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José G. Moreno de Alba
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Algunas minucias ...


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charola
 

HACE ALGUNOS AÑOS, cuando en México los niños se vestían de gala, solían calzar zapatos de charol; hoy todavía se usan con ropa de etiqueta. No es quizá muy propio hablar de zapatos de charol, como si el charol fuera la materia de que estaban hechos; se trata simplemente de zapatos de piel charolada; el charol es un tipo de barniz, aunque también se le reconoce, por extensión, la acepción 'cuero con este barniz'. El vocablo charol procede del Oriente. Aunque hoy pertenece sin duda al español general, es muy probable que donde primero se aclimató fue en América, y más particularmente en México, pues hay que recordar que todas las relaciones, destacadamente las comerciales, entre Filipinas (y el Lejano Oriente) y España se llevaban a cabo a través de la Nueva España. Sus puertos, sobre todo Acapulco, eran visitados regularmente por la Nao de China. Otros vocablos orientales que llegaron a América por esa vía son biombo, maque (y maquear), tibor, quimones (hoy quimonos), sampán ('embarcación'), etc. Incluso un vocablo que suele explicarse como indigenismo (cahíta, concretamente), bule ('vasija'), es muy probable que, con el significado de 'tetera', haya también llegado a estas tierras procedente del Oriente.
        Volviendo a charol, éste queda definido (por el DRAE) en los siguientes términos: 'barniz muy lustroso y permanente, que conserva su brillo sin agrietarse y se adhiere perfectamente a la superficie del cuerpo a que se aplica'. Según la Academia, procede del chino chat liao que, a través del portugués charão, produjo charol en español. Además de voces generales como charolado, charolar y charolista, este vocablo es también origen y explicación de otros dos, éstos americanismos: charol y charola, con el significado de 'bandeja'. La forma masculina se emplea en Centroamérica y en algunos países sudamericanos; la femenina, en México, Bolivia y Perú. Evidentemente se trata también aquí de una extensión: ciertas bandejas charoladas comenzaron a denominarse charol(a); después se llamó así a cualquier bandeja, charolada o no. Si hemos de creer a la Academia, estamos ante un ejemplo de occidentalismo indirecto, es decir, de un vocablo de origen extranjero (chino en este caso) que llega al español de América a través del portugués (o del gallego).