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Nota publicada el lunes, 18 de diciembre de 2017

La conversación descubre las capas que están debajo de la apariencia: Yolanda Reyes
Por: Reyna Paz Avendaño
“En la medida que hablamos, nosotros vamos siendo en la vida. Muchas veces lo que conversamos es, por un lado, el rumor de lo que somos, y por otro, nos vamos construyendo”, comentó la escritora Yolanda Reyes a propósito de su libro Volar, dirigido a público infantil y con ilustraciones a cargo de José Rosero, en donde se narra la conversación que tiene un niño de 10 años y una señora durante un vuelo de avión.

Esa construcción de uno mismo, añade la autora colombiana, es el alma de este libro porque “a veces hay conversaciones con desconocidos, entre comillas, o con generaciones que no son las nuestras, nos revelan mucho de lo que nosotros somos. Estoy interesada en la conversación con los niños, en la que no haya un libreto de un adulto hacia un niño, sino de dos que conversan”.

El pequeño Juan Diego viaja solo de regreso a su casa para encontrarse con su madre, luego de haber pasado sus vacaciones con su padre, pues éstos están separados. La mujer que el niño llama la mujer feroz, no se sabe de dónde viene, pero regresa a Colombia después de vivir un secuestro en la selva para dar una conferencia sobre la memoria.

La conversación para la autora es descubrir las capas que hay debajo de la superficie, en este caso, las capas bajo la apariencia. “A veces en un avión el viaje es una conversación profunda, en un viaje estamos desestabilizados o sacados de nuestras coordenadas habituales, rutinarias y eso nos hace mirarnos y encontrarnos de otra forma”.

Ambos personajes comparten muchas cosas: adaptarse para compartir tiempo con sus familias, miedo a no entender el amor y sobre todo, escriben sobre su vida.

“Ningún lenguaje, y creo que eso es parte de la escritura, es suficiente en literatura, porque las cosas no están del todo dichas. Entonces por eso uno tiene que bucear tanto, creo que por eso existe la necesidad de escribir. En el libro ves que hay una conversación que es interrumpida por monólogos y por la escritura, porque ambos escriben, uno en una bitácora y ella en una tablet”, expresó la autora.


EXPERIENCIA. 

El libro que es editado por la colección A la orilla del viento del Fondo de Cultura Económica(FCE) nació después de que la escritora Yolanda Reyes terminara su novela Qué raro que me llame Federico.

“Había terminado de escribir una novela para adultos que se llama Qué raro que me llame Federico, cuando apareció Volar. La primera novela narra la vida de una mujer que adopta un hijo y después, el hijo viaja a Colombia a buscar sus orígenes biológicos. Entonces cuando escribí Volar pensé: otra vez estoy escribiendo lo mismo. Pero a veces son temas que por alguna razón son experiencias que te interpelan y sobre las que tienes que volver por mucho tiempo”.

En este caso, agregó la autora, era regresar a la conversación que va más allá de la mirada superficial, “que tiene que ver con los miedos, con los encuentros que hay cuando empiezas a quitar todo lo que sobra, y encuentras que una mujer es una niña frágil y que un niño es un adulto sabio”.

Sobre por qué centrar la historia de su libro en un niño de 10 años, Reyes comentó que es una edad de lucidez e inocencia. “Juan Diego es un niño muy inteligente, muy informado, pero con esa sabiduría, adoro esa etapa de los 10 y 11 años, es una etapa de una lucidez porque la infancia está a punto de terminarse y los niños ya tienen una estructura de pensamiento lógica, un lenguaje muy consolidado y una gran capacidad de mirar”.

No obstante, añadió, necesitan entender el fondo de su corazón y sus emociones en conflicto, como todos los seres humanos. “Hay cosas que necesita hablar el niño de mi historia: tiene un padre y una madre que están separados, entonces él va de casa en casa y tiene una capacidad infinita de adaptación, sabe qué se puede hacer en cada hogar y qué no, también tiene una cantidad de preocupación de qué decir para que los papás no sufran”.

Finalmente, Yolanda Reyes compartió que Volar nació de una experiencia personal. “Hice un vuelo de Santiago de Chile a Concepción después de haber estado en el terremoto de Santiago de 2010. Estaba en un asiento y la azafata me preguntó si quisiera compartir el vuelo con un niño que venía de ver un partido de fútbol con su papá en Santiago un fin de semana e iba a Concepción en donde su mamá lo esperaba en el aeropuerto. Tuvimos una conversación de una hora y entonces le conté esa historia a la antigua editora del FCE y le agradó”.

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Fuente: La Crónica de hoy / México / Ciudad de México Versión para imprimir