El diablo y Cervantes

“Hasta hace algunas guerras, Satanás fue el principal responsable de casi todos nuestro males y, cómo negarlo, de muchas de nuestras aventuras. El escurridizo ángel caído se adjudicaba epidemias, promovía revueltas, comerciaba con lo trascendente y a menudo patrocinaba las artes. Si era invocado por escritores, favorecía la lucidez y la perdición; si por príncipes, dosificaba el poder terrenal; si por amantes, prometía la voluntad del ser amado. Pero todo tiene un límite: en las postrimerías del siglo XIX Lucifer comprendió que al fin que su mayor destreza estaba en la invisibilidad. Desde entonces su poder es infinito, pues los hombres lo creemos inexistente.”
El diablo y Cervantes.
Ignacio Padilla, Fondo de Cultura Económica

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