EL LECTOR FURTIVO| Mi libro "liberado"

Una de las iniciativas más interesantes para la promoción de la lectura es la del “libro liberado”; consiste en dejar un libro en un lugar público al alcance de un lector desconocido que puede tomarlo sin el compromiso de devolverlo o de pagarlo, con la invitación de que a su vez pueda compartir el volumen con otro lector también desconocido. Muchas veces pensé llevar a cabo esta iniciativa por mi propia cuenta, así que les anuncio que hice mi primer ejercicio… claro, de forma absolutamente involuntaria. Les cuento la historia:

Siendo mi afán de encontrar materiales de lectura que puedan ser de interés para quien acompaña esta columna, imaginen esta escena feliz: tengo en mi mano izquierda El otoño recorre las islas, la antología de Juan Carlos Becerra –un título clásico de la poesía mexicana del siglo 20- y en la mano derecha tengo La mañana debe seguir gris, escrito por Silvia Molina; este pequeño volumen complementa al primero, ya que la autora nos cuenta una historia de amor protagonizada por dos jóvenes mexicanos en el extranjero, el poeta tabasqueño y ella misma. Entonces tengo la oportunidad de llevar a cabo una lectura comparativa de ambos materiales publicados en la colección Lecturas mexicanas del Fondo de Cultura Económica.

"El otoño recorre las islas" reúne la obra de Juan Carlos Becerra, quien fuera una de las voces líricas más sorprendentes de México, a pesar de la juventud del autor. Por su parte, "La mañana debe seguir gris", de Silvia Molina, cuenta en clave autobiográfica el idilio que la autora viviera con el poeta. La pareja se conoció en Londres. Siendo ella, hija de familia, menor de edad, viviendo en casa de una tía severa que laboraba en el consulado mexicano y Juan Carlos, siendo el novio que la sonsacaba para visitar museos, asistir a conciertos y departir con otros jóvenes mexicanos radicados allá, y por supuesto, para hacer el amor en el departamento que él ocupaba.

Así que yo tenía los dos títulos y podía echar un ojo a uno y a otro como sano ejercicio crítico; cabe obviar que el pequeño volumen escrito por Molina se vuelve interesante precisamente por la relación que guardan con la obra de Becerra, muerto prematuramente en un accidente automovilístico; de hecho, cada capítulo arranca invariablemente con palabras del poeta; pero, como dice Cristina Rivera Garza, “es la escritura de ella la que tiene la última palabra en cada apartado”. 

El asunto triste aquí es que no pude terminar de leer "La mañana debe seguir gris" porque, en una de esas torpezas que uno tiene, lo dejé “liberado” involuntariamente en el transporte urbano… me quedé en la parte en la que la pareja discute porque Juan Carlos quiere que ella deje la casa de su tía, donde su madre la dejó encargada, y se vaya a vivir con él a su departamento -recordemos que son los años sesenta-. Si alguien ha encontrado mi libro, no voy a pedir que me lo devuelva, me daré por bien servido si la persona que lo tiene lo lee y luego me cuenta en qué termina.

 

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