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¿DE QUÉ MURIÓ RUBÉN DARÍO?
¿Fue Rubén Darío víctima de mala práctica médica?
¿Murió Rubén Darío de cáncer en el estómago?
¿Murió Rubén Darío de cáncer en el colon?
Las últimas horas de Rubén Darío (Metapa, 1867-León, 1916) fueron un verdadero martirio. El panida tuvo una agonía prolongada y dolorosa. El poeta sufrió terribles dolores horas antes de exhalar el último suspiro mientras dos doctores perforaban su abdomen y punzaban su hígado en busca de la supuesta cirrosis. Pero: ¿DE QUÉ MURIÓ REALMENTE RUBÉN DARÍO?
A la luz de la medicina moderna, cuando el rayo láser hace maravillas en la zona más recónditas del cuerpo humano y cuando un simple examen de sangre revela mágicamente enfermedades; el caso inconcluso acerca de la muerte del poeta nicaragüense debe ser analizado concienzudamente por un panel de expertos para comprobar: ¿qué posibles enfermedades le causaron la muerte? a los 49 años.
También habrá que investigar a fondo con los recursos técnicos actuales si, en los procedimientos que le practicaron en el hígado para extraerle liquido acuoso, hubo quizás mala práctica médica.
No se puede seguir creyendo a ciegas y repitiendo “como loro”, que Darío murió de cirrosis hepática por el uso y abuso del alcohol como se acepta; porque así lo diagnosticaron doctores que fueron juez y parte. Estos doctores que dictaminaron cirrosis fueron los mismos que le practicaron laceraciones en el hígado.
La vida y la muerte de Darío fue de novela, una historia de una vida trágica que interpretó magistralmente Edelberto Torres al titular su libro: La dramática vida de Rubén Darío. En esos días del romanticismo en decadencia, del existencialismo y hedonismo de Parnasianos y Simbolistas la bohemia era considerada inherente al artista; todavía la adicción al alcohol no era llamada alcoholismo. Morir de alcoholismo u otro adicción- como sucedió con Edgar Allan Poe, Verlaine y otros famosos “malditos” que morían suicidándose, en accidentes o de una sobredosis era la regla para un bohemio. Morir prematuramente de un padecimiento “vulgar” como el paludismo, la tifoidea, parasitismo o de tuberculosis, era una muerte poco digna de un bohemio.
Por lo tanto, fue más lógico inventarle a Darío un alcoholismo que era enfermedad de bohemios que aceptar que pudo haber padecido de infección de hemorroides, tuberculosis o algún cáncer de estómago causado en ese entonces por el desconocido Helicobacter pylori (H. pylori) la bacteria que inicialmente origina gastritis y finalmente el cáncer del estómago.
A finales de 1915 a Darío, le diagnosticaron tuberculosis en Guatemala y desde joven era aquejado de problemas de los nervios y depresión además de serios trastornos digestivos.
Existen versiones encontradas sobre las causas de la muerte de Darío. El poeta pudo haber sido erróneamente diagnosticado con cirrosis en 1916. Y hasta pudo sufrir algún envenenamiento alimentario porque en sus últimas semanas de vida en Nicaragua-Managua y León- estuvo en un ambiente insalubre y fue sometido a rigurosos ayunos que lo debilitaron y quedó predispuesto a sufrir septicemia.
La versión del supuesto padecimiento de cirrosis se ha venido repitiendo desde la muerte del bardo, pero este dictamen no estuvo respaldado por diagnósticos médicos de una autopsia independiente.
Los órganos extraídos a Darío después de su muerte en lugar de ser preservados para futuros exámenes fueron trofeos por lo que hubo peleas entre las partes que querían quedarse con el corazón y el cerebro del genio.
¿Dónde quedaron el corazón y el cerebro de Rubén Darío?
¿Y su hígado fue enterrado con el resto de su cuerpo?
RUBÉN DARÍO HIZO LARGOS VIAJES EN BARCO EN PRECARIAS CONDICIONES
Según investigaciones del dariista Gustavo Adolfo Montalván Ramírez, Darío cruzó el Océano Atlántico catorce veces. Otros historiadores darianos hablan de doce viajes de Darío por el Atlántico. Con estos datos sobre los viajes de Rubén Darío en barcos desde un lado al otro del atlántico, sin incluir su viaje a Chile en el Océano pacifico definitivamente que parte de su vida la pasó a bordo de barcos, sin que se conozca detalladamente los días que estuvo en los buques de pasajeros y carga construidos a finales del siglo XIX.
Los registros de esos años antes de 1900 de naves mercantes, porque no viajaba en barcos exclusivamente de pasajeros, son escasos desconociéndose el estado de sanidad de los camarotes y los alimentos que se servían a los viajeros o pasajeros.
¿Qué comía Darío en esos barcos mal olientes e incomodos?
¿Qué licor bebía en esos viajes a veces con turbulencias de la mar?
¿Era salubre el agua que se tomaba en los barcos?
Darío visitó muchas ciudades durante su corta vida y estos viajes fueron constantes en sus últimos diez años de vida. En sus estadías en diferentes ciudades, ingirió variedad de alimentos, era un gourmet además de ser un consumidor de whisky, vino, ron y cerveza. Era un adicto a las pastas y las salchichas, los aderezos; alimentos que ocasionaban intoxicaciones frecuentemente porque no eran bien manejados-higiénicamente-y eran causantes de muertes prematuras por disentería y trastornos digestivos-colitis-y otras afecciones del sistema digestivo y respiratorio.
LA AUTOPSIA
En el libro “Homenaje de Nicaragua a Rubén Darío”, Darío Zúñiga Pallais, insertó una crónica del periódico El Imparcial donde hay detalles de cómo fue descuartizado el cuerpo de Rubén Darío y quienes fueron los doctores que intervinieron en la autopsia. Autopsia que no fue ratificada por otros médicos.
¿Es creíble totalmente esta versión de El Imparcial acerca de la autopsia? Claro que no. No, a todas luces es parcializada, porque se asegura como causa del deceso la cirrosis, cuando Darío pudo morir de cáncer en el estómago, infección en la vesícula, un paro cardíaco posterior al procedimiento o de paro respiratorio.
Dice la Autopsia:
8 de febrero de 1916.
La autopsia del cadáver revistió un carácter puramente privado, asistiendo a ella únicamente, como ejecutantes de la operación, los doctores Luis H. Debayle y Escolástico Lara; como testigos, los señores Andrés Murillo y Joaquín Macias; y como notario que autorizó el acta, el doctor Enoc Aguado.
La operación comenzó a la una y media de la mañana y terminó a las seis, cuando los resplandores del sol cantado en una prosa juvenil por el mismo penetraban por las ventanas entreabiertas.
Espanta la operación al que no la haya presenciado. La cuchilla del médico, cebándose en el cuerpo desnudo, recorría ágilmente las partes vulnerables. Tendido cuando largo era, blanquísimo, Rubén ya no sintió la punzada en la carótida; se desangró en varios minutos.
