Narran periplo de Kingo Nonaka, el japonés que fue enfermero de Villa

Daniel Salinas Basave habla de su libro El samurái de la Graflex, en el cual cuenta la historia de Nonaka, un japonés que buscaba llegar a Texas, pero se quedó a vivir en Ciudad Juárez, adoptado por una enfermera. Su primer trabajo fue como barrendero hasta llegar a ser parte de la División del Norte. Nonaka curó a Francisco I. Madero de una herida de bala en Casas Grandes, en 1911

Kingo Nonaka aparece en la fotografía de la entrada de Francisco Villa a Torreón, en 1914. Lleva su carrito de enfermero, señala Daniel Salinas.

Durante la Revolución Mexicana era más fácil conseguir armas que vendas o medicamentos, comenta Daniel Salinas Basave (Nuevo León, 1974), a propósito de su libro El samurái de la Graflex, donde narra la historia de Kingo Nonaka, jefe de enfermería de la División del Norte cuya imagen quedó inmortalizada en una de las fotografías más famosas del movimiento armado: la entrada de Francisco Villa a Torreón, en 1914.

“Siempre supe que la mayoría de las fotos de la Tijuana antigua habían sido tomadas por un japonés, pero no sabía mucho de su historia hasta que una vez el director del Archivo Histórico de Tijuana, Gabriel Rivera, me presentó a Genero Nanaka García, hijo de Kingo Nonaka; él fue quien me empezó a platicar detalles de su padre”, narra el autor.

Uno de esos detalles fue que Kingo Nonaka curó a Francisco I. Madero de una herida de bala en Casas Grandes, en 1911. El japonés radicado al norte del país tras su fallido intento de llegar a Texas fue adoptado por una enfermera de nombre Bibiana Cardón, la cual trabajaba en el Hospital Civil y Militar de Ciudad Juárez, donde Nonaka empezó como barrendero y después, gracias a su destreza, aprendió el oficio de enfermería.

“A él lo encuentra Bibiana en la calle, se lo lleva y aprende enfermería de puro observar, tuvo una gran capacidad de aprendizaje porque aprendió oficios que no conocía e incluso, no sabía el idioma español, pasó de ser un adolescente de 17 años completamente solo en México a estar sentado con los máximos jefes de la Revolución Mexicana”, señala Salinas Basave.

En el libro editado por el Fondo de Cultura Económica, el autor narra que Nonaka aparece como personaje secundario en una fotografía icónica de la Revolución ­desempeñando su trabajo como jefe de enfermería de la División del Norte.  

“Quizá sea la imagen más reproducida de la Revolución Mexicana: la entrada de Francisco Villa a Torreón, en 1914, en donde el caudillo se ve con el caballo ligeramente ladeado con la sombra sobre la tierra y a su lado derecho se ve a Nonaka en su carrito de enfermero”, señala.

Este personaje después de ser jefe de enfermería en el Hospital de Ciudad de Juárez, pidió un día de descanso para visitar a un amigo y en el camino vio un enfrentamiento que dejó varios heridos, entre ellos (y sin saber de quién se trataba) Pancho Villa. A partir de ese momento, El Centauro del Norte le pidió unirse a sus tropas como enfermero.

En su libro, Salinas Basave reflexiona sobre los heridos de la Revolución. “Siempre se deja de lado o queda oculta la historia del enfermero de guerra o del médico de guerra. La realidad es que la enfermería de guerra es algo en la historia de la humanidad muy reciente, el hombre aprendió a herir pero no a curar”, comenta.

Los primeros cuerpos de rescate de enfermería formales nacen en la Guerra de Crimea, en 1856, indica el autor.

“Es cuando se consagra Florence Nightingale, la madrina de las enfermeras, pero estamos hablando que durante milenios y siglos de guerra en la humanidad no había enfermería. A veces quienes amputaban los miembros eran los carniceros porque eran los que sabían cómo cortar huesos, pero no eran gente capacitada”, expresa.

Paradójicamente, añade el autor, aunque existe la idea de que Pancho Villa fue un general bronco, impulsivo y caótico, la División del Norte tuvo un hospital militar ambulante.

“Francisco Villa habilitó todo un tren como hospital, los vagones eran salas de recuperación y cirugía, esa es una historia que se cuenta muy poco. Nonaka fue jefe de enfermeros de Pancho Villa, el jefe de los médicos fue el regiomontano Andrés Villareal. Era todo un hospital sobre ruedas. Los ejércitos estaban entrenados para conseguir armas, pero no medicinas, porque era en lo último que pensaban. Nonaka batalló mucho para surtir su botiquín”, narra.

Otro episodio que narra Salinas Basave es cuando Nonaka sacó el cadáver de Rodolfo Fierro de la Laguna de Casas Grandes. “Él había sido buscador de perlas en Japón, entonces Pancho Villa lo comisionó para que se sumergiera en la laguna y sacara el cadáver del matón más sanguinario de la Revolución Mexicana”, comenta Salinas Basave.

—¿Cómo definiría la personalidad de Nonako?

—Su vida fue una especie de montaña rusa, porque cuando parece que está sepultado en vida, hay un giro intempestivo. También aprendió un nuevo oficio como es la fotografía, invirtió en comprar una cámara Graflex y se pregunta: si nadie revela fotos en Tijuana, ¿por qué no empezarlo a hacer?

Toda migración es un gran huracán de destinos, un gran tornado de almas donde muchas se pierden en el camino. Este libro es un homenaje a todos los migrantes y a las grandes diásporas que hay y sigue habiendo en este mundo.

 

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