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José G. Moreno de Alba
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¿médula o medula?
 

NORMALMENTE, cuando cambia de lugar la sílaba tónica de una voz, o bien ésta pierde sentido —es decir, deja de ser palabra (mesa / *mesá)—, o bien adquiere otra significación u otra función, esto es, se constituye otra palabra. Así, son muy conocidas parejas de vocablos como domino / dominó, aviso / avisó, acentúo / acentuó...; o incluso ternas del tipo de ánimo / animo / animó, tránsito / transito / transitó, práctico / practico / practicó, etcétera.
        No faltan sin embargo casos en que la ortografía normativa permite, en cierta medida, el empleo de una misma voz con dos acentuaciones. Digo en cierta medida porque siempre una de las dos formas es más recomendable que la otra. Esto queda claramente señalado en el DRAE: en la entrada correspondiente se anota, en primer lugar, la voz preferible (para la Academia, se entiende); por ejemplo: ibero o íbero. De acuerdo con este principio, decir los íberos (esdrújula, acentuada ortográficamente) no es ciertamente incorrecto, pero se recomienda los iberos (pronunciada como grave, sin tilde).
        Me parece de cierto interés hacer ver que en la mayor parte de los casos el español mexicano se apega a la recomendación académica o, más precisamente, la norma de la Academia refleja el uso de los hispanohablantes mexicanos. Ello sucede en los siguientes ejemplos (entre paréntesis anoto la forma menos recomendada): acné (acne), atmósfera (atmosfera), cartomancia (cartomancía), cíclope (ciclope), dinamo (dínamo), exégesis (exegesis), misil (mísil), pabilo (pábilo), parásito (parasito), pelícano (pelicano), pentagrama (pentágrama), reptil (réptil), reuma (reúma), termostato (termóstato), tortícolis (torticolis), utopía (utopia), etcétera.
        No son pocos sin embargo los casos en que los hablantes mexicanos empleamos con mayor frecuencia la voz no recomendada por el DRAE. Véanse los ejemplos que siguen (continúo anotando entre paréntesis el vocablo no recomendado): beréber (bereber), cóctel (coctel), conclave (cónclave), chófer (chofer), elixir (elíxir), fríjol (frijol), fútbol (futbol), hemiplejía (hemiplejia), medula (médula), entre varios otros.
        Si no hay una razón lingüística evidente para recomendar una u otra acentuación (la etimología, por ejemplo), valdría la pena pensar si no sería conveniente recomendar la forma que emplea la mayor parte de los hispanohablantes del mundo, que no necesariamente coincide siempre con la más empleada por los hispanohablantes europeos.


Usted hallará aquí un conjunto de artículos sobre palabras, expresiones, reglas gramaticales y ortográficas que provocan confusión o equívocos entre los hablantes. Cada entrada tiene un título, en el que se sintetiza el tema ahí tratado; por ejemplo: “bistec / bisté / bisteques / bisteces” explica los orígenes del vocablo con que solemos referirnos al filete. Para llegar a esa minucia haga clic en la letra B y busque dicha entrada, o haga clic en la lista de Todas las entradas y localícela ahí.