Luego fueron destrozadas las clavículas y siguiendo la línea para abajo, hasta el costado, se desprendió la parte anterior de la caja del pecho. Como una tapa fue levantado el esternón, junto con la piel doblándose y descansado en el rostro…Quedo al descubierto la parte interior del estómago, con sus vísceras. Las manos enguantadas de los médicos, hundidas en el agua que lavaba el estómago, comenzaron la tarea con agilidad. Y fueron desprendiendo intestinos, pulmones, hígado, venas, filamentos, riñones…
Los pulmones estaban intactos, lo que vino a desbaratar el diagnóstico de los médicos de Guatemala, que declararon tuberculoso a Rubén.
El corazón apareció con una ligera capa grasosa, lo que más tarde hubiera originado complicaciones serias. La aorta estaba ensanchada. Los riñones buenos. El hígado adolecía de cirrosis atrófica, con principio de degeneración. Hubo derrame peritoneal.
El hígado estaba reducido a las dos terceras partes de su volumen. Apareció algo sólido, sin pus y sin lesión alguna. La punción que practicó el doctor Debayle no dañó la importante víscera, pues no se notó lesión visible.
En el acta suscrita por los médicos, se comprobó el diagnóstico del doctor Debayle, quien desde un principio declaró que el paciente padecía de cirrosis, y atacó rudamente la declaración de que padecía de tuberculosis.
El color del hígado era blanco amarillento.
El eminente medico metropolitano no quiso destrozar el cerebro de Rubén, porque no padecía ni de dolor de cabeza.
El corazón lo conservará Debayle. Un riñón fue donado a la Universidad.
Después de la autopsia, se embalsamó el cadáver. La piel quedó marmórea después de los masajes, el rostro de una belleza que causó admiración en todos.
Presentaba una sonrisa suave y extraña, como de indiferencia ante el dolor de la muerte. En el reloj de bolsillo que conservaba Rubén durante su enfermedad, las manecillas apuntaban a las diez y 15 minutos, cuando el dueño lanzó el postrer suspiro.
Uno de los que estaban en la estancia, inmediatamente rompió la cuerda de la máquina que fue entregada a la familia.
Allí quedará el reloj de Rubén, indicando la hora trágica hasta que el tiempo lo destruya. Señalará con X y las tres ies para que la historia recoja su gesto hierático y solemne.
El imparcial
Tomado del libro:
Homenaje de Nicaragua a Rubén Darío
De Darío Zúñiga Pallais
León, Nicaragua C.A. 1916
Tip. G. Alanís, León. Edición Facsimilar
Ediciones del Museo Archivo Rubén Darío, 2008.
Posterior a esta descripción de la autopsia entregada a los medios de ese tiempo para la publicación, el doctor Debayle le practicó otra cirugía a Darío. esta vez en la cabeza para extraerle el cerebro. Órgano que causó una disputa entre el galeno y familiares del poeta que reclamaban para ellos ese órgano.
HEMORRAGIAS Y AGUDOS DOLORES DEL ESTÓMAGO E INTESTINOS
Después de leer esta macabra historia sobre la autopsia del cuerpo de Rubén Darío vale la pena introducir algunos detalles del libro
Los últimos días de Rubén Darío, del periodista Francisco Huezo amigo del poeta y con quien compartió en Managua semanas antes de su muerte.
En el capítulo III de su libro, habla Huezo de su tercera visita a Rubén Darío que estaba hospedado en la casa de su cuñado Andrés Murillo en la ciudad de Managua a la que había llegado procedente de León en tren después de desembarcar en el puerto de Corinto, Chinandega.
El texto fechado el día 18 de diciembre de 1915, dice en la parte referente a la salud del poeta:
“6 de la tarde. El poeta tiene gran fiebre y fatiga. Una sábana blanquísima cubre su cuerpo. El estómago hinchado. Sus manos queman”.
Darío cuenta algunos detalles sobre el diálogo con su amigo el poeta Manuel Maldonado quien lo visitó ese día…El cansancio en fuerte y no puede continuar”.
En el capítulo IV con fecha 19 de diciembre escribió Huezo: “Darío ha pasado mala noche. Ansiedad, retortijones, náuseas, hemorragia intestinal. Su estado es delicado. Tiene 38 grados de temperatura. Tres médicos de la calidad están en consulta: los doctores Emilio y Enrique Pallais y Jerónimo Ramírez.
“Los médicos después de examinar a Darío aconsejaron inyecciones de Emetina”.
Según manuales médicos esta sustancia derivada de la ipecacuana es un alcaloide que fue utilizada para la amibiasis: "La emetina se usó como amebicida sistémico de acción directa. Al igual que la deshidroemetina alguna vez utilizó ampliamente para combatir la amibiasis intestinal invasora y grave y la amibiasis extraintestinal, pero ha sido sustituida por el metronidazol que tiene la misma eficacia y es más inocuo”.
De aquí surge la primera pregunta:
¿Qué enfermedad padecía realmente Rubén Darío? ¿Una amebiasis? Enfermedad muy común en la época por la insalubridad de los alimentos.
En otra parte del mismo capítulo escribió Huezo:
“El estómago le ha crecido un centímetro más. Los médicos le aconsejan también que tome cholagogue. Darío le dijo: He pasado mala noche. Creo que ha sido víctima de las drogas”.
En el capítulo V con fecha 21 de diciembre Huezo da detalles bien importantes para deducir la gravedad de la enfermedad de Darío y su sufrimiento.
“Esa mañana el poeta había sido visitado por “el sabio” Miguel Ramírez Goyena. Cuando se fue Ramírez Goyena recibió a Huezo.
“Tiene fiebre de 39 grados. Con frecuencia lo atacan nauseas. Sé le ve mucha fatiga. Habla con trabajo”.
Le dice Darío:
-Me siento fatal. Fatal ya lo ves. La noche ha sido pésima. Tengo fatiga una desesperante fatiga. Por otra parte, estas náuseas y este dolor en el estómago. Mucho tormento. Además, lo agrio del paladar, estos gases ácidos me desesperan-. Se apresura a comer un pan de magnesia que está sobre el velador, al alcance de su mano”.
En este mismo capítulo Huezo hace referencia a un comentario que le hizo Rubén Darío sobre su vida: “Las cosas que me suceden son consecuencias naturales del alcohol y sus abusos. También de los placeres sin medida. He sido un atormentado, un amargado de las horas. He conocido los alcoholes todos: desde los de la India y los de Europa hasta los americanos, y los rudos y ásperos de nicaragua, todo dolor, todo veneno, toda muerte. Mi fantasía, a veces, hace crisis, sufre la epilepsia que produce ese veneno del cual estoy saturado. Me siento entonces agresivo, feroz, con instinto de destruir, de matar. Así me explico los grandes asesinatos cometidos por el licor”.
En el capítulo VI fechado el 25 de diciembre de 1915 -Navidad- Narra Huezo que visitó a Darío para saludarlo y ver su estado de salud.
“El enfermo pasó buena noche con una poción de cholagogue que se tomó y durmió algo pese al ruido de las bombas y cohetes de la nochebuena”. Pero “el abdomen le ha crecido un centímetro”. ¡Felices Pascuas! le digo. Y le doy un abrazo.
