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Víctor Ruiz: "Los escritores ahora compiten contra Netflix"
José Vadillo
Tiempos de incertidumbres, del covid-19, y con la mirada aguzada como lector formado en las aulas villarrealinas, Víctor Ruiz Velazco, editor del sello Planeta Perú, hace un balance del mercado editorial local. Explica por qué esta apuesta por los libros de no ficción de los últimos años, entre ellos los de crónica periodística. El mercado, comenta, ha cambiado mucho en el último quinquenio, la irrupción de las grandes series y películas vía streaming es algo que deben considerar los escritores de ficción. Tome nota.
-¿Atraviesa un buen momento la crónica periodística en el país?
-Sí. Y creo que es consecuencia de lo hecho por gente como Julio Villanueva Chang y el equipo que conformó en la revista Etiqueta Negra. Hizo escuela y sacó a los mejores exponentes de lo que se llama “la nueva crónica” en el país; gente como Joseph Zárate, Juan Manuel Robles, Marco Avilés, Daniel Titinger, Gabriela Wiener.
-Ahora la crónica encuentra un nuevo espacio en los libros.
-Como existen pocas revistas y no hay diarios que apuesten por el género, los libros son el lugar natural de estos textos. En los últimos años, hemos visto publicar a un gran número de cronistas, hombres y mujeres.
-¿Cómo responden el mercado internacional a libros de crónica escritos en el Perú?
-Los libros que hemos publicado en Planeta Perú son muy locales. Esa es la característica y los limita un poco. Por ejemplo, Lima Freak, de Juan Manuel Robles, por más que el texto sobre Cromwell Gálvez se use en muchas universidades de América Latina como modelo para escribir crónicas, no deja de formar parte de un conjunto de personalidades locales que hacen al libro menos atractivo para las otras sedes de Planeta. Sin embargo, estamos por publicar el primer libro de Villanueva Chang (Mariposas y murciélagos). Creo que ese libro podría interesar también en Colombia, Chile y otros países donde él es reconocido. En cambio, Vizcarra, de Martín Riepl, por más que se trata de un perfil sobre un presidente importante para la región, no deja de ser local.
-¿Es un demérito abordar personales locales?
-No lo veo así. Es parte de una oferta que se está dando, que antes no existía aquí. Los libros coyunturales, que intentan respirar en la nuca de los lectores, sí existían en Colombia, Chile, España. Por ejemplo, en Argentina el libro La final de nuestras vidas, sobre la final de la Copa Libertadores 2018 entre River Plate y Boca Juniors, apareció semanas después de los hechos. Los periodistas se están acoplando a estos nuevos formatos y eso tiene mucho valor. Martín Riepl, por ejemplo, escribió su libro en tres o cuatro meses. Lo valioso de un periodista que ha investigado es que te soluciona muchos problemas con la experiencia que tiene. Al final de cuentas, estos proyectos son productos culturales.
-¿Qué cambios se dan en el mercado editorial local?
-El comportamiento del público ha cambiado. Por ejemplo, siempre se creyó que una novela vendía más que un libro de cuentos. Y, en la actualidad, la ficción no se está vendiendo como hace una década. Desde la aparición de todas estas plataformas que hicieron de la tele la posibilidad de ver estas ficciones, que en muchos casos son geniales, sin duda, hacen palidecer a la ficción que uno podría encontrar en un libro. Para un grupo de gente que leía para entretenerse, probablemente las nuevas tecnologías les resultan más gratificantes. La tarea de los creadores es entender que ahora compiten contra Netflix. El cine se ha nutrido de la novela y no veo por qué en este momento (de gran oferta vía streaming) no vaya a suceder lo mismo. Sobre todo, cuando la novela peruana y el establishment local casi siempre son un ejercicio burgués.
-¿La situación actual del mercado, te ha dado alguna libertad o ha sido un corsé?
-Como editor, me permite pensar en libros verdaderamente importantes sin reparar en el género, como los cuentos de Cristhian Briceño o los de Richard Parra, por ejemplo. Es decir, tenemos la posibilidad de adaptarnos. Y claramente la demanda por libros de “no ficción” es mucho más grande que los de ficción. Es un espectro muy amplio que incluye desde libros de autoayuda hasta crónicas.
-Netflix va para los 10 años en América Latina, ¿consideras entonces que cambió mucho de la industria editorial?
-A partir del 2013 estuvo muy fuerte lo de Netflix. Creo que en los últimos 4 o 5 años la industria editorial ha cambiado mucho. Existe un público que se ha diversificado, que es importante para una editorial porque lleva a no pensar esquemáticamente, no solo responder a una demanda, sino también apostar. Hoy la democratización más importante es en cuanto a los contenidos. El catálogo de Planeta es una cosa muy distinta a lo que era hace una década. Se tiene que adaptar a los tiempos.
-¿Basta que un libro sea escrito genialmente?
-No siempre, lamentablemente. Si un libro escrito con genialidad no comunica, no se vende bien; si tiene una mala portada, un mal título, no llegará.
-En tiempos de la pandemia se está hablando, finalmente, de un crecimiento de la venta de libros digitales en el país. ¿Cómo ves ese tema?
-La mayoría de las editoriales está tomando lo que puede, pero solo el 1% de las ventas totales de los libros las representa el digital. Claramente, han crecido las ventas por la pandemia, pero debemos de seguir apostando por el libro físico. Como la relación es tan desigual, las empresas no están haciendo campañas de marketing para un libro digital. Están esperando otro momento para lanzar sus promociones, porque anularía al libro físico. Independiente que trabaje en una editorial grande, conozco el tema y prefiero esperar (que pase la pandemia).
-Las librerías están reabriendo sus puertas y el delivery de libros parece una luz de esperanza para las ventas de los libros físicos…
-El delivery representa solo el 10% o 15% de lo que se vendía antes. Las editoriales no están apostando por nuevos productos. Están promocionando los libros que fueron publicados tal vez una semana antes de que se inicie la cuarentena. Son libros que se salieron de la imprenta cuando empezó todo y ahora los están sacando para medir el impacto que puede tener un libro impreso (en medio de la emergencia sanitaria). Cuando hagan números, recién verán qué estrategia tomar.
-Dictarás un taller de periodismo literario. ¿Se puede enseñar a escribir crónicas?
-Leyendo te das cuenta que existe cierta mecánica en la escritura. Hay formas que te remiten a imágenes en tu cerebro; hay disparadores que, si son usados con inteligencia, pueden ocasionr en el lector imágenes. Los buenos cronistas utilizan esta cosa maravillosa llamada Literatura para contarles algo que no es ficción; algo que debe de ser o puede ser demostrable.
-Entonces, aprendiendo esas técnicas, esos “disparadores”, uno puede escribir crónicas…
-Creo que se puede enseñar a escribir, pero no a mirar. Puedes, tal vez, guiar a alguien para que afile esa mirada, pero para que sepa mirar, tiene que haber un bagaje cultural, experiencias vividas, mientras más bagaje tengas entiendes más esos códigos, esos activadores. Lo que busco en un taller de crónicas es leer a los cronistas más importantes de los últimos años, interpelar esos textos y descubrir por qué los pusieron de una manera y no de otra. A partir de esos ejercicios interpretativos se aprenderán algunos mecanismos sobre cómo opera el texto. Y si no te lleva a ser un gran escritor de crónicas, por lo menos te llevará a ser un gran lector.
Dato:
-Víctor Ruiz dictará este mes un taller de crónicas con el Fondo de Cultura Económica. Informes: talleres@fceperu.com.pe. Teléfono: 991744518.