¿Por qué la CDMX trata de olvidar a Hernán Cortés?

Los disgustos no abandonaron a Hernán Cortés en la víspera de su muerte. Cuenta José Luis Martínez, su gran biógrafo, que la mañana del 2 de diciembre de 1547, el conquistador estalló en ira cuando su hijo mayor, Luis, le comunicó su intención de casarse con Guiomar Vázquez de Escobar, sobrina de un viejo enemigo cortesiano.

La disentería había entristecido la figura de aquel hombre que una mañana de verano conoció la grandeza de Tenochtitlan. De inmediato, Cortés, Marqués del Valle de Oaxaca, mandó llamar a un escribano para que asentara su deseo de desheredar a su primogénito.

Aquel mismo viernes, en la casa de un amigo en Castilleja de la Cuesta, España, don Hernán murió. Tenía 62 años de edad. En su agonía alcanzó a balbucear: “Mendoza…no…emperador…te…te…lo prometo…once de noviembre… mil quinientos cuarenta y cuatro…” Nadie ha podido interpretar aquellas palabras de delirio.

Cuando la memoria colectiva trata de olvidar  

El periodo de la Nueva España es uno de los que han sido tachados, borroneados y enmendados con más furia por la memoria colectiva en México, según refirió alguna vez el mismo Octavio Paz, es una época que, dice el escritor y poeta, los mexicanos tratan de olvidar o negar de su pasado social.

Uno de los nombres que se ha querido escribir con tinta invisible es el de Hernán Cortés, iniciador de esos 300 años de Conquista. 

En eventos de aniversarios, que culminarán en 2021 al cumplirse cinco siglos de la caída de México-Tenochtitlan, llama la atención la ausencia de este nombre y su figura en el espacio público de la Ciudad de México. No hay para el celoso extremeño, como lo llamó Cervantes, una avenida, colonia o estatua que lo reconozca; sólo una calle..

El doctor Javier Rico Moreno, profesor del Colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, habla con EL UNIVERSAL sobre esta ausencia cortesiana y su significado.

Asegura: “la nomenclatura de la Ciudad de México vinculada a la historia nacional es producto de una política del pasado, en ocasiones silenciosa. Cada gobierno decide qué acontecimientos y personajes conviene fijar en la memoria de los habitantes; los monumentos y la nomenclatura urbana son un instrumento eficaz.

 “En este sentido, esa política del pasado cobra importancia no sólo por las presencias que se quiere mantener, sino también por las ausencias o los destierros (hechos o personajes que no aparecen en la nomenclatura del centro capitalino, sino de la periferia).

“Se aprecia como algo normal que los gobernantes se identifiquen o exalten las figuras de héroes nacionales asociados a la Independencia, la Reforma o la Revolución. Si algún gobernante se identificara o exaltara a algún personaje relacionado con la Conquista, irremediablemente se juzgaría como un acto de traición a la patria.

“En una política conmemorativa del pasado no tienen cabida los actos dolorosos, las heridas, los ultrajes. Si ya la estatua de Cristóbal Colón ha estado en riesgo, una calle que lleve el nombre de Hernán Cortés se antoja imposible; Octavio Paz lo explicaría de forma contundente: ‘la conquista es una herida que mana sangre todavía’”..

Isabel la Católica, la reina castellana que patrocinó los viajes de Colón, cuenta con una larga vía en su honor que atraviesa el Centro Histórico de la capital. Paralela a ella están las calles de Motolinía y Gante, en recuerdo a estos primeros franciscanos que evangelizaron a los indígenas.

En honor de Cristóbal Colón existen dos monumentos porfirianos en la alcaldía Cuauhtémoc y una calle en por lo menos cinco colonias de la gran urbe. Los gobernantes mexicas Moctezuma y Cuauhtémoc, contemporáneos de Cortés, son homenajeados en cientos de calles, colonias, escuelas, estatuas y toda clase de comercios.


 

Malitzin o Doña Marina, ese genio de la Conquista, es el nombre de varias calles, acaso la más famosa en el centro de Coyoacán. Los virreyes Bucareli y Revillagigedo también tienen sus calles. Pareciera que sólo don Hernán carece de homenajes públicos.