Le dijo Darío: “Acabo de leer a Enrique Ibsen el viejito portentoso. Son interesantes sus dramas “Cuando resucitemos y Juan Gabriel. Tiene frases que condensan mi doloroso destino y que quiera fueras escritas a los pies de mi lecho en momentos de morir. Porque te digo con sinceridad, yo creo que he venido a Nicaragua solo a morir. No le tengo miedo a la muerte. ¡Que me importa que venga!”.
En el capítulo VII fechado 26 de diciembre de 1915. Escribió Francisco Huezo: “Enfermo e imposibilitado como está, pide, no obstante, platos fuertes. Pollo, arroz, tallarines, queso, pan”. _” quiero un buen plato, buena sopa, quiero comer bien” dice Darío.
También reclama a su esposa Rosario Murillo que lo atiende, que le haga pastelillos y que se los sirva con una copilla de Champagne. “Estoy desesperado de tomar solo líquidos”.
Esta afirmación del poeta es vital para entender porque pensaba que iba a morir y como se iba debilitando por falta de nutrientes. Actualmente uno de los métodos para la recuperación de los enfermos son los alimentos, para la energía que necesita el cuerpo.
El 6 de enero de 1916, exactamente a un mes antes de la muerte de Darío, el periodista Huezo en el capítulo XI de su libro, escribió sobre su amigo y compañero de juventud: “El poeta se resuelve al fin a que le hagan una operación…va a ponerse en manos de la cirugía que él ha combatido tanto”.
En la casa hay mucha gente porque llegan a despedirse las amistades porque el poeta se va a León, reina la agitación.
Huezo narra aquí una conversación que tuvo con la suegra de Darío. Huezo: “Hablo con la madre política de Darío”.
-ha resuelto, me dice ella, marcharse a León. Va a aquel lugar para que los vean los médicos y tal vez para operarse. Yo no estoy de acuerdo con ese pensamiento. De igual manera opina mi hija Rosario. Pero él así lo desea, y no hay que contrariarlo. Parece que lo han sugestionado influencias que desconozco.
¿Que quiso decir la madre de Rosario Murillo con esta afirmación de que “lo han sugestionado influencias que desconozco”?
¿Por qué había el interés de llevarse a Darío de Managua hacia León?
Sigue narrando Huezo; “Me lleva al cuarto del enfermo…Al verme este, me habla de la necesidad de un nuevo examen médico.
-Te repito lo que te he dicho más de una vez. No creo en los médicos. Me sucede lo de Quevedo: desconfió de ellos. Veremos lo que dicen aquellos doctores. Me acompañará Luis Debayle que ha venido expresamente a llevarme.
Huezo: “Rubén Darío viajó el 7 de enero a la ciudad de León, acompañado de su esposa Rosario Murillo, el doctor Luis H. Debayle, un amigo y dos sirvientes”. Inmediatamente que llega a León se hacen los preparativos para operarlo.
LA OPERACIÓN MORTAL, HEMORRAGIAS HEMORROIDALES
8 de enero. “Hoy sábado fue operado en León, Rubén Darío. Llevó la cuchilla el doctor Luis H. Debayle, auxiliado de su colega el doctor Escolástico Lara. Lo operaron para extraerle el agua del estómago. Aplicó el trócar el primero de los facultativos y le extrajo catorce litros de suero. Incontinenti practicaron la autoserapia.”.
Cuenta Huezo, que durante varias semanas Darío seguía grave con intervalos de claridad mental, accesos de furor, fiebre alta…delirios. “Habla poco. El alimento que se le da es líquido. Se le ha recrudecido su afectación hemorroidal. Hace cámaras de sangre abundantes, sangre negra. Los médicos hacen al parecer caso omiso de este detalle. Siguen en su diagnóstico firme: el hígado”.
En uno de esos días, narra Huezo que Darío tuvo un fuerte altercado con el doctor Debayle y hasta quiso agredirlo con un vaso. Estaba verdaderamente furioso. –“Yo no quiero que ustedes me asesinen no he venido a eso, y me defenderé…al oír la novedad, ocurrió gente de las casas vecinas, principalmente artesanos que tienen idolatría por el poeta…” colérico dice este a Debayle: “Lo que tú quieres hacer conmigo es aumentar el número de tus víctimas”.
Francisco Huezo da detalles valiosos para creer con bastante certeza de que fueron problemas gastrointestinales los que afectaban al poeta. El líquido en el abdomen o ascitis es causado generalmente por cáncer de colon o de páncreas. También por cáncer en el tracto gastrointestinal, como el cáncer de estómago y de intestinos. Y todos los síntomas de la ascitis los padecía Darío desde que se agravó. Aunque es seguro que estos problemas comenzaron años antes debido al exceso de comidas grasosas y la ingestión excesiva de licores, especialmente el vino.
Capitulo XXI. LA OTRA OPERACIÓN.
Aquí habría que preguntarse:
¿Por qué el doctor Luis H. Debayle sometió a Rubén Darío a una nueva operación? si sabía que éste padecía de cirrosis y dicha enfermedad era incurable. ¿Por qué no valoró la opinión de los otros doctores que no estaban de acuerdo con este nuevo procedimiento “salvaje” que aceleraría la muerte del paciente como ocurrió? ¿Por qué insistió Debayle en operar a Darío sabiendo que estaba débil y viviendo en condiciones favorables para infectarse?
Narra Huezo:
“Darío ha mejorado. Su enfermedad sube y baja como las olas. Reacciona brevemente su naturaleza hasta quedar la temperatura en dos quintos. El poeta hace proyectos. Ya no sufre delirios. Los médicos Debayle y Lara resuelven efectuar una nueva operación. Siempre han creído que la enfermedad radica en el hígado. Suponen que tiene pus. Oyen el parecer de otros dos médicos: los doctores Juan Bautista Sacasa y José Godoy. Después de un examen minucioso, estos últimos opinan que no hay pus. A pesar de esa opinión, Debayle determina operarlo con Lara”.
Se niega el poeta; pero le hacen reflexiones. Se opone también la esposa, pero le dicen, que eso va a mejorarlo y que si no le hacen esa operación no responden por su vida.
“MI ENFERMEDAD NO ESTÁ EN EL HIGADO”
Por su parte Darío dijo: “Mi enfermedad no está en el hígado. Mi enfermedad es mi antigua colitis. Siento en el bajo vientre como una placa de fuego. Ataquen ustedes el desorden hemorroidal y estaré bueno: no lo descuiden. En la sangre que arrojo se va la vida. Mi hígado está sano. No me duele. Nada tengo en él”.
¿Tenía la razón Darío? Nunca se sabrá si no se reabre el caso de la muerte del poeta.
Dejemos por ahora los relatos interesantísimos de Francisco Huezo para introducir otros detalles que aportan otros autores sobre la salud mental y física de Darío antes de agravarse y morir en León de Nicaragua.
