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Nezahualcóyotl, el rey poeta
El futuro rey Nezahualcóyotl nació en el año 1402 y fue hijo de Ixtlixóchitl, señor de Texcoco, y de Matlalcihuatzin, princesa Mexica.
En su niñez y juventud, el príncipe recibió una educación muy completa en el calmécac, que le permitió gobernar con justicia y sabiduría y demostrar toda su sapiencia en el campo de las ciencias, las artes y la literatura. Su formación intelectual le permitió desarrollar una elevada sensibilidad estética y un gran amor por la naturaleza, que se reflejaron no sólo en la arquitectura de la ciudad, sino también en sus manifestaciones poéticas y filosóficas.
Como gobernante de los pueblos bajo su mando, Nezahualcóyotl se distinguió por su profundo humanismo y concepción de la justicia, que lo llevaron a promulgar leyes civiles y penales que mejoraron la vida de sus gobernados.
También destacado como arquitecto, Nezahualcóyotl renovó el trazo de la Ciudad de México-Tenochtitlán, a la que dividió en barrios con industria propia, que logró mejorar la economía de sus habitantes.
De las obras trascendentales que construyó, destaca el acueducto que abastecía de agua a la ciudad desde Chapultepec, donde además formó un bosque sembrado de ahuehuetes; otra de sus contribuciones fue la “Albarrada de los Indios” que impedía la inundación de la ciudad y que se mezclaran aguas dulces y saladas.
En Texcoco, edificó palacios, monumentos, acueductos y jardines, siendo su creación más esplendorosa un gran palacio que disponía, entre otras numerosas dependencias, de baños tallados en la roca.
Como hombre culto que era, el rey poeta fundó colegios donde se estudió astronomía, lengua, medicina, pintura e historia.
De los poemas que escribió, se conservan alrededor de treinta. Su poesía rescata la belleza de la lengua náhuatl y tiene un profundo dejo filosófico, motivo por el que se ganó en su tiempo el apodo de "hombre sabio". Su hermosa poesía aborda referencias históricas y datos autobiográficos que reflejan sus dotes de guerrero; también canta a la primavera, a las flores y al canto, a la llegada de la temporada de lluvias. En sus escritos postula una vida después de la muerte y anhela que pervivan todas las criaturas. La delicadeza de sus cantos se conserva aún en las traducciones a otros idiomas:
No acabarán mis flores
“No acabarán mis flores, / no cesarán mis cantos. / Yo cantor los elevo, / se reparten, se esparcen. / Aun cuando las flores / se marchitan y amarillecen, /
serán llevadas allá, / al interior de la casa / del ave de plumas de oro”.
Lo comprende mi corazón
“Por fin lo comprende mi corazón: / escucho un canto, / contemplo una flor: /
¡Ojalá no se marchiten!”
Un recuerdo que dejo
“¿Con qué he de irme? / ¿Nada dejaré en pos de mí sobre la tierra? /
¿Cómo ha de actuar mi corazón? / ¿Acaso en vano venimos a vivir, /
a brotar sobre la tierra? / Dejemos al menos flores /
Dejemos al menos cantos”.
EX LIBRIS
Nezahualcóyotl, vida y obra
Preliminar
En 1972 se cumplieron quinientos años de la muerte de Nezahualcóyotl (1402-1472), gobernante y poeta del México antiguo. Desde los últimos años del mundo indígena hasta nuestro tiempo, el rey poeta de Tezcoco ha sido una figura legendaria, de múltiple fama. Y sin embargo, se le conocía más por sus anécdotas y por cierto vago prestigio, que por los hechos de su vida y, hasta hace pocos años, se ignoraban sus verdaderos poemas o cantos. De ahí el presente libro (…) quisiera dar cabal sentido a su personalidad. (…)
En Nezahualcóyotl se unían de manera excepcional las aptitudes a menudo irreconciliables del guerrero, el gobernante, el constructor, el sabio en las cosas divinas y el poeta, dentro de las características que estas actividades tenían en el mundo indígena. Pero, además, él fue un hombre que trascendió a su tiempo, por las indagaciones espirituales que formuló y por la organización administrativa y la estructura legal que dio a la vida de su pueblo y, singularmente, por las instituciones culturales que estableció, como fueron los archivos de los libros pintados, las escuelas y consejos superiores, las academias de sabios y poetas, las colecciones de flora y fauna, y aun por el cuidado de la lengua que distinguía a sus dominios.
Dentro del mundo nahua del siglo anterior a la conquista, él representa una tradición moral y espiritual, la herencia tolteca de Quetzalcóatl, que intentó oponerse a la concepción místico-guerrera de los aztecas. Disfrutamos aún del bosque de Chapultepec que es fama que él creó y nos unen a sus cantos otros hilos imperceptibles, peculiaridades de la sensibilidad que el tiempo no ha mudado. Su desasimiento, su melancolía —imagen del paisaje invariable de la meseta—, su actitud inquisitiva y airada ante la divinidad, su culto de las flores y de la amistad, siguen siendo nuestros. Podemos, pues, sentirlo tan legendario como cercano y propio, porque es una de nuestras estirpes. Por el lado indio, es nuestro poeta y pensador más antiguo y la constancia del último esplendor de aquella cultura.
Esta obra ha sido posible gracias a la diligencia con que los historiadores antiguos y los indígenas celosos de sus tradiciones recogieron informaciones acerca de Nezahualcóyotl y trascribieron sus cantos, y gracias a los estudios y traducciones recientes de Ángel María Garibay K. y de Miguel León-Portilla. A su memoria y a sus luces expreso mi reconocimiento.
(José Luis Martínez: Nezahualcóyotl, vida y obra; FCE, Ciudad de México, 2003 (duodécima edición).