GOLFA

GOLFA

La perra de tu madre me llama golfa
porque sabe que he tenido más amantes
que zapatos en el clóset.

Tu madre me insulta cada vez
que vamos a comer a su casa,
los domingos.
A veces, condescendiente,
me da consejos de cocina,
como para advertir
que la pasta puede quedarme cruda
o el arroz quemado. ‘Los hombres no viven de poemas, a ver cuándo dejas de escribir
y me das un nieto’, sentencia frecuente
tu madre ignorante,
embarazada a los veintidós años,
de ti y de tu hermano mantenido
y probablemente sea homosexual.

Tu madre no entiende
que no quiero embarazarme
de un hombre como tú: un bueno para nada
que me insulta cuando está borracho.
No, no quiero cargar en mi vientre
al hijo del hijo mentiroso y holgazán
que fuiste, que eres.

Tu madre me llama ‘puta’
cuando me doy vuelta,
te cierro la puerta en la cara
y huyo para que no me alcances,
para que no me ahorques y me llames ‘puta’
por no preferirte de entre todos
los hombres que conozco. No,
no eres de mí, la descendencia
triste, de la semilla,
que nació muerta,
como muerta prefiere verme
la perra de tu madre.

-Zel Cabrera

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