Reciben, de a poco, a lectores en Jalisco

Como reza uno de los carteles de la librería tapatía Impronta, “scrollear”, el acto de pasar de un post a otro en el celular, no puede suplir la magia de pasar por los estantes y los pasillos de la librería, leyendo los lomos.

Para fortuna de los amantes de los libros, desde la semana pasada algunas de las librerías de Guadalajara ya abrieron sus puertas para recibir a algunos lectores a la vez, con las medidas sanitarias requeridas por el Gobierno de Jalisco y el Ayuntamiento.

Y aunque otras siguen con las puertas cerradas, o vendiendo por internet, de a poco se empieza a recuperar la experiencia de ir a las librerías.

El Sótano, ubicada en la colonia Chapalita, abrió de manera regular a partir del pasado 3 de junio con todas las medidas de salubridad.

Igualmente, Gandhi, la librería José Luis Martínez, del Fondo de Cultura Económica, así como Gonvill, en la zona de Chapultepec, atienden a compradores, con filtros sanitizantes, toma de temperatura y sin aglomeraciones en el lugar.

La librería Elegante Vagancia, especializada en literatura mexicana y primeras ediciones, por ejemplo, recibe a cinco lectores a la vez desde hace poco más de una semana.

Carlos Ranc, su fundador y director, contó que en este momento, después de tres meses con las ventas bajas y la deuda de la renta acumulándose, el balón está del lado de los compradores.

“La apertura cuando la gente sigue teniendo que quedarse en casa es complicado, afortunadamente nuestro público sigue llamando para preguntar la mejor hora para venir, es como si estuviéramos abriendo con cita”, dijo Ranc.

Su librería es una de las que cuenta con el sticker para poder permanecer abierta.

La librería independiente y editorial Impronta permanecen cerradas y retomarán actividades, según afirmaron sus directores en un comunicado, hasta el primer día de julio.

Mar de Tinta, dirigida por Cristian Zermeño, también abre sus puertas previa cita y dice que aunque sus clientes frecuentes siguen gastando en sus libros, las personas que pueden salir a la calle no están llegando.

Algunas librerías de ejemplares usados han abierto sus puertas con o sin stickers, aunque las ventas no han despegado y se detuvieron porque muchos comerciantes no tuvieron acceso a plataformas digitales y otros espacios de venta, como los tianguis, también cerrados por la pandemia por coronavirus.

César Vargas, de Ítaca, contó que los clientes frecuentes son los que están asistiendo.

“Desde que abrimos los clientes son los que acuden, pero en general la gente casi no entra, cuidando todavía los bolsillos. A mí en particular los clientes y las redes sociales son los que me van haciendo la venta”, dijo.

 

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