Miguel Ildefonso: El confinamiento es un requisito para los poetas (entrevista)

El martes 30 de junio, cuando terminó la cuarentena en el Perú, el bardo limeño Miguel Ildefonso ponía punto final a un nuevo libro de largo aliento.

Acota: no se trata de un nuevo poemario o una novela, los géneros literarios donde ha trabajado con mayor persistencia creativa. Es uno de ensayo. La cuarentena por el coronavirus le ha ayudado a aguzar la mirada. “Lo tenía un poco postergado (el trabajo de ensayista), pero estar en recogimiento da para reflexionar muchas cosas”, cuenta.

Laureles y confinamiento

También durante el confinamiento social obligatorio llegaron nuevos laureles para su obra. Esta vez desde Centro América. El 20 de abril, le otorgaban el primer lugar del Premio Hispanoamericano de Poesía de San Salvador, por Un poema para Emily Dickinson. Significaba su consagración a ambos lados del charco.

Curiosamente, la poeta norteamericana del XIX ha vuelto a la boca de todos porque fue la pionera del confinamiento, la poeta del claustro: gran parte de su vida la vivió en su casa de campo, dedicada a la poesía y a alimentar su herbario.

Por el covid-19, Ildefonso ha tenido que postergar el viaje a la capital salvadoreña. El libro, que escribió el año pasado, también lo iba a presentar en España, donde lo esperaba un tour de lecturas.  

Ahora, mientras espera que Un poema… se edite en ultramar y reagenda los viajes, conversamos con el poeta sobre los talleres, que dirige desde hace buen tiempo; ahora, por vez primera, vía Zoom.

-¿Se puede trasladar el amor por la poesía a un taller virtual?

-La poesía es un texto breve que concentra muchas cosas y se presta para todo tipo de experiencias. Además, en estos tiempos, tiene que renovarse. Hoy se comparte otro tipo de intimidad y, en la poesía, la voz más interior es importante para poder expresarla y analizarla. Un taller se define por compartir criterios, aprender técnicas al servicio de la escritura, pero también ese lenguaje interior que estamos elaborando. Nos escuchamos, nos leemos. Eso ayuda a afinar.

-Hoy, cuando cargamos con nuestros muertos, enfermos y el miedo a salir, ¿es, paradójicamente, un buen momento para la inspiración poética?

-Los que escribimos Literatura practicamos un arte muy solitario. El confinamiento es un requisito para nosotros. En mi caso, es necesario estar con un tipo de silencio, no necesariamente del “no sonido”. Porque (el silencio) crea un estado de recogimiento, de reflexión necesaria para construir las palabras, los hechos. Hablando de la mecánica que vivimos desde hace más de tres meses, al estar obligados a estar en casa, ha permitido, a todos a encontrarse consigo mismos y preguntarse qué pasa con el mundo, qué es la vida. Son temas profundos que en la vida cotidiana, mucha gente no se hace y los escritores trabajamos con esos temas y reflexiones.

-¿Al ser algo tan íntimo, se puede escribir colectivamente un poema?

-Como ejercicio, hay de todo. Puede resultar algo interesante, también. Creo mucho que uno, en un determinado contexto, vuelca algo que tiene que ver con ese contexto. En este caso, en el taller, cada quien escribe su texto y trabajaremos el tema en común, pero cada participante aporta desde su propia individualidad. Ahí vamos encontrándonos, asimilando, marcando diferencias, poniendo nuestras voces. La poesía es siempre la comprensión y la visión del otro; es entender las diferencias y que éstas no sean distancias insalvables.

-¿Y de un taller pueden emerger los poetas profesionales?

-Se dice profesional cuando uno ha publicado un libro o dos. Mucho más si ha tenido buenos reconocimientos, buena recepción de los lectores, de ciertos medios culturales. Realizo talleres desde hace mucho tiempo y sí, hay poetas, hombres y mujeres, que ya destacan, algunos con voces muy bien cuajadas, en la agenda cultural del Perú y de afuera. Yo me considero como un productor musical, que son importantes porque definen, marcan un estilo y saben cómo proyectar al público. Y, a veces, meten ahí su arte personal. Es un trabajo invisible.

A sus 50 años, Miguel Ildefonso es un autor prolijo: quince poemarios, seis novelas, amén de diversas antologías. El año pasado, editó Esquirlas, un conjunto de poemas que tuvo bastante acogida, a pesar de las adversidades del mercado editorial.

-Se habla de la sociedad chilena, como una sociedad de poetas; y la peruana, como una de narradores. ¿Cuál es tu mirada sobre nuestra sociedad y su relación con los poetas?

-Chile tuvo la primera Nobel de Literatura mujer, Gabriela Mistral. Allá dan mucho apoyo en general a las artes. Yo he estado en Chile como cinco veces y, a veces, pienso que soy el Lucho Barrios de la poesía. Me quieren bastante y me han apoyado. Y conozco a muy buenos poetas. Chile y Perú nos damos en poetas jóvenes. Pero, en la traición, yo creo que el Perú lo supera. Vallejo nomás es una potencia mundial. Pero aquí no hay el apoyo estatal y de todo tipo. Hay una visión reducida. En provincias, hay últimas generaciones muy importantes de poetas. Los conozco. Tenemos una riqueza poética y falta un poquito de “swing” para que haya más dinero, porque hay libros, buen trabajo y buenas voces.

-Pero tampoco los grandes sellos comerciales ven a la poesía. Es un bello patito feo…

-Eso con el tiempo se ha incrementado. La narrativa sí pertenece a una industria editorial. En cambio, la poesía es artesanal, de voz a voz, del rumor, del amor incondicional. Ya estoy acostumbrado a fajármela solo. Y en las librerías, la poesía siempre está relegada en un rinconcito, donde pocos lectores llegan. En un lugar que conozco hace décadas, ya no puedo vender mis libros porque todo lo ocupan los best seller y la narrativa. Por eso los poetas han creado sus propios medios de difusión. Ahora son poetas de las redes. Yo estoy a medias conectado porque las redes tienen sus cosas buenas y malas. Pero son importantes para lo que tenemos los poetas.

Datos:

-El taller que inicia esta semana, tiene el respaldo del Fondo de Cultura Económica. Informes: talleres@fceperu.com.pe. Teléfono: 991744518.

-Con Esquirlas (2019), su poemario más reciente, Ildefonso inicia “una línea nueva” de lo que venía escribiendo.

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