SUCULENTAS COMIDAS Y CHAMPAÑA DESDE JOVEN
En su autobiografía, siendo apenas un joven de 17 años, Darío cuenta un episodio ocurrido en El Salvador, después de una entrevista con el presidente Rafael Zaldívar, acciones que marcarían su vida para siempre porque todos sus biógrafos recogen este suceso como ejemplo inicial de la bohemia permanente del poeta: “Me despedí-del presidente Zaldívar- Cuando llegué al hotel, al poco rato me dijeron que el director de policía quería verme. Noté en él y el dueño del hotel un desusado cariño. Se me entregaron quinientos pesos plata, obsequio del presidente. ¡Quinientos pesos plata! “Macarroni, moscato espumante, artistas bellas…Era aquello, en la imaginación del ardiente muchacho flaco y de cabellos largos, ensoñador y lleno de deseos, un buen comienzo parte tener una buena posición social …Al día siguiente por la mañana estaba rodeado de improbables poetas adolescentes, escritos en ciernes y aficionados a las musas.”.
Valentín de Pedro en su obra “Vida de Rubén Darío” se refiere a un episodio similar al narrado por el poeta, pero acaecido en Nicaragua cuando el presidente Zavala ordenó hospedar al “poeta niño” en un hotel con gastos pagados por del gobierno. Dice de Pedro: Las cuentas presentadas por el Hotel Nacional, donde se alojaba el poeta como huésped oficial, debieron suscitar comentarios y murmuraciones; eran la prueba de que el joven Rubén no solo se regalaba con los platos más suculentos, sino que, hacia un excesivo consumo de bebidas, entre las que se contaba con preferencia, el champaña.
Darío, con estas acciones, marcaba el derrotero de su imagen del futuro.
BRONQUITIS ALCOHÓLICA
En “Tierras Solares”, (Edición de la Asamblea Nacional de Nicaragua, 2015) el profesor de la Universidad de Sevilla, Noel Rivas Bravo, en la presentación de esa edición; de entrada, nos habla de un viaje de Rubén Darío de Paris a las costas de España en busca de salud.
“Por las cartas de Juan Ramón Jiménez sabemos que Darío salió de Paris el 30 de noviembre-finales del otoño- de 1903 con destino a Málaga pasando por Marsella, Barcelona y Madrid. Esta es la tercera vez que el poeta visita España y la primera que recorre Andalucía. El motivo de su viaje es una bronquitis aguda de origen alcohólico, imposible de curar en el clima frio y húmedo de París, por lo que los médicos le han aconsejado trasladarse al sur en busca de sol y de temperaturas más cálidas”.
Esto demuestra que ya para 1903, cuando el poeta solamente tiene 35 años cumplidos ya tiene problemas bronquiales.
Se sabe ahora que la bronquitis llamada antes alcohólica, es una afección que es provocada mayormente por problemas estomacales y que son los gases del estómago que suben al esófago y la tráquea debido a la gastritis, los que causan inflamación en muchos casos de los bronquios. Ya en esos días Darío presenta crisis nerviosas, más directamente crisis depresivas agudas. Después de visitar varias ciudades andaluzas y Tánger en África, Darío no se recupera de su tristeza. Está en Málaga “pero el ánimo del poeta apenas mejora, incluso llegó a pensar que no soportaría permanecer en la ciudad mucho tiempo” (Presentación de Tierras solares página 12).
Y entre los intelectuales se habla de un Rubén Darío neurótico y con problemas estomacales producto de su adicción a los manjares, carnes y las bebidas espirituosas.
¿Qué estomago resiste tanta comida y alcohol? le diría a Darío algún médico ahora. Podemos agregar ¿Qué nervios resisten tanto desvelo?
DARIO INCANSABLE CREADOR
Ahora, quiero introducir datos que me parecen esclarecedores para desmentir el mito de un Darío entregado a la bohemia.
Luis Alberto Cabrales, uno de los vanguardistas nicaragüenses, en su obra “Breve Biografía de Rubén Darío” publicada en 1964 dice en un párrafo muy valioso: “Y mientras pasan los años y van cayendo en dorada cosecha los versos que formaran sus dos poemarios de la madurez: Cantos de Vida y Esperanza y el Canto Errante, vive de sus colaboraciones a La Nación: Crónicas de viajes, criticas literarias, ardua y sostenida labor de numerosos volúmenes que desmiente la leyenda de su perenne ebriedad y negligencia”.
Los detractores, los oponentes literarios de Darío, destacados escritores españoles y americanos crearon como dice Cabrales la leyenda de un Diario en perenne ebriedad, de allí que lo más fácil era endilgarle la cirrosis como motivo de su muerte.
Y para reforzar su formidable defensa del poeta, Cabrales, transcribe declaraciones de Vargas Villa quien fue compañero de vida de Darío por un buen tiempo: “Vivía de su correspondencia a La Nación, con decoro, con dignidad, con seriedad. Darío no fue nunca-al menos cuando yo lo conocí-el bohemio profesional que muchos se gozan en pintar. Era atento, ceremonioso, hospitalario; tuvo siempre su casa abierta, y su mesa servida para sus amigos; si hubiera sido adinerado, habría sido el más esplendido de los anfitriones”.
En algunas fotos Rubén Darío a los cuarenta años, ya se puede apreciar a un poeta obeso, con vientre abultado. Son fotos que revelan a un Darío que va de banquete en banquete, a un bardo comelón además de adicto a los alcoholes.
LA DEPRESIÓN
Es 1896, diez años antes de su muerte, a los 39 años, ya Darío siente el efecto de las fiestas en su físico y en su ánimo. En una carta fechada en Buenos Aires, Argentina y dirigida a su amigo Luis Barisso, el poeta se queja de sentirse enfermo-está en su plenitud literaria, pero los excesos ya minan su salud- y filosóficamente acepta su realidad: Ya era tiempo de que vinieran desgracias. El lado color de rosa de la vida se había repetido demasiado. Comenzó el lado gris, o negro, con estas fiestas seguida que me han causado un sinnúmero de males físicos y un sinnúmero de penas morales. Desde que no nos vemos hasta hoy, mi cerebro ha estado a punto de estallar, mi sangre a punto de paralizarse, dolores, desmayos, una calamidad. Luego, el inmenso hastió que ve hasta la misma muerte como un refugio. (Cartas desconocidas de Rubén Darío, pág. 151.Edicion de la Academia Nicaragüense de la Lengua, año 2000)
A partir de esa fecha Darío, cae y se levanta, ya sus problemas físicos van minándole seriamente su salud.
Habría que preguntarse: ¿Esa sensación de sentir el cerebro estallar, no son subidas de la presión sanguínea? ¿? ¿Y los desmayos, bajones repentinos de la glucosa? Lógicamente esos cuadros de tristeza no eran más que crisis de ansiedad y depresión, que se agudizaban con el desvelo y las preocupaciones existenciales. Ese miedo de Darío a lo desconocido que lo atormentó desde joven con el paso del tiempo se volvió más frecuentes y perturbadores.
LA INTOXICACION ALIMENTARIA DEL POETA
Aunque ahora algunos biógrafos quieren hacer aparecer a Rubén Darío como un amante del gallo pinto nicaragüense, la realidad es que el poeta en su autobiografía habla de afición por la carne y la pasta. También nos habla de su interés en los mariscos y los dulces.