En 1971, el geógrafo Carlos Morales Díaz elaboró un diccionario llamado ¿Quién es quién en la nomenclatura de la Ciudad de México?

En el apartado “Hernán Cortés” registraron tres calles con este nombre: una en Xochimilco, otra en la colonia Tlacopac y una más en Lomas de Virreyes. A la fecha sólo se conserva la de la última. Es una arteria breve que inicia en Corregidores y termina en Boulevard de Virreyes en la zona de Las Lomas de Chapultepec de la capital.

Al preguntarle qué trascendencia tiene la falta de una avenida Hernán Cortés, Rico Moreno afirma que “la ausencia del nombre de Hernán Cortés en la nomenclatura de la Ciudad de México es relevante por lo que expresa: la tendencia a seguir negando parte de nuestro pasado y, por tanto, la negación de una parte de nosotros mismos.

“Sostener el carácter violento de la Conquista no debiera implicar la negación de los tres siglos durante los cuales se fue gestando parte importante de la identidad cultural”, dice.

Otros rastros de Cortés en la capital

En la esquina de República del Salvador y Pino Suárez, en el Centro Histórico, se encuentra un mural de mosaico que recuerda el encuentro entre Cortés y Moctezuma, que tuvo lugar, supuestamente, en ese mismo sitio el 8 de noviembre de 1519.

La obra es una réplica en talavera de la pintura del novohispano Juan Correa.  Esta es la única representación de Cortés en una avenida en la Ciudad que él refundó, en el mismo espacio en que estuvo Tenochtitlan. 

En el parque Xicoténcatl, cerca del Museo de las Intervenciones, en Coyoacán,  hay un conjunto de cuatro figuras: un hombre vestido a la usanza del siglo XVI, un  león, una mujer indígena y un águila junto a ella. No hay ninguna placa del autor o qué representa el conjunto. La voz popular dice que son Cortés y Doña Marina. Lo cierto es que en este lugar  no hay referencia al respecto.

Es un hecho que el nombre mismo del conquistador extremeño levanta ámpula. La polémica se reaviva durante las conmemoraciones.

En marzo del 2019 el presidente Andrés Manuel López Obrador puso el tema sobre la mesa al enviar una carta al Rey de España, Felipe VI, para que éste pidiera disculpas a México.

Esto se suma a la constante alusión del mandatario a la historia como un tema  de buenos contra malos. Al respecto Javier Rico sostiene: “La visión maniquea está presente en toda política del pasado, y todos los gobiernos ponen en práctica una política del pasado para legitimar el poder.

Diseño web: Miguel Ángel Garnica. La foto comparativa antigua es un grabado que hace alusión al encuentro de Hernán Cortés con Moctezuma en noviembre de 1519 de la Colección Villasana/Torres. 

“Se establece también una continuidad entre los villanos del pasado y los del presente, añade el doctor en historia de la UNAM: porfiristas, neoliberales, conservadores y esa especie de aristocracia con privilegios que se designa con el impreciso (pero, eficaz por efectista) vocablo fifí.

“Lo que está en juego no sólo es el estigma y la descalificación de los adversarios políticos, sino también una polarización de la sociedad que haría difícil dialogar  y convivir”.

Si Cortés no goza de un monumento en bronce o granito, sí lo tiene en las letras. En 1992, José Luis Martínez, uno de los intelectuales más importantes de México, publicó en el Fondo de Cultura Económica la  biografía de este personaje en su obra Hernán Cortés.

El libro es considerado por muchos el mejor trabajo hecho sobre el conquistador. Su lectura es oportuna en estos tiempos. En las últimas páginas escribe Martínez: “Acaso alguna vez consigamos librarlo [a Cortés] de las ideologías y estudiarlo con la cruel objetividad de la historia, para descubrir con luces y sombras una personalidad excepcional. Ignorar o mutilar la historia no la cambia”..

Fuentes:
Entrevista con el doctor Javier Rico Moreno, profesor del Colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
Morales Díaz, Carlos. Quién es quién en la nomenclatura de la Ciudad de México.
Martínez, José Luis. Hernán Cortés. Editorial Fondo de Cultura Económica.
Paz Octavio, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. Editorial Fondo de Cultura Económica.

 

 

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