Detalle noticias
Enrique González, un humanista de 90 años que se encuentra entre la lectura y el silencio
Político, diplomático, escritor, humanista, apasionado de la historia y editor. Enrique González Pedrero (1930) ha hecho de la palabra oral y escrita la principal forma de expresar sus conocimientos y sus pasiones. Pero ahora, en la antesala de sus 90 años, que cumplirá el 7 de abril, privilegia el silencio y la lectura “como una manera de estar conmigo mismo”.
Serio, de hablar pausado y siempre buscando la palabra exacta, el egresado de Derecho por la UNAM confiesa que “cuando uno es joven la vida es un proyecto, cuando se llega a la madurez la vida es la realización del proyecto y en la vejez llega la etapa de observar y callar”.
En la sala de su casa de la colonia Florida, rodeado de libros, obras de arte, discos y fotografías, quien estudió sociología, economía y ciencia política en la Sorbona de París dice que ha descubierto el valor del silencio.
Es también un modus vivendi. Así como de muchacho traté de aprender a expresarme oralmente y por escrito, ahora estoy aprendiendo el arte de callar, porque creo que lo fundamental, lo que tenía que decir, ya está dicho”, afirma.
El catedrático de la UNAM desde 1955 que también fue senador, secretario general del PRI, gobernador de Tabasco, su estado natal, y diputado por el PRD, entre otros cargos, aclara que ahora ve la política desde lejos.
Ya estoy alejado de la actividad política y más dedicado a la lectura, y eventualmente a la escritura. La veo desde lejos, sigo observando pero ya no formo parte de ella. Esta etapa pasiva es activa en otros menesteres. Pero creo que México es un gran país. Lo único que debemos hacer es coadyuvar para que siga siéndolo permanentemente”, agrega.
El autor de unos 35 libros, 13 traducidos y 40 capítulos en otros títulos, “son más de lo que pensaba”, planea escribir un volumen más, su autobiografía. “Apenas estoy esbozándolo. No lo llamo memorias, porque una amiga me dijo con gracia y certeza que memorias las de Churchil o las de De Gaulle, que las nuestras son recuerdos. De modo que si llego a escribirlo le podré Mis recuerdos”, adelanta.
90 años cumple el próximo 7 de abril este escritor y editor que visita las librerías en busca de novedades
Detalla que empezaría con su infancia en Tabasco. “De aquí tuvimos que salir por razones políticas. Mi padre fue a trabajar a Chilpancingo y después a Acapulco (Guerrero); así que estuvimos un tiempo, lo cual fue muy grato.
El puerto hace más de 80 años era una maravilla, un paraíso. Era muy tranquilo, con la belleza natural que siempre ha tenido; de modo que me aficioné al mar y a nadar. Sigo nadando todos los días”, comparte quien frecuentaba los bailes que los jóvenes organizaban en La Quebrada, pero nunca se aventó.
Mientras pone en orden sus recuerdos, el ex director de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos y de la editorial estatal Fondo de Cultura Económica (FCE) disfruta de la lectura, la música y el cine.
Todo me interesa. Lamentablemente ya no me gusta viajar, antes visitaba muchos museos. Ahora leo más que antes, una vez a la semana recorro las librerías, incluso las de viejo, pero prefiero las nuevas. Quiero estar al tanto de lo que ocurre en la vida contemporánea”, añade.
González Pedrero, quien cada año visita sin falta su natal Tabasco, descarta hacer una fiesta para celebrar sus 90 años. “No es para tanto. Quizá me reúna con amigos o discípulos a comer. Sólo eso”, expresa con una sonrisa.
LITERATURA E HISTORIA
El autor de Filosofía, política y humanismo (1957), La Revolución cubana (1959) y El gran viaje (1961) aclara que la necesidad de expresarse lo llevó a la literatura. “Había ocasiones en que quería escribir lo que había dicho en alguna clase, que me había interesado para desarrollarlo luego. De manera que fui complementando la expresión oral con la escrita, para completar la manera de expresarme”.
Dice que él no llamaría literatura a su ejercicio, sino un modo de narrar distinto al oral. “Lo verbal se lo lleva el viento, lo escrito dura un poco más. Escribir me hizo pensar, observar con más detenimiento, decir lo que la voz no siempre puede”, destaca.
35 libros ha publicado este pensador, además de 13 traducidos y 40 capítulos dentro de otros títulos
En este sentido, se congratula de haber trabajado en el FCE. “Fue una gran fortuna aprender de Arnaldo Orfila y Joaquín Díez-Canedo Manteca. Aquí conocí a buena parte de la clase intelectual de México, a Rulfo, Arreola, Paz, Fuentes. Mi primer trabajo en serio fue éste, empecé a traducir, a escribir solapas o introducciones. Y, sobre todo, traté con gente de primera que de otra manera no hubiera conocido”.
Quien dedicó más de 25 años a confeccionar los tres tomos de País de un solo hombre: el México de Santa Anna, que se publicaron en 1993, 2003 y 2017, admite que además ha sido un apasionado de la historia.
Ésta era parte de mi formación académica; pero la historia universal, sin patria, toda la que tiene que ver con la cultura. Como político fue fundamental conocer la historia, pues en ésta hay muchos ejemplos. El ejemplo siempre enseña y permite sacarles jugo a las comparaciones”, asegura.
Con Santa Anna me interesó descubrir cómo un antihéroe, todo lo contrario de un hombre cabal, valiente, honesto, puede tener éxito. Uno piensa que debe tener éxito alguien con los méritos suficientes para ello, pero al revés resulta extraño. Por eso quise ver qué había hecho posible que durara tanto tiempo en el poder. La realidad de la política me enseñó que los antihéroes tienen éxito”, explica.
El autor de La cuerda floja y La cuerda tensa, quien se casó en 1954 con la escritora cubana-mexicana Julieta Campos (1932-2007), ratifica que otra de sus pasiones fue la docencia, que practicó durante 50 años.
Es vital ayudar a un joven o a un grupo de jóvenes a encontrarse a sí mismos. Es fundamental en la vida saber quién es uno, cuál es su vocación, por qué tiene uno tales y cuáles gustos, conocerse a sí mismo”, indica.
Finalmente, don Enrique confiesa que cree en el destino. “Durante mucho tiempo fui un buen lector de Maquiavelo. Para él, un político requiere de carácter, fortuna o suerte y circunstancias favorables. Es el camino del éxito en la política; pero esto también es válido en la vida. Supongo que estas características me acompañaron en el desempeño de mis cargos políticos. Las tres hacen falta siempre”, concluye.
Otro proyecto querido que atiende es destinar el dinero que obtuvo de la venta de la biblioteca que formó con su esposa Julieta, a la Secretaría de Cultura federal, a la creación de becas “para los estudiantes tabasqueños que lo necesiten”, concluye.