Veamos entonces que comía Darío en Europa y Argentina, donde vivió la mayor parte de su vida, aunque el gran vacío de su dieta está en la falta de información.
¿Qué consumía durante sus largos viajes de América a Europa y viceversa? Según parece Darío fue poco a poco refinando su gusto hasta convertirse en un verdadero Gourmet, aunque no siempre podía comer muy bien debido a sus crisis económicas frecuentes.
Ya como poeta el joven Rubén Darío destaca en su autobiografía que en su etapa chilena todo era novedoso porque fue su primer contacto fuera del círculo de amigos centroamericanos: “La impresión que guardo de Santiago, en aquel tiempo, se reducía a lo siguiente: vivir de arenques y cerveza en una casa para poder vestirme elegantemente como correspondía a mis amistades aristocráticas”.
En otras palabras, el poeta comía mal, sacrificando su alimentación por la vestimenta.
Ya famoso, en su etapa gloriosa, en sus días en Buenos Aires, trabajando como periodista de La Nación-Darío siempre trabajo pese a sus recaídas de salud por sus problemas estomacales, sus excesos báquicos-el poeta nos habla de su adicción a la comida en el capítulo XLI de su autobiografía: “Otra hospitalidad del buen humor que me acogiera por esos días fue la del excelente amigo Ronquad. Allí rendiamos tributo a la gula, con platos suculentos que solía dirigir el dueño de la casa”. En esos días Darío se rodeaba jóvenes que aspiraban convertirse en escritores o poetas, muchos de ellos bohemios que morirían prematuramente como Darío, pero sin la fama y la gloria del vate nicaragüense.
Darío abusa de la comida como de las bebidas espirituosas-nepentes-para fortalecer su espíritu temeroso y su neurastenia que le pasa a los pocos años factura cuando vive intensamente en su etapa parisina…
En “Historia de mis libros” Darío, hace referencia a ese miedo que desde niño lo acoso…al hablar del poema “La página blanca”: ¡Ah, nada ha amargado mas las horas de meditación de mi vida que la certeza tenebrosa del fin; y cuantas veces me he refugiado en algún paraíso artificial, poseído del horror fatídico la muerte! Y es julio de 1913 cuando el poeta publica estos textos ha estrado ya a su recta final y no tiene reserva para autocriticarse y hablar de los secretos de sus inspiraciones.
En “Rubén Darío Un bardo Rei”, Arturo Capdevilla, da detalles de unas de las crisis -síndrome de abstinencia-de Darío, donde para recuperarse ingería grandes cantidades de whisky con soda. “Muchos calificados testigos hay de su lucha heroica y vana, así como de sus terribles caídas. Lo mas lúgubre, como lo refiere don Mario Santa Cruz, eran las crisis de miedo. Entonces “se lanzaba del lecho gritando y señalando por los rincones, donde, según él, había fantasmas que lo perseguían con sus extraños guiños”.
A Lugones le dijo una vez, erizado de espanto: - ¡Lugones! ¡He visto la rata!
Para esos casos “era indispensable-sigue diciendo el nombrado autor-la botella de whisky con el sifón de agua de Seltz”.
Pocos autores se han atrevido a revelar las oscuras y mezquinas intenciones de los promotores de Darío en su etapa final en Francia. Aunque son detalles dolorosos, voy a reproducir parte del capítulo XVI del libro “Rubén Darío” del novelista y amigo del poeta José María Vargas Villa quien irónico pero real dice:
Era en 1913
“El barnumismo insaciable no cesaba de explotar la gloria del poeta…con el objetivo de dar vida a varias empresas literarias, a las cuales el daba su nombre después de su regreso de América se hacia el reclamo-pago-en forma de banquetes, a tanto el cubierto…Y, se le banqueteaba, a todas horas, en todas partes, con todos los motivos. Y él se dejaba llevar mansamente, de Café en Café, de restaurante en restaurante, de mesa en mesa, como resignado a morir en manos de sus exhibidores sobre los manteles de un banquete, rodeado de camareros y coronado de menús; estos banquetes por suscripción y precios económicos, satisfacían mas el apetito, la vanidad de la califa ultraoceanica , de aquellos que se llamaban sus discípulos, los cuales, por el modesto precio de cinco francos, hallaban la ocasión de poder contar en periódicos de sus terruños, que habían comido con el Poeta, y casi todos añadían a eso, la crueldad de dispararle sin provocación ninguna, de su parte, un brindis en prosa o verso-casi siempre era esta ultima el arma elegida-que hacía enrojecer de vergüenza las cercanas aguas del Sena, y hacia reventarse las bombillas del alumbrado, como protesta de la electricidad con la innoble maculación de la palabra”.
Dice Vargas Villa que los verdaderos amigos de Darío no asistían a esos banquetes que utilizaban el “nombre del Aeda, como una marca comercial, para la literatura de exportación…”.
A mí solamente me queda la reflexión de que a Darío lo siguen banqueteando los exhibidores de su genio.
Finalmente: La pregunta sin respuesta es:
¿De qué murió realmente Rubén Darío?
2021-01-28 03:25:57
Por: Freddy Rostrán A.
El pensamiento de Rubén Darío acerca de la muerte era de espanto. Así lo dice el mismo en el poema suyo de mayor profundidad filosófica: Lo fatal. Cuando faltan pocos días para que se cumpla el 105 aniversario de su muerte, tratamos de captar lo más hondo del pensamiento del panida.
LO FATAL
Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...
2021-01-18 07:19:31
EL PARTO DE DARÍO SE DIÓ EN CONDICIONES DIFICILES
2020-12-30 19:01:20
Nicaragüenses: escuchemos lo que dice Rubén Darío...
Editorial de DiarioNica y Noticiero El Despertar
Nuestra máxima gloria, Rubén Darío, trabajando como periodista pudo constatar en 1895 el estado de decadencia moral en que se sumió el pueblo español tras la derrota que les inflingió Estados Unido en la Guerra de Cuba, y la humillación que le hizo posteriormente con el Tratado de París. Rubén fue testigo presencial del fín del imperio colonial.
Darío reportó para el periódico La Nación de Buenos Aires:
"En Madrid” vemos una clara decadencia del país... “He buscado en el horizonte español las cimas que dejara no hace mucho tiempo, en todas las manifestaciones del alma nacional; Cánovas muerto; Ruiz Zorrilla muerto; Castelar desilusionado y enfermo; Valera ciego; Campoamor mudo; Menéndez Pelayo…” (90) [6]. No hay, en esta España, nuevos escritores, todos se aferran a los viejos que ya han muerto o han perdido sus sentidos. Pinta un aire desesperante para el arte. El problema, es que España está dolorida y vencida por culpa de los políticos que se preocupan por asuntos que no tienen valor social".
Como consecuencia, Rubén, actuando como el jefe del Movimiento Modernista escribe en 1905 la siguiente arenga a los españoles:
Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda,
espíritus fraternos, luminosas almas, ¡salve!
