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Nota publicada el jueves, 21 de diciembre de 2017

¿Es dinero el Bitcoin?
Por: Manuel Sánchez González
A pesar de su popularidad como inversión, reflejada en el incremento espectacular de su precio en años recientes, el Bitcoin exhibe, de forma limitada, las características de los medios monetarios.

Los economistas suelen definir la naturaleza del dinero a partir de tres rasgos que resumen su aportación al mejor funcionamiento de la economía.

El primero y más esencial es ser un medio generalmente aceptado de pagos. La adopción amplia de los instrumentos monetarios propicia la eficiencia económica, al evitar que los intercambios requieran la coincidencia de las necesidades entre las personas involucradas, como ocurre en el trueque.

El segundo es fungir como unidad de cuenta, lo que facilita los cálculos y, por ende, la ejecución de las transacciones económicas.

El tercero es servir como reserva de valor, lo cual es deseable a la luz del tiempo que con frecuencia transcurre entre la recepción del ingreso y el gasto de las personas. La merma del poder adquisitivo por la inflación puede conducir al rechazo del dinero por parte del público.

Desde sus inicios hace nueve años, el bitcoin ha ganado terreno como medio para realizar pagos.

En efecto, son cada vez más los usuarios que realizan transferencias de ese instrumento digital a otras personas, dentro del sistema descentralizado y abierto de verificación y registro imborrable de transacciones, basado en la tecnología conocida como blockchain.

Además, ha crecido el número de empresas que aceptan el bitcoin en la venta de sus bienes y servicios. El giro y la escala de los negocios receptores son variados, incluyendo grandes consorcios de telecomunicaciones y entretenimiento, así como establecimientos minoristas menores.

A pesar de ese progreso, las transacciones realizadas con bitcoin aún representan una pequeña fracción de los pagos mundiales, lo que contrasta con la conceptualización de sus creadores de convertirlo en moneda universal y sus ventajas sobre los instrumentos tradicionales.

Entre sus bondades destacan los mínimos requisitos de documentación para los usuarios y la protección contra fraudes mediante la encriptación. Además, los comercios aceptan el bitcoin a través de proveedores de servicios de pagos, que convierten ese instrumento a moneda local, a cambio de una comisión menor a la de las tarjetas de crédito.

Tal vez el principal escollo para el mayor uso del bitcoin sea el desconocimiento público de su operación, así como sus limitaciones de liquidez. Lo primero se relaciona con la novedad y el carácter relativamente sofisticado del sistema, lo que puede alejarlo de personas poco familiarizadas con las nuevas tecnologías de la información.

Lo segundo refleja las dificultades para entrar y, en especial, para salir del sistema. Por lo general, la compra inicial de bitcoin se realiza en centros cambiarios por internet, tras el cargo del monto correspondiente en moneda local a una cuenta bancaria o una tarjeta de crédito. En algunos lugares, puede depositarse efectivo en cajeros automáticos especializados conectados a esos sitios.

La limitada liquidez del bitcoin se manifiesta en la elevada variabilidad de su precio, lo cual refleja, entre otros aspectos, reducidos volúmenes negociados y una considerable sensibilidad a las operaciones grandes.

Este fenómeno se revela también en las diferencias que en ocasiones registra esta cotización entre distintas plataformas de negociación, evidenciando la dificultad de canjear este instrumento por diversas monedas.

La conversión de bitcoins a moneda local es comúnmente más laboriosa que la operación inversa. Toma tiempo y requiere paciencia. Las formas de hacerlo incluyen sitios de internet que permiten la negociación directa entre usuarios, y servicios de cambio en línea que se encargan de realizar la transacción. En la segunda modalidad, a veces puede liquidarse la permuta en cajeros automáticos o tarjetas de débito especiales.

Finalmente, el bitcoin se usa escasamente como unidad de cuenta, si bien permite la utilización de fracciones en los pagos.

Adicionalmente, la significativa variabilidad de su precio limita su capacidad para servir como almacén de valor, aunque, hasta el momento, su tendencia ascendente lo ha convertido en una inversión muy rentable.

En suma, el bitcoin enfrenta un largo camino para convertirse cabalmente en dinero global. Empero, su tecnología innovadora permite prever posibles avances en su aceptación, así como nuevas aplicaciones. Además, su coexistencia con los medios tradicionales puede incentivar la disciplina en la conducción de las políticas monetarias.


* El autor, Manuel Sánchez González, es ex subgobernador del Banco de México, y autor de Economía Mexicana para Desencantados (Fondo de Cultura Económica, 2006). Publica periódicamente en el sitio web en español del think tank estadounidense The Cato Institute (Washington, D.C.).

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Fuente: elojodigital.com / México / Ciudad de México Versión para imprimir