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martes, 11 de agosto de 2015
 
 

“El largo curso de la economía mexicana”

Por Redacción

•    El Fondo de Cultura Económica presentó El largo curso de la economía mexicana, del doctor en Economía, Enrique Cárdenas. 

Este libro es un estudio histórico sobre la economía mexicana, desde el final del periodo colonial hasta 2012. Aquí, un resumen de las partes clave. 

Hacia el final del periodo colonial, la economía novohispana presentaba un desempeño positivo: elevada producción minera, construcción de suntuosos edificios, amplio proceso de urbanización y fuerte actividad económica, gracias al enorme comercio internacional. Sin embargo, existían claroscuros, como la explotación minera excesiva y los exorbitantes impuestos establecidos por la Corona española. 

Al nacer como nación independiente, México se encontró con una economía descompuesta y en peligro de fragmentación, pues la guerra desarticuló la estructura fiscal, además de que la independencia dejó sueltos los ímpetus del regionalismo. La actividad económica decayó, los medios de transporte eran escasos y los caminos estaban en mal estado. En los años 30 se inició una recuperación gradual en casi todo el país. La liberación del sistema mercantil español permitió el nacimiento de una moderna industria textil, que registró un auge a comienzos de 1840. 

La guerra con Estados Unidos en 1847 y la pérdida de casi la mitad del territorio influyeron en las decisiones del gobierno, pues se temía una nueva invasión, pero no fue de Estados Unidos, sino de Francia. Los temores llevaron al triunfo del liberalismo y el federalismo. En 1850, la reforma liberal movilizó recursos económicos, en particular en la agricultura. Para la segunda mitad del siglo ocurrió una recesión, por las pugnas entre liberales y conservadores. Algunas regiones consolidaron un desarrollo autárquico, como Chihuahua, que se especializó en ganadería y minería e instauró ligas con Estados Unidos. 

EL PORFIRIATO Y LA REVOLUCIÓN 

El rompimiento de la autarquía tuvo que esperar a la introducción del ferrocarril, que llegó tardíamente por falta de capitales. Cuando las líneas férreas de Estados Unidos se acercaron a la frontera norte de México, la integración del mercado nacional obtuvo nuevas oportunidades de desarrollo. La acelerada construcción de infraestructura provocó una crisis fiscal que ni la venta masiva de tierras ni el apoyo de los bancos comerciales pudieron impedir. La llegada a la Secretaria de Hacienda de José Yves Limantour, en 1892, permitió que para 1895 las finanzas públicas comenzaran a registrar un superávit. 

Al inicio de la Revolución, la economía se estaba recuperando vigorosamente de la recesión de 1907-08. Casi todos los sectores estaban en ciclo expansivo y el acceso al crédito externo estaba abierto. La crisis surgió con el golpe de Estado de Victoriano Huerta en 1913. Los ejércitos contendientes se apoderaron de los medios de transporte, dislocando los mercados. El decaimiento de la actividad productiva fue dramático. Desaparecieron las monedas de oro y plata y, al cabo, también los billetes, La inflación se agravo y los distintos grupos fabricaron sus propios billetes de valor muy precario. 

Con el triunfo de Venustiano Carranza en 1916, se recuperó el uso comercial de los ferrocarriles, a la vez que aumentó la producción petrolera. A finales de 1916 regresaron a la circulación el oro y la plata. Con la Constitución de 1917 el Estado mexicano iniciaba una nueva etapa. 

LOS DIFÍCILES AÑOS 20

La mayor parte del gobierno de Álvaro Obregón se dedicó a recuperar el reconocimiento internacional. Si bien había poca destrucción física, la recuperación económica planteaba retos importantes, que en su mayor parte tuvo que resolver Obregón. 

Plutarco Elías Calles continuó con la pacificación. Su gobierno se caracterizó por la creación de instituciones, como el Banco de México, y por los proyectos de infraestructura, como presas y caminos. La recesión, de 1926 en Estados Unidos fomentó el letargo de la economía mexicana. Con todo, la inversión privada aumentó y el sector manufacturero retomó la senda del crecimiento. A finales del sexenio callista, la producción interna de bienes de consumo satisfacía en buena parte el mercado nacional, aunque los insumos y los bienes de capital seguían dependiendo de las importaciones. En esa situación de un crecimiento económico lento, estalló la Gran Depresión de 1929. 

La salida de dólares desencadenó también la salida del oro, disminuyendo la oferta de moneda y provocando la contracción de la economía. Al reducirse las exportaciones, disminuyeron los ingresos fiscales y el gobierno tuvo que reducir gastos. 

En 1931, ante la falta de dólares y la drástica caída de la actividad económica, el gobierno desmonetizó el oro, permitió el libre cambio y facilitó la impresión de dinero, que el público fue aceptando. En estas circunstancias, la situación comenzó a revertirse. 

La Gran Depresión generó un cambio en el papel del Estado en la economía, en sus instrumentos de política económica y en la importancia del sector externo. 

Lázaro Cárdenas inició un Plan Sexenal, emulando a la Rusia soviética. La economía tuvo buen desempeño a partir de 1932 y así continuó el resto del sexenio. El gobierno se caracterizó por la política de reparto agrario y la disponibilidad de más tierras dio lugar a la expansión agrícola. La política nacionalizadora del cardenismo se circunscribió a los intereses extranjeros en la industria petrolera. 

El gobierno cardenista marcó el inicio de lo que se llamaría la política desarrollista, que tuvo su apogeo dos decenios después. 

INDUSTRIALIZACIÓN Y SIGLO XX 

La Segunda Guerra Mundial coincidió con la llegada de Manuel Ávila Camacho a la Presidencia. La guerra inyectó una fuerte demanda que estimuló las exportaciones y la producción mexicana, sobre todo manufacturera; y atrajo capitales del exterior que huían de la inestabilidad política. Por la política de control de precios, estos aumentaron incluso más que en Estados Unidos. 

La política de Miguel Alemán fue mantener la expansión económica y no devaluar el peso, a pesar del deterioro cada vez mayor de la balanza de pagos. Al cabo se tuvo que dejar flotar el peso en 1948. Se inició una política de sustitución de importaciones. 

El crecimiento de los años 40 se prolongó al decenio siguiente, pero a la par que la economía se desarrollaba, también lo hacían las importaciones. Cuando las exportaciones o el acceso al crédito externo fueron insuficientes, sobrevino una crisis de la balanza de pagos; de ahí la devaluación de 1948, aunque hubo otra devaluación en 1954 por la Guerra de Corea. A partir de ahí, la economía tuvo un repunte que se mantuvo más de un decenio. 

Mientras la economía estaba en pleno “desarrollo estabilizador”, con crecimiento de la clase media, comenzó a mostrar síntomas de desequilibrio, pues México seguía dependiendo del acceso a los dólares. Además, había escasa competitividad en las empresas y un acceso restringido a los mercados externos. 

Con todo, el presidente Gustavo Díaz Ordaz mantuvo finanzas balanceadas. 


Fuente: Alto Nivel / México / Distrito Federal