Porque llega el momento en que habrán de cantar nuevos himnos
lenguas de gloria. Un vasto rumor llena los ámbitos;
mágicas ondas de vida van renaciendo de pronto;
retrocede el olvido, retrocede engañada la muerte;
se anuncia un reino nuevo, feliz sibila sueña
y en la caja pandórica de que tantas desgracias surgieron
encontramos de súbito, talismática, pura, riente,
cual pudiera decirla en su verso Virgilio divino,
la divina reina de luz, ¡la celeste Esperanza!
¿Cómo debemos escuchar nosotros los nicaragüenses en el Año 2020 que termina y en el 2021 que comienza en momentos la patria se encuentra en un estado de decadencia moral con una dictadura que se entroniza y una oposición que carece de líderes? ¿Quién se pone al frente de la lucha?¿Quién es el Juan Guaidó de Nicaragua?
Si escuchamos la voz de Rubén Darío cuando nos dice "Únanse tantos vigores dispersos", podremos declamar en altas y claras voces "La Marcha Triunfal", "Ya se oyen los claros clarines..."Los cóndores llegan, llegó la victoria" saludando el retorno de la democracia a Nicaragua.
Al aproximarse el 154 aniversario del nacimiento del Gran Poeta
Por: José Antonio Luna
Editor www.escritoreslibres.org
“La voz de la Biblia no es en Rubén Darío solo apropiada para hablar en versos a Teodoro Roosevelt”.
Concha Meléndez
Entre los ensayos temáticos acerca de Rubén Darío destaca: La voz de la biblia en Rubén Darío de la poetisa, ensayista, catedrática, dariista y crítica literaria puertorriqueña doctora Concha Meléndez (Caguas, 25 de enero 1895- San Juan, 26 de junio 1983) prolífera escritora graduada de la Universidad de Columbia de New York, con doctorado de la Universidad Nacional Autónoma, UNAM, de México.
La doctora Concha Meléndez, tenía 21 años cuando murió Rubén Darío (Metapa, 18 de enero 1867- León, 6 de febrero 1916) en León, Nicaragua. Concha conoció de primera mano detalles de la estadía del poeta a New York y de la visita de éste a la Universidad de Columbia.
En 1995 para conmemorar el centenario del nacimiento de Concha, la Universidad de Puerto Rico publicó una Antología titulada: Concha Meléndez y cartas de sus amigos donde se destacan sus ensayos sobre los escritores: Rubén Darío, Amado Nervo, Cesar Vallejo, Andrés Bello, Pablo Neruda, Juan Bosch, Gabriela Mistral, Jorge Mañach, Alfonso Reyes, etc.
Con: Mistral, Reyes, Bosch, Neruda, Federico de Onís y otros renombrados intelectuales tuvo relación personal y epistolar la destacada escritora; primera mujer incorporada a la Academia de la Lengua de su país y creadora de la cátedra de Estudios Hispanoamericanos de la Universidad de Puerto Rico.
EL VIEJO TESTAMENTO
En su extenso y minucioso ensayo Concha Meléndez desde el comienzo establece su tesis de que Rubén Darío, como lo revela este en su autobiografía, fue un lector dedicado y asiduo de la biblia. “No caminó en el mundo de la Biblia con el deslumbramiento transitorio de sus otros mundos: la Grecia de los griegos que amó menos que la de Francia, la tierra que llamó solares o el mundo de sus imaginarios “a un vago oriente por entrevistos barcos” preciosista y artificial. Su mundo bíblico fue más seguro y prometedor. No salió nunca de él como del encantado mundo de Prosas Profanas, porque buscó hasta el fin su luz en los profetas y salmistas, en las alegorías y las parábolas y, sobre todo, en Aquél que es Gloria y revelación en el inmenso relato y a Él confió su más alta esperanza”.
Esa verdad sobre la preferencia casi obsesiva de Rubén por la Biblia la reitera Concha Meléndez citando a Osvaldo Bazil Leiva quién fue compañero de jornada del poeta: Era casi su libro único y su lectura constante en muchos años. En todos los países donde llegaba adquiría un ejemplar de la Biblia. Exigía que fuera con el texto en latín con la traducción española al frente. Él no hablaba ni leía latín, pero lo entendía y poco y le gustaba citar en latín en sus escritos (Osvaldo Bazil, Biografía de Rubén Darío y sus amigos dominicanos, Colombia, ediciones Espiral, 1948.)
Agrega Meléndez: “tan ilimitada es la penetración bíblica en la poesía y la prosa de Rubén Darío, como parecía sin término la pampa de Sarmiento”.
Leyendo las Confesiones de Thomas De Quincey, cita Concha Meléndez; que por asociación el poeta encuentra inspiradoras las palabras hebreo e israelita.
“Las palabras hebreo e israelita, dice, despiertan en él opio del ensueño para mí, distintas evocaciones de seres y sucesos lejanos, animado cada cuadro por su especial poesía”
“Hebreo…Vastos éxodos. Moisés con sus dos grandes
cuernos luminosos; el viaje de un pueblo hacia una
tierra mejor perseguidos por los carros del faraón”.
“Israelita…Desde luego no sé por qué, se me encarna
Israel en una de aquellas vírgenes, que, envueltas en
largos mantos, iban con el cántaro al pozo. A los lejos
una perspectiva de palmeras o un paso de dromedarios.
Sara, Raquel o Lía, se presentan con sus finos perfiles.
Son seres que asumió mi infancia en las láminas de
las Biblias; mujeres blancas y bellas cerca de los
patriarcas barbudos y solemnes”.
(Rubén Darío, Sobre Israel, Escritos Inéditos recogidos en periódicos
de Buenos Aires y anotados por E. K. Mapes-1938)
Advierte Concha Meléndez que aunque en la obra de Rubén Darío existe una gran cantidad de citas bíblicas o relacionadas con la misma, “limitaré mis comentarios a aspectos más valiosos desde el punto de vista de la creación en verso y en prosa”.
Dice Meléndez que hay tres profetas más mencionados por Darío en su obra. Los “profetas evocados con más intensidad son Isaías, Jeremías y Ezequiel”.
En el poema La Cartuja, Darío se refiere al libro Lamentaciones del profeta Jeremías:
“La Soledad que amaba Jeremías
el misterioso profesor del llanto”.
(La Cartuja, Canto a la Argentina y otros poemas
415-417)
Comenta Concha Meléndez: “Jeremías previó el desastre de la destrucción de Jerusalén por Babilonia, por el Nabucodonosor que Darío compara con Alejandro y Teodoro Roosevelt”.
Refiriéndose al otro profeta evocado por Darío en sus poemas y prosa, dice Meléndez: Ezequiel, el primer gran visionario en la Biblia, clarividente, con extraordinarios poderes psíquicos, atrajo a Darío por su interés en el mundo de los sueños, título con que apareció uno de los libros póstumos del poeta. En un poema: El Salmo de la pluma dedicado a España, Madre Patria, que intentó componer sin terminarlo, en tantas partes como letras tiene el alfabeto hebreo, aparece Ezequiel.
llena de profecía, desciende a las entrañas
del pálido Ezequiel,
quien con la faz sañuda la visión invoca,
y siente que el volumen que traga en su boca
dulce como miel.”
Concha Meléndez visionando la importancia de la influencia del padre del modernismo y precursor del cosmopolitismo en las letras hispanoamericanas se remite a los primeros intelectuales estudiosos de la espiritualidad y religiosidad dariana: “Arturo Marasso ( La Rioja, 1890-Buenos Aires 1970), el único hasta donde he leído, que ha estudiado algunas de las influencias bíblicas en la creación poética de Darío, señaló las expresiones sugeridas por el profeta en el poema Israel, al cual volverá al entrar en el mundo del Nuevo Testamento sobre el tema de Jesucristo”.
Marasso es el profesor Argentino de literatura griega y española, que el novelista Julio Cortázar recordaba como su mentor que descubrió su vocación de escritor y le prestaba libros de Homero y Sófocles para que leyera.
Concha Meléndez la prolífera dariista puertorriqueña, nos descubre uno de los personajes pocos mencionados por otros estudiosos de Darío: David “el rey poeta” que para Darío “es mucho más que dador de tonos o iluminador de versos dentro de poemas; es motivo para la creación de poesía y ficciones en prosa”
En El Canto Errante, en la sección titulada: Ensueño hay un poema, dice Meléndez: “No es un ensueño ni una visión: es en verdad un sueño reproducido tal como el poeta lo soñó”. Sabido es la atención que Darío puso en las experiencias de lo que llamó “la segunda vida” después de haber leído el libro de Saintine sobre los sueños que lleva ese título.
La estrofa final del poema Hondas revela a Darío hondero del arte:
No tornó mi piedra al mundo.
Pero sin vacilar vino a mí el ave
querubín.
Partió herida-dijo- el alma
de Goliat, y vengo a ti
¡Soy el alma luminosa
de David!
Medita Meléndez: No hay vacilación en el ave querubín para volar hacia el poeta. La revelación expresa un deseo de Rubén animador de uno de sus temas frecuentes: la fuerza y el poder del brutal-Goliat-vencida por el espíritu, que en sentido bíblico fue la actividad que venció en David. Pero la alegoría tiene nuevo significado. Quien hiere el alma de Goliat es el que sueña: el alma de David, libre de persecución para siempre, acompañará al poeta y hay música de arpa y entonación de salmos junto a él.
Otro texto de Rubén sobre el rey poeta hebreo es “el cuento alegórico: El árbol del rey David donde reconstruye un día de la vejez de ese personaje bíblico que es tan conocido como Jesucristo, el rey poeta junto a la sulamita adolescente de Abisag.
Reitera Meléndez esa obsesiva predilección que desde la niñez impregnó al poeta Rubén Darío de los misteriosos y a veces enigmáticos mensajes de la biblia. Dice: todos los personajes importante del Antiguo Testamento desde Abraham a Salomón aparecen en algún verso o en una mención de la prosa dariana. Entre ellos ocupan mayor espacio Moisés, Job y Salomón.
Moisés atrae al Rubén adolescente. Abre la discusión sobre el dogma y la ciencia del soneto: ¿Quién vencerá?
También es Moisés el primer personaje bíblico a quien dedica un poema entero: La ley escrita. En el Sinaí vestido del relámpago, sin temor al trueno que retumba,
sale un hombre sereno
que avanza y sube por las rocas duras.
Dice Meléndez: Estos dos versos son los mejores del poema, pero todo él nos da la impresión honda de Rubén ante los mandamientos mosaicos, glosados brevemente aquí.
JOB
Job fue para el poeta algo más afín a su alma. El dolor de Job, sus lamentaciones, las hizo el poeta suyas en momentos de amargura de desolación. Es curioso que Job encabece el grupo que recibe a Víctor Hugo más allá de la muerte (poema: Víctor Hugo y la tumba)
Job, Esquilo, Homero, Tácito, Juan Pablo, Juvenal, Alighieri, Cervantes, Rebeláis. Sobre todos ellos Jesús.
Las huellas de Job puede encontrarse en el soneto: Melancolía donde el poeta se describe en un mundo amargo, con tinieblas en sus veredas y “titubeos de aliento y agonía”. El “nada cierto sabemos” de Job, es la congoja dominante en el poema Lo Fatal agravada por “ser sin rumbo cierto”, “ser y no saber”.
Es el año 1885. Darío mezcla en sus vastas lecturas al folclórico Job para él espejo donde mirar sus angustias.
Las aflicciones de Job por una aflicción en apariencia inmerecidas llevaron al poeta, como a todos los que leen el libro, a pensar sobre el significado y propósito de la vida. En el Nocturno, como ha visto Marasso, hay resonancias de uno de los pasajes más dramáticos de Job. Verso extraño que servirá para mirar otras visiones nocturnas en la montaña negra donde Rubén sitúa sus visiones…Job habla de “imaginaciones” nocturnas cuando el sueño cae sobre los hombres y le sobreviene un espanto y temblor:
Silencio de la noche, doloroso silencio
nocturno…Por qué el alma tiembla de tal manera?
Meléndez, deja constancia de la presencia de las mujeres bíblicas en la obra dariana, especialmente la poesía. “Las mujeres del Antiguo Testamento Ruth, Ester, Dalila con excepción de Abisag, la sulamita, pasan como dibujos rápidos. En el poema Heraldos, Ruth es anunciada por un paje con un lirio. El lirio aquí es el símbolo de la bondad y dación de Ruth en el otoño de Booz. Ester se nombra en el Lay a la manera de Johan de Torres en la purificación con perfumes durante seis meses con que se preparaban las vírgenes destinadas al rey persa. Dalila se asocial siempre a Sansón como cifra de engaño femenino”.
Darío también se inspiró en la reina-negra-Saba, personaje bíblico, que es objeto ahora de minuciosas investigaciones porque existe la posibilidad de que haya sido una reina etíope; eslabón perdido entre los faraones egipcios.
La doctora Meléndez cita Divagación poema de Prosas Profanas.
El SABIO SALOMÓN
Dice Meléndez que aunque la biblia no cuenta a la reina Saba entre las mujeres amantes de Salomón en el relato de su visita, sabemos que el rey le dio todo lo que ella pidió, además de lo que Salomón le diera. Y ella “se fue a su tierra con sus criados” (1 de Reyes. 13).
Darío uso poéticamente la leyenda de un episodio de amor entre el rey hermoso y la intrépida reina, que hizo un viaje de mil doscientas millas desde Arabia para poner a prueba la sabiduría y opulencia de Salomón. En la última estrofa de Divagación exclama el poeta nicaragüense.
Se mi reina de Saba, mi tesoro;
descansa en mis palacios solitarios.
Duerme. Yo encenderé tus incensarios
y junto a mi unicornio cuerno de oro
tendrán rosas y miel tus dromedarios.
La ve el poeta atravesando el desierto en la caravana de camellos de su visión ante la página blanca seguida del camello que lleva,
el cofre de ensueños, de perlas y oro
que conduce la reina Saba.
Que Rubén aceptó la leyenda de amor entre el rey sabio y su visitante fastuosa, lo evidencian los versos de la poesía de La negra Dominga.
fuego tiene que Venus alaba
y envidiará la reina de Saba
para el lecho del rey Salomón.
Una de las interpretaciones más interesantes sobre Salomón y la predilección de Darío por este mítico rey Bíblico, lo devela Concha Meléndez en su análisis sobre el cuento: El Salomón Negro. “Aprovecha con arte aquí El libro de los hechos de Salomón citado en la Biblia en el capítulo décimo del libro primero de Reyes. El Salomón de éste cuento tiene la sabiduría y esplendor tradicional con que aparece en la Biblia pero añade detalles tomados de la invención en la leyenda, como el anillo mágico y el poder de sus ensalmos. El tema es una de las tentaciones del rey, la mayor de todas, la negación de la existencia de Dios”.
El Salomón negro es la antítesis del blanco, amador de la verdad, mientras el otro “reina en la mentira” niega la pureza en que según el rey viven los animales del Señor, desmintiendo la creencia que cada uno declara. “Salomón en su Gloria nada puede contra mí”, termina el príncipe de la sombra.
La solución del cuento es inesperada. El Salomón negro dice llamarse también Federico Nietzsche. En su confusión el Salomón blanco se vuelve a Dios para sanar su desconcierto con la contemplación de la Verdad. El narrador deja que uno de los fabulosos pájaros que ama, aclare el sentido del cuento, el pájaro Simorg, que vuela desde las montañas de Kaf en su menester de predicador inmortal. Simorg habla en estilo bíblico:
Salomón, Salomón, has sido tentado. Consuélate:
regocíjate.
¡Tu esperanza está en David!
(El Salomón negro, Cuentos completos,
Edición de Ernesto Mejía Sánchez, México,
Fondo de Cultura Económica, 1952)
EL CANTAR DE LOS CANTARES
“Rubén leía la Biblia como artista, sin preocupaciones eruditas, como lectura dadora de sabiduría y belleza”, dice Meléndez en la introducción a la predilección de Darío por este libro del antiguo testamento. Y cita esta anécdota del profesor Edelberto Torres autor de “La dramática vida de Rubén Darío”, una de las mejores biografías del poeta.
“En una epidemia de viruelas, estando, convaleciendo del terrible mal, Darío, en la población de Santa Tecla en San Salvador, las mujeres que lo cuidaban le proporcionaron una Biblia que les pidió. Volvió a leer El Cantar de los Cantares y escribió un soneto que es uno de los mejores escritos en su adolescencia”.
Aroma puro y ámbar delicado,
miel sabrosa que liban las abejas,
lo blanco del vellón de las ovejas
lo fresco de las flores del ganado.
(El cantar de los Cantares, Poema de adolescencia)
ECLESIASTÉS
En el libro” Poema del Otoño y otros poemas Rubén Darío cita al libro bíblico Eclesiastés de Salomón que aparecerá reiteradamente en su poesía en su corta vida.
“El Eclesiastés penetra con intensidad en el primer poema de este libro, reapareciendo en otros como nota recurrente. Si el poema se compuso, como es probable, en 1909, el otoño para Darío empezó a los treinta y nueve años. El carpe diem de Horacio en él se vuelve prisa melancólica. No hay consistencia de pensamiento y orden lógico en El Eclesiastés. La nota dominante es la vanidad de todo, lo que el poeta del canto del otoño resume así:
¡Sí lo terreno acaba, en suma,
cielo o infierno
y nuestras vidas son la espuma
de un mar eterno!
(Dedicatoria, Poema del otoño,
Obras completas (Madrid, M. Aguilar, 1932)
En el poema Gaita galáica Rubén Darío reproduce con algunas variantes literalmente versículos del capítulo tercero de El Eclesiastés.
Ya nos lo dijo el Eclesiastés:
tiempo hay de todo: tiempo de amar,
tiempo de ganar, tiempo de perder,
tiempo de plantar, tiempo de coger,
tiempo de llorar, tiempo de reír,
tiempo de rasgar, tiempo de coser,
tiempo de nacer, tiempo de morir.
“El título Poema del otoño se aviene al contenido del libro con más rigor que el de los anteriores. Sigue resonando en tema estructural de todo él en la música de El clavicordio de la abuela que había adelantado en 1892 en las dos últimas estrofas, a la predica de El Eclesiastés “al pobre viajador”, explica Meléndez.
El Nuevo Testamento
En esta segunda parte, Concha Meléndez analiza la influencia del Nuevo Testamento en la poesía y prosa de Rubén Darío.
En el Nuevo Testamento Rubén Darío busca la gracia redentora del “perdonador de injurias”. Es el manantial de agua viviente donde encontró la luz de sus más bellas creaciones de inspiración bíblica.
Pero antes de entrar de lleno a escudriñar las influencias del Nuevo Testamento en la obra dariana, Meléndez patentiza la presencia de dos mujeres que tuvieron para el poeta “categoría de símbolos de aspectos del alma femenina, como son por ejemplo la marquesa Eulalia y la princesa adolescente de Prosas Profanas Herodías y Salomé”. Símbolos del amor carnal destacadas en el poema X en la sección otros poemas de Cantos de Vida y Esperanza y en el poema XIII donde “Salomé habita en el país de las alegorías: “alegoría eterna del poder de la atracción carnal de la mujer y del enigma espiritual”. En el país de las alegorías está también Juan el Bautista, “ante quien tiemblan los leones”, en el momento en que su cabeza recibe el hachazo certero. Para Salomé, el poeta idea una nueva muerte en un cuento fantástico: (La muerte de Salomé, Cuentos completos, 151-152) “el collar de oro en forma de víbora que lleva al cuello cobra vida, apretándole hasta separar su cabeza del cuerpo”. Es un cuento concebido y realizado sin gran eficacia narrativa y artística.
LA EPIFANÍA
Rubén Darío se introduce al Nuevo Testamento con la visión espiritual y misteriosa del poema Los tres Reyes Magos: “Entran en la obra poética de Darío en 1905 y lo hacen presentándose a sí mismos nombrando cada uno de él don que trae; afirmando la existencia de Dios y expresando su sabiduría cada uno en una declaración sobre el amor divino, el placer y la fortaleza de Dios en la verdad conocida después de la muerte”
Recurre Concha nuevamente a Arturo Marasso (Arturo Marasso, Rubén Darío y su creación poética, Argentina, Universidad Nacional de la Plata, 1934) para aclarar algunos detalles del poema que lleno de candidez plantea la adoración del hijo de Dios con la mansedumbre que los terrenales –aunque sean reyes-tiene con el redentor del mundo: Jesucristo.
Dice Meléndez que es posible como lo plantea Marasso que Darío haya sido influido por el texto medieval del siglo XII o XIII llamado “Auto de los Reyes Magos” para componer su “auto en miniatura” sobre los tres Reyes que fueron a Belén a adorar al niño Jesús.
Cabe aclara que: Auto de los Reyes Magos, también conocido como Representación de los Reyes Magos, es una primitiva pieza dramática toledana, escrita probablemente en el siglo XII. Se encontró en un códice en la biblioteca del Cabildo catedralicio de Toledo, por el canónigo don Felipe Fernández Vallