"Nuestro objetivo es redignificar y resignificar Los Pinos": Homero Fernández, su director

El 1 de diciembre de 2018, Los Pinos abrió sus puertas al público en general por primera vez. En su primer día el espacio entonces reservado para los presidentes registró una asistencia de poco más de quince mil personas. Desde entonces, el hoy conocido como Complejo Cultural Los Pinos trabaja para consolidarse como un espacio de arte y conocimiento.

No obstante, no es fácil despojar al sitio del aura de oscuridad y leyendas negras que lo envuelven. Construido a capricho del presidente en turno, el lugar busca una nueva identidad. Su actual director Homero Fernández, quien despacha en el edificio Guardias Presidenciales, sabe que no es fácil cambiar el estigma pero asegura que va por buen camino. Semanalmente el complejo recibe a entre cincuenta y cien mil visitantes, cifra que esperan rebasar con las jornadas Rumbos para la inclusión en Los Pinos a realizarse los días 22 y 23 de febrero de las 11 a las 17 horas, y donde se ofrecerán talleres, conciertos, lecturas y demás actividades con miras a promover la empatía hacia quienes enfrentan alguna discapacidad.

¿Han podido posicionar a Los Pinos como un espacio cultural?

No hemos podido atacar al lugar físicamente. Hemos planeado e imaginado mucho, pero el espacio sigue siendo el mismo. El arte y la cultura empiezan a entrar poco a poco. Seguimos batallando para despojar a Los Pinos de la vibra que lo rodea. Nuestro objetivo es redignificar y resignificar el espacio. Todavía hay muebles, de los pocos que dejaron, que exhiben la forma tan absurda en la que creció el lugar. No sé si hubo desinterés o fue porque sabían que era un sitio muy privado, pero lo cierto es que predomina el mal gusto. Pero bueno, vamos en camino de hacerlo más accesible y sobre todo con el propósito de que no haya vuelta atrás.

¿Se llevaron todo?

Prácticamente, hay cosas, pero en mal estado. Angélica Rivera se construyó una mansión completa. Horrible y nueva. En el techo todavía se ven los cables sueltos de las lámparas que se llevaron. Dejaron absolutamente vacía la casa. El edificio donde estamos (Guardias presidenciales), lo construyó Nuño y aquí despachaba a pesar de que no les hacía falta y de que él tenía su oficina en la SEP. Era un negociazo construir aquí adentro.

A más de un año de su apertura, ¿qué promedio de asistencia tiene?

Semanalmente vendrán entre cincuenta y cien mil personas. La programación infantil generada en colaboración con Alas y Raíces ha sido bien recibida. Desde el principio descubrimos que la música ayudaba mucho a superar el shock que supone venir aquí. La Cabaña Fox ya empieza a tener un carácter de museo.

Los próximos 22 y 23 de febrero tendrán unas jornadas de inclusión, pero precisamente en este renglón le faltan condiciones al espacio, ¿no?

Sabemos que no es fácil el acceso para la gente con alguna discapacidad. Hay que caminar bastante y las condiciones no son las óptimas. La idea de estas jornadas es abrir un foro para esta comunidad. En México existen alrededor de nueve millones de personas con alguna discapacidad y Los Pinos como parte de una red de cultura pública tiene la responsabilidad de ofrecer condiciones y actividades en ese sentido. El objetivo de la jornada es crear conciencia entre todos. Nos falta ser empáticos con estos temas.

En un porcentaje de 0 a 100, ¿qué tan apto está Los Pinos para atender a la gente con alguna discapacidad?

Hay algunas rampas o adecuaciones, pero son mínimas. Diría que está en un 70%. El problema es el adoquín, la falta de puertas y accesos. No todas las casas están pensadas en estos términos. Ahora estamos a punto de empezar con el proyecto Gran Chapultepec y las obras aquí serán de limpieza y apertura.

¿En lo concreto y visible cómo impactará el proyecto Gran Chapultepec?

Vamos a ser muy cuidadosos a fin de que las obras no afecten el disfrute del complejo. Habrá un puente que saldrá de Plaza Madero hacía el Cárcamo, lo diseña Benjamín Romano. Será de doce metros de ancho y sin escalones, nos unirá con la Segunda Sección. Optimizaremos el estacionamiento para que se pueda entrar por Parque Lira. Quitaremos bodegas y estudios que tapan el acueducto original del siglo XVIII y XIX y que hasta ahora no se ha visto. La cancha de tenis se adaptará para conciertos techados. El sexenio pasado cambiaron muchas de las especies botánicas de los jardines y algunas al ser muy exóticas erosionaron el suelo. En colaboración con la UNAM pretendemos mejorarlo. La Casa Lázaro Cárdenas será un museo de sitio con guion del historiador Salvador Rueda. El Molino del Rey, un edificio del siglo XVI, será el Museo del Maíz a cargo de Óscar Hagerman.

Una de las primeras acciones de este gobierno fue abrir Los Pinos al ciudadano de a pie. ¿En términos de política cultural que tan prioritario es el complejo?

Es un estandarte de este gobierno y ha sido muy popular. Pero para la Secretaría de Cultura lo más importante es la cultura comunitaria. Nosotros realmente no tenemos mucho presupuesto. Lo hemos optimizado gracias a las colaboraciones con Alas y Raíces, IMCINE o el CENART, esto nos permite programar sin gastar tanto.

¿Cuál es el presupuesto del Complejo Cultural Los Pinos para este año?

Sesenta millones de pesos.

¿Y alcanza?

Estamos haciendo el esfuerzo.

El año pasado en principio se dijo que aquí sería la Feria del Libro de Remate…

Tendremos muchas actividades de literatura. En colaboración con el Fondo de Cultura Económica haremos el Tendido de libros que fue muy exitoso el año pasado. Cerramos una colaboración con la Coordinación Nacional de Literatura. El último domingo de cada mes vendrán poetas a declamar al Salón Carranza. Este año tendremos cerca de 150 actividades literarias. La Feria de Remate sin embargo, no la tenemos programada.

¿Cómo te gustaría ver a Los Pinos en un año y al término del sexenio?

Necesitamos diseñar un modelo donde toda la sociedad tenga participación. Los Pinos no es museo y es un lugar poco común. Tenemos la posibilidad de armar algo desde cero y tender conexiones con diferentes instituciones. Me lo imagino también como un centro de estudios históricos o científicos.

¿Lo que encontraron o rescataron, da para una colección o una biblioteca interesante?

No da absolutamente para nada. Sin embargo, la Casa Anexa que López Portillo hizo para su madre, tiene las características idóneas para ser una biblioteca. Ya vino Max Arriega y lo estamos pensando. Imagínate, hasta la biblioteca de la casa Miguel Alemán estaba incompleta. Sobre las obras de arte no sabemos todavía si las que dejaron son auténticas, otras no tienen relevancia. Nuestra joya es un Siqueiros de Carranza, pero lo que hay no da para un acervo.

 

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