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"El gran protagonista de la literatura es el lector": Imanol Caneyada
Al fondo de la habitación de Imanol Caneyada (San Sebastián, 1968) se alcanza a ver un libro de Lucia Berlin, una autora que no hace mucho fue rescatada del anonimato y que desde entonces es conveniente leer. Lo siento, pero una de las manías producto de las entrevistas a través de una pantalla es observar los detalles del espacio del interlocutor en turno. En este caso la plática es en el norteño estado de Sonora donde se encuentra el autor de origen español, pero mexicano por convicción.
Pese a todo, Caneyada no tuvo un mal 2020. Ganó los premios Nacional de Cuento Agustín Yáñez, por Una vieja próstata y un país nuevo; y el de Novela José Rubén Romero, por el todavía inédito Nómadas, una obra de corte distópico. Además, el Fondo de Cultura Económica reeditó Espectáculo para avestruces, título que circuló por primera vez hace poco más de ocho años y que no ha perdido vigencia gracias su manera de retratar problemas como la violencia de género y la trata de personas.
Aun así, el narrador es cauto y no echa las campanas al vuelo. Sabe que la pandemia abolla cualquier celebración y prefiere ser discreto, después de todo es un convencido que al margen de los reconocimientos “la permanencia la dan los lectores”.
¿Después de ocho años cómo fue tu reencuentro con Espectáculo para avestruces?
Cuando surgió la posibilidad de reeditar la novela con el Fondo de Cultura Económica me dediqué a revisarla y corregir ciertos detalles. Todo texto es perfectible, pero la verdad es que los ajustes fueron mínimos. En esencia creo que el libro ha resistido bien el paso del tiempo. Incluso algunas cosas que planteo se han agudizado, en concreto me refiero al tema de la violencia de género y la invisibilización de minorías como la comunidad trans. Creo que mucho de lo que ahora vivimos es consecuencia de cosas que entonces se intuían.
La violencia sigue vigente…
Sí. Muchos de estos problemas como los feminicidios y la desaparición forzada han crecido, así como la colusión, este monstruo de dos cabezas y conformado por el Estado y el crimen organizado. En muchos sentidos son dos rostros de un mismo cuerpo. A través de la novela quería cuestionar una visión simplificada y maniquea de la violencia. Este tipo de manejo forma parte de un gran circo. Al final los grandes enemigos del pueblo mexicano son títeres de abstracciones más complejas que no están dispuestas a renunciar al infierno que han creado porque ese infierno les produce poder y ganancias económicas. A ocho años de distancia de la primera edición de la novela, creo que ya no podemos ser avestruces. El problema estalló en nuestras manos.
Precisamente estas abstracciones de poder y su impacto en el individuo se han mantenido a lo largo de tu literatura.
En El arte de la novela, Kundera habla de cómo la ficción narrativa y específicamente la novela, son un camino para explorar tanto la condición humana como su relación con el entorno y el momento político, cultural e histórico. Para Kundera, la idea de “personaje” es la gran impulsora de los derechos humanos en Europa. A través del pacto entre el lector y el autor, el “personaje” se vuelve en algo tan real como su vecino. Gracias a esto generamos la posibilidad de conocer a individuos que de otra manera nos resultarían ajenos y nos permite sensibilizarnos con el “otro”. A estas alturas las narrativas que se construyen a partir de la estadística y los medios nos dejan números muy fríos. Por medio de una propuesta estética la literatura nos permite explorar al individuo para sensibilizar y crear inercias de empatía o antipatía que cuestionan al lector.
Espectáculo para avestruces está en un registro muy distinto a Nómadas, título todavía inédito y con el que ganaste en 2020 el Premio José Rubén Romero.
Sí. Más allá del tema, las obsesiones, preocupaciones y de asumir que todo texto es político, trato de ser consciente de que la literatura es ante todo un acto estético y que se da en el lenguaje. Me interesa plantearme nuevos retos y no abrazar el confort. En Espectáculo para avestruces aposté por una poética sintética y estética sobre la sangre. Me siento muy satisfecho en cuanto a la propuesta del lenguaje. La pensé derivada de influencias como el cómic Sin City, de Frank Miller y sus versiones cinematográficas dirigidas por Robert Rodríguez. En el caso de Nómadas por hablar de lo más reciente, hay una exploración más cercana a lo emocional e introspectivo. No planteo la obra en términos de evolución sino de apuestas.
Entiendo que Nómadas lo comenzaste a escribir antes de la pandemia. ¿Qué te llevó a escribir una obra de anticipación?
No fue un proceso pensado. Surgió a partir del tema del Río Sonora y la contaminación en las minas. Cada vez son más las concesiones que se otorgan en la región y más ahora que se descubrió que Sonora tiene una de mayores reservas de litio, el llamado petróleo del siglo XXI, en el mundo. En tres o cuatro años más la desolación territorial será mayor. La historia surgió a partir del juego de pensar en el futuro de una región que depende tanto de la minería. Primero escribí un relato corto y me prendió el universo distópico alrededor de los pueblos de la zona. Es una obra es muy política. Hablo del futuro de la democracia, del crecimiento de las ideologías autoritarias –incluyendo a México-, de la tecnología y la inteligencia artificial. La construcción de un universo inexistente me divirtió muchísimo. Durante el proceso de escritura surgió la pandemia y si bien no atraviesa directamente la historia, sí algunas hay elementos derivados de lo que hoy vivimos y que reforzaron ciertas hipótesis alrededor de la perspectiva política, del comportamiento del individuo ante la enfermedad, los límites de la libertad frente a una amenaza como esta y el miedo a la extranjería.
¿Cómo abordar este tipo de temas sin la perspectiva que da el tiempo? ¿No corres el riesgo de que una obra en estos términos sea rebasada pronto?
Sin duda es un riesgo, pero creo que eso no está en manos del autor. Puede haber una aspiración legítima y un poco egocéntrica de la universalidad de la obra, sin embargo, eso no está en nuestras manos. La permanencia la dan los lectores. Son ellos quienes tienen la última palabra. En México solemos hacer del autor el gran protagonista de la literatura, pero no es verdad. El gran protagonista es el lector. Al margen de eso, procuro ser fiel a lo que considero que es la literatura. Ojalá trascienda y no quede en coyuntural, pero tampoco creo que deba someter mi proceso creativo a la idea de la trascendencia. Un autor tiene que hablar y estar en su tiempo.