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Escribir, por ejemplo
Este mes, el pasado 19 de junio, se cumplieron los diez años de ausencia de una de las grandes figuras de la literatura mexicana y de la crítica social: Carlos Monsiváis.
Más allá de explorar un género literario, lo dominaba. Maestro de la crónica y el ensayo, peculiar antologador, dedicado traductor y autor de innumerables textos de toda índole, Monsiváis dejó un gran legado de pensamiento para las letras mexicanas.
Algo que le distinguía era su dedicación como lector, un ejercicio que incluía perspectivas críticas y acercamientos creativos. En el año 2008, un año antes de su muerte, salió de imprenta el libro Escribir, por ejemplo obra dedicada a su pasión lectora y por la escritura.
El libro se compone de ocho ensayos y dos crónicas que revisan la experiencia como lector de las obras de escritores mexicanos que conforman una extraordinaria tradición literaria en México: Ramón López Velarde, Alfonso Reyes, Julio Torri, Agustín Yañez, José Revueltas, Juan Rulfo, Augusto Monterroso, Rosario Castellanos, Carlos Fuentes y Jaime Sabines.
¿Cómo arranca la carrera y vocación de escritor en la vida de un hombre como López Velarde? Monsiváis es experto en dirigirnos al pasado cuando narra de principio a fin esos acontecimientos que rodean al autor de la Suave patria. Su cercanía con la revolución, sus musas, sus tormentos burocráticos, la ebullición de la provincia, el conservadurismo y una especial naturalidad erótica hacen que López Velarde sea una “adicción perdurable” por varias generaciones en palabras de Monsiváis.
“¿Qué significa México (el término, las realidades, las mitologías) en la obra y la actitud de Alfonso Reyes?” Así da inicio el ensayo que explora los principios del siglo XX, cuando el joven Reyes ya tiene los ojos abiertos a la escritura.
Del saltillense Julio Torri, destaca su perfeccionismo y el temor a burocratizar el ánimo. La fuerza de la ironía y la actitud crítica contrarrevolucionaria acompañan el trayecto de vida literaria que culmina en un gran legado cuentístico para el país.
De igual manera, abriéndose paso con la novela Al filo del agua de Agustín Yáñez, Monsiváis señala que se abren los criterios narrativos, el ritmo y un escenario “en vísperas de la tempestad y demolición de certezas”. Monsiváis se aproxima a la obra de Yáñez de una manera vital y reiterativa.
En 1996, Monsiváis asiste a un recital poético de Jaime Sabines, y la crónica inicia con “si la poesía convoca multitudes no todo está perdido”, y habla de seiscientas sillas ocupadas y unas mil personas de pie que asistieron a escuchar a Sabines.
Como todo lo que se lee de Monsiváis es una lectura fresca, palpitante; y es la manera en que Escribir, por ejemplo apunta a que la tradición de la escritura ligada a la lectura es la gran radiografía de la historia política, social y cultural de nuestro México.