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Manos frías
Va limadura para un imán, para un poemita increíble y precioso. En la Lírica española de tipo popular (UNAM, 1966; Cátedra, 1984) Margit Frenk lo recoge así: “¡Quedito, no me toquéis, /entrañas mías, /que tenéis las manos frías!”. En el Nuevo corpus de la antigua lírica popular hispánica, siglos XV a XVII (UNAM, COLMEX, FCE, 2003; “Nuevo” porque hubo un Corpus… previo: Castalia, 1987; 1990) la misma Margit Frenk vuelve a incluirlo pero con algunas variaciones interesantes; los signos de admiración ciñen solo los dos primeros versos, como si al enunciarse el tercero se debiera incurrir en menos énfasis o alarma, o aun en voz más baja: “¡Quedito, no me toquéis, /entrañas mías!, /que tenéis las manos frías”. En una nota alusiva Frenk menciona que hay una glosa de este poema y nada más pone su primer verso: “Yo os doy mi fe que venís–”.
La primera vez que di con esta glosa fue en la antología de Luis Rosales Poesía española del Siglo de Oro (Salvat, 1972). Rosales la precede con el nombre de su autor, Gabriel de Peralta, a quien ubica en el siglo XVI. Aquí los signos de admiración ciñen solo el “Quedito”. El poema completo, a partir del primer poema, dice: “¡Quedito! No me toquéis, /entrañas mías,/ que tenéis las manos frías. //Yo os doy mi fe que venís/ esta noche tan helado/ que si vos no lo sentís, /de sentido estáis privado, /no toquéis en lo vedado,/ entrañas mías, /que tenéis las manos frías”. Quién iba a decirme que unos cinco siglos después me llegaría una oportunidad de intentar mi propia glosa. La titulé “Fenómeno Raynaud” y le puse este epígrafe: “Al frío en las manos se le caracteriza como el fenómeno Raynaud. –The New York Times, 2016”. Dice el poema: “¡Quedito! No me toquéis, /entrañas mías,/ que tenéis las manos frías. // Ya el New York Times me informó/ por qué venís tan helado; /de fenómeno Raynaud/ es el mal diagnosticado;/ no procedáis mientras no /hayáis del Raynaud triunfado;/ no toquéis en lo vedado,/ entrañas mías,/ que me dáis Raynauduría”.