Detalle noticias
Roger Bartra: «Si no conectamos la cultura con la biología no descubriremos cómo funciona la concien
Durante el exilio español de 1936 a 1950 llegaron a México poco más de 20.400 españoles, muchos de ellos provenientes de Cataluña. Su influencia se reflejó en los ámbitos de las artes, las letras, los centros de educación superior y en la sociedad mexicana. Entre esos miles de españoles vinieron la periodista Anna Murià y el poeta Agustí Bartra, que se establecieron en México en agosto de 1941. Un año más tarde nacería Roger Bartra Murià en la Ciudad de México.
El profesor Bartra se define como un típico hijo de la República que perdió ante el fascismo franquista, con la peculiaridad de ser bicultural, de tener dos lenguas; también se reconoce al mismo tiempo como latinoamericano y como europeo, aunque detesta los nacionalismos. Su lengua materna es el catalán, es parte de su herencia y también de su educación.
Roger Bartra se licenció en la Escuela Nacional de Antropología e Historia en 1967. Cursó estudios de maestría en ciencias antropológicas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y se doctoró en sociología en la Sorbona de París. Desde 1971 forma parte del cuerpo académico del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.
Para la entrevista con Método nos recibe en su cubículo situado en el Instituto de Investigaciones Sociales en la ciudad universitaria de la capital del país, unos días antes del cierre por tiempo indefinido de las instalaciones a raíz de la pandemia de COVID- 19.
La entrevista se centra en las reflexiones sobre el efecto placebo y la conciencia artificial que plasma en su libro más reciente, titulado Chamanes y robots (Anagrama, 2.019). Explica que surgió desde una obra anterior titulada Antropología del cerebro (Fondo de Cultura Económica, 2007) en la que realiza un viaje antropológico en el interior del cráneo en busca de la conciencia. Actualmente, sus estudios se enfocan en las redes neuronales y la condición neurobiológica de los humanos y su entorno cultural. La hipótesis de su viaje se basa en la idea de que la conciencia no está cerrada al cerebro como un órgano, sino que reconoce los exocervells, que representan todo lo que se construye de manera externa al cráneo producto del ambiente, de otros seres humanos y de las interacciones sociales y con otros seres biológicos que generan transformaciones y cambios.
Encontramos cada vez problemas más complejos y para solucionarlos se requiere un pensamiento integral y más claro. Se esperaría transitar por cruces más naturales entre las disciplinas?
Parto de la idea de que si queremos resolver cualquier problema, hay que utilizar todas las herramientas disponibles vengan de donde vengan. Si pertenecen a las ciencias naturales, la física, la astronomía, la antropología, la sociología o la economía, eso no importa. Esto choca con la administración académica, que se basa en compartimentos separados donde se siguen diferentes tradiciones.
En su obra habla sobre las necesidades para que exista la conciencia humana, cuáles serían las necesidades para que exista la conciencia robótica?
Hago una analogía. La conciencia humana se da en el momento en que los primeros humanos como los homínidos acuden a prótesis externas, no sólo físicas, sino sobre todo de índole simbólica. Para orientarse necesitaban símbolos, y estos primeros símbolos originaron el habla y elementos simbólicos para señalar lugares, etcétera. Aquí se da, digamos, eso que llamo exocervell, Producto de un proceso natural, complejo y gradual, no por alientos divinos o por algún dios. Pero en el caso de la inteligencia artificial y de los robots, aquí sí hay un dios que somos nosotros, los que los construimos. Es una diferencia muy grande porque aquí estamos en el territorio de la artificialidad, es decir, de lo que podemos construir -Imagino primero y construir después- para convertirnos en los dioses capaces de insuflar alma a una máquina y convertir -la de objeto en sujeto. Entonces tomo el ejemplo del exocervell y una de las formas puede ser construir un robot que sea capaz de generar un exocervell, con capacidad de generar un proto-yo. Aquí especulo y considero que estas realidades externas a la máquina que se está convirtiendo en sujeto pueden ser de naturaleza mecánica pero también podríamos ser nosotros mismos. Otro ejemplo, hablando de los videojuegos, podría ser la posibilidad de que conseguimos tal sofisticación y tal inteligencia que nos convierta en la prótesis humana biológica de una inteligencia artificial pegada al videojuego. El hecho es que, si no hay esta conexión entre esto interno del cerebro, sea lo que sea que controle una máquina, y algo externo, como un medio social y cultural, es muy difícil que surja esta singularidad que sería la conciencia artificial .
¿Qué es la conciencia?
La conciencia es básicamente información que, por tanto, se puede pasar de un medio biológico a un medio mecánico o artificial. Aquí no habría propiamente la creación de una inteligencia artificial para que verdaderamente sería la conciencia crecida en un medio natural trasplantada a otro lugar. Se ha especulado mucho sobre esto, existe toda una corriente de los transhumanista y los posthumanistes que piensan en estos términos. Se generaría una máquina con conciencia pero exportada a un medio mecánico.
¿Qué puede compartir sobre la investigación o la ingeniería de conciencias artificiales?
Es una apuesta muy viva que funciona, por supuesto, en la imaginación, en la literatura, en el arte, en la ciencia ficción, pero también de una manera muy poderosa en los campos de la ingeniería dedicada a construir máquinas inteligentes · inteligentes. Hacia allá vamos. La punta en investigaciones y desarrollo de tecnologías la llevan las grandes corporaciones como Google, que han creado casos de inteligencia artificial sumamente sofisticada como las máquinas que juegan. Considero que se ha conseguido algo realmente muy importante, que es tener máquinas con mayor capacidad de memoria que los humanos desde hace muchos años. El progreso más importante es que se ha dado un salto en la programación de máquinas que son capaces de aprender solas. También considero que el aprendizaje profundo ha sido una auténtica revolución que se está aplicando en todas partes, incluso la policía lo usa para reconocimiento facial o los médicos, que pueden determinar cáncer en la piel con un teléfono móvil. Es decir, sí tenemos elementos de autonomía. En definitiva, estamos entrando en un mundo nuevo, aunque estamos en una etapa muy primitiva todavía. Pero ya están los elementos de estas máquinas a las que intentan colocarles una prótesis externa que les ayude.
Ana Claudia Nepote. Profesora a tiempo completo del área de Comunicación Social en la Universidad Nacional Autónoma de México campus Morelia. Integrante de la Red Mexicana de Periodistas de Ciencia, AC