan a ser algo en la vida. 

Un niño indigente aparece y altera la vida de la protagonista de esta historia, una estudiante de medicina de 18 años. La trama se desarrolla en Tubinga, donde hay momentos en los que se necesita cierto grado de melancolía. 

Y si el amor nace en los lugares más insospechados y la vida no es más que una gran separación , entonces los mendigos pueden hacer realidad los deseos. 

Un juego en la oscuridad detona el asesinato de tres personas en situación de calle, en lo que servirá para determinar quiénes son los fuertes y quiénes los débiles, pues por todas partes en Tubinga se ven árboles. 

Hay... un niño. Nashville. Se coló en mi vida, por así decirlo, estaba... en mi departamento, en la alacena de la cocina. Parado de cabeza. Lleno de arañazos y con hojas en el pelo, como si se hubiera arrastrado entre la maleza... o a través de un bosque, relata Michaelis. 

Muchos de los condenados de la Tierra, como definió Frantz Fanón (1925-1961) en su libro clásico, habitan en túneles y llevan una mísera existencia, son los ninguneados, discriminados y candidatos a sufrir por siempre, donde más tarde o más temprano, el depredador termina encontrando su botín. 

Comienza la noche de los lobos; éstos buscan en silencio a la víctima que desean matar.
Sólo se comunican por los ojos. Ojos de lobo amarillos y ardientes. 

En esa narración de Michaelis, la investigación policial sobre el caso de una indigente asesinada en el Ósterberg (la madre de Nashville) se estancó, como suele pasar con la procuración de justicia, que a más de lenta se regatea. 

Ganan los lobos o los humanos. Depende de quién quede vivo.

Luego del asesinato en otro paso subterráneo, los indigentes desaparecieron de allí por un tiempo. Sin embargo, de manera paulatina fueron regresando a las sombras, que eran frías. 

Ante esa realidad, la autora inquiere: ¿Qué es más importante? ¿La libertad individual o una oportunidad de seguir vivo?, aunque lo cierto es que cada vez más constatamos que el mundo está al revés, pero ¿de qué nos sirve? 

En la trama aparece una colección de cuchillos que, afirma la protagonista, siempre tuvo un objetivo: matar. 

El mundo está envuelto en la maldad y no vamos a mejorarlo. El principio de pretender lo ideal es absurdo, sentencia la autora. 

Esa aspiración significa que exige el máximo de sí mismo y de los demás. No permite ni debilidades ni débiles. Es un principio espantoso. 

Sin embargo, algo es inevitable: el cuchillo está afilado. 

Título: Nashville o el juego del lobo 
Autora: Antonia Michaelis Traducción: Margarita Santos 
Editorial: Fondo de Cultura Económica : 446 p.p. 
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Fuente: La Jornada / México / Ciudad de México Versión para imprimir