Eliseo Diego en su primera secularidad

El 2 de julio de 1920 nace en La Habana, Eliseo Diego, uno de las figuras fundamentales de la literatura cubana. Nunca voy a olvidar que en mis años de estudiante universitario, en el Instituto Superior Minero Metalúrgico de Moa, cayeron en mis manos dos libros que me ensañarían el justo valor de la poesía.

Dos ejemplares que me mostraron caminos radicalmente opuestos, pero idénticamente prometedores, a la hora de adentrarnos en el oscuro esplendor del lenguaje: Fragmentos a su imán, de José Lezama Lima y En la calzada de Jesús del Monte, de Eliseo Diego. Confieso que en un principio tropecé con el escollo a que ha de enfrentarse cualquier lector no entrenado para la degustación de la palabra poética. Me esforzaba en extraer de los poemas un significado lógico, no olvidemos que por ese entonces era yo un estudiante de ingeniería eléctrica.

Y las palabras de Lezama y Eliseo me resultaban fascinantes, pero yo quería “entender”, arrancarle a aquellos poemas un significado tácito, evidente, incontrastable. Poco a poco me fui dando por vencido y me dejé arrastrar por el sonido de las palabras, que según Dylan Thomas, es lo más importante. Cito de memoria: En la Calzada más bien enorme de Jesús del Monte, / donde la demasiada luz forma otras paredes con el polvo / cansa mi principal costumbre de recordar un nombre / y ya voy figurándome que soy algún portón insomne / que fijamente mira el ruido suave de las sombras / alrededor de las columnas distraídas y grandes en su calma. Con estos versos comienza el libro de Eliseo y no existe otra manera de relacionarse con este texto que no sea dejarse inundar por su ritmo de ensalmo, su tesitura oracular.

Eliseo Diego erige un templo a la cotidianidad citadina y las sombras domésticas. Sabe que en cualquier vuelta de esquina, o en el rincón más apartado de nuestras casas podemos encontrarnos ante el umbral de lo trascendente. Siempre recuerdo su hermosa definición de la poesía como “el acto de atender en toda su pureza”.

Resulta relativamente fácil construir poemas basados en las grandes vicisitudes del espíritu o ganarse el entusiasmo de los lectores con la relatoría de acontecimientos humanos más o menos conmovedores. Lo verdaderamente difícil es mostrar la poesía que se oculta en los espacios, objetos y personas absorbidas por la pátina de lo cotidiano. Sobre este libro ha dicho Mario Benedetti: “Resulta demasiado fácil atribuir solo a la balcanización cultural de nuestros países un hecho tan absurdo como la escasa difusión que Eliseo ha tenido hasta ahora fuera de Cuba. [...]

La simple omisión pasa a convertirse en profunda injusticia si se conoce un libro como En la Calzada de Jesús del Monte (1949), que por cierto no propone una inversión estallante de la realidad ni se adhiere a ninguno de los diversos entusiasmos que con frecuencia embargan a los cronistas literarios de esa misma realidad. En la Calzada de Jesús del Monte es un libro fundamental, ejemplar en más de un sentido, y considero que, en la irradiación a las más jóvenes promociones cubanas, su lección de autenticidad es verdaderamente inapreciable”.

Sin embargo, este hombre de tan aguda capacidad para descifrar los laberintos de la cotidianidad se autodefine de una manera sorprendentemente humilde: “Soy, de oficio, poeta, es decir: un pobre diablo a quien no le queda más remedio que escribir en renglones cortos que se llaman versos. Y lo hago no por vanidad o por el deseo de brillar, o qué sé yo, sino por necesidad, porque no me queda más remedio que escribir estas cosas que se llaman poemas”.

Eliseo Diego fue uno de los fundadores de la Revista Orígenes, junto a Cintio Vitier, Fina García Marruz, Octavio Smith, Agustín Pi, Julián Orbón, Gastón Baquero, Ángel Gaztelu y Virgilio Piñera, entre otros. Esta publicación, que da nombre al grupo del cual forman parte, constituye un paradigmático acto de resistencia cultural, frente a la abulia en que se encontraba sumida la nación durante la etapa republicana.

La filósofa española María Zambrano, fue junto a su coterráneo Juan Ramón Jiménez, una de las intelectuales que supo captar desde muy temprano la impronta de estos escritores. La Zambrano se refiere a Eliseo con palabras que lo definen con extraordinaria lucidez: “Adentrándose en las cosas más humildes, en el polvo, en la pobreza misma, la poesía de Eliseo Diego llega a erigirlas. Mas el alma no erige, sino que recoge; no construye, sino que abraza; no fabrica, sino que sueña. Poesía la de Diego, que resulta tan solo de una simple acción: prestar el alma, la propia y única alma, a las cosas para que en ellas se mantengan en un claro orden, para que encuentren la anchura del espacio y el tiempo, todo el tiempo que necesitan para ser y que en la vida no se les concede”.

En 1983 la Editorial Letras Cubanas publica Poesía (incluye: En la Calzada de Jesús del Monte, Por los extraños pueblos, Versiones, El oscuro esplendor, Muestrario del Mundo o Libro de las Maravillas de Boloña y Los días de tu vida) y Prosas Escogidas (incluye: En las oscuras manos del olvido, Divertimentos, Noticias de la Quimera, las narraciones «Un almacén como otro cualquiera» e «Historia del anticuario», once ensayos y dos conferencias, «Esta tarde nos hemos reunido» y «A través de mi espejo», leídas por primera vez en el Lyceum de La Habana y en la Biblioteca Nacional, respectivamente). Ediciones del Equilibrista, México, publica Veintiséis poemas recientes, con prólogo de García Elío y Gonzalo García Barcha.

En 1986 Eliseo Diego obtiene el Premio Nacional de Literatura por el conjunto de su obra. En junio viaja a Madrid. Ofrece una conferencia en la Asociación de Amistad Hispano-Cubana. En octubre participa en el Primer Encuentro de Poetas del Mundo Latino celebrado en México. Se edita la antología poética Entre la dicha y la tiniebla, preparada por Diego García Elío, Colección Tierra Firme del Fondo de Cultura Económica. Inaugura el ciclo de Literatura Nórdica con una conferencia sobre Hans Christian Andersen. Ofrece una lectura de poemas en el Museo Carrillo Gil a la que asiste, entre otros, Gabriel García Márquez. Al ser entrevistado por los periodistas sobre Eliseo, García Márquez dijo «es uno de los poetas más grandes de la Lengua».

En 1990 se publica en México, en Siglo Veintiuno Editores, Cuatro de Oros, último libro de poemas de Eliseo (posteriormente, en noviembre de 1993, aparece La sed de lo perdido, antología poética de Eliseo que incluye poemas inéditos). Cuatro de Oros incluye el Cuadernillo de Bella sola, publicado por Letras Cubanas en edición aparte con ilustraciones de Pablo Borges.

En 1992 se publica en Venezuela, en la Biblioteca Ayacucho, Poesía y Prosa Selecta. Eliseo recibe, en Bogotá, el Doctorado Honoris Causa de la Universidad del Valle en Cali, Colombia. Participa en la II Feria Internacional del Libro de Bogotá. Segundo viaje a Asturias, con su hija Josefina. Van a Segovia y Ávila. Imparte una conferencia en la Residencia de Estudiantes en Madrid. Se encuentra con Gastón Baquero, después de una separación de más de treinta años. Realiza una lectura de sus poemas en la Universidad de Oviedo. Ese propio año la Universidad del Valle, en Cali, Colombia, le otorgó el Doctorado Honoris Causa. En 1993 recibió Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo.

El 1 de marzo de 1994 fallece en México, a consecuencia de un infarto del miocardio vinculado a un edema pulmonar agudo. El 3 de marzo son trasladados sus restos a Cuba. Octavio Paz, escritor mexicano, Premio Nobel de Literatura, al enterarse de la triste noticia, dijo: “solo faltaba la muerte a Eliseo Diego para convertirse en leyenda de la Literatura Latinoamericana”. El viernes 4 de marzo es enterrado en el Cementerio de Colón, muy cerca de la tumba de su amigo José Lezama Lima.

En este centenario de Eliseo Diego, es muy apropiado recordar las palabras que le dedicara su amigo de toda la vida y exégeta por antonomasia del grupo Orígenes, Cintio Vitier: “Muchos son, ya se ve, los méritos de Eliseo. Su mérito mayor, sin embargo, es no haberse envanecido nunca de sus méritos, y haberse declarado siempre un simple artesano de la palabra, alguien que hace poemas como otros hacen muebles o zapatos, pero eso sí, con la infinita atención, delicadeza y esmero con que debieran trabajar todos los artesanos y todos los hombres.

Su lección de humildad es al mismo tiempo una lección de responsabilidad. Su culto de la forma es su mayor culto a la patria y a los héroes. En ninguna página salida de sus manos hallaremos nunca una gota de chapucería. Todas las páginas que han salido de su corazón y de sus manos, y con ellas el poeta mismo, constituyen un orgullo para quien tuvo el privilegio de iniciarse con él en la aventura de las letras, desde las aulas escolares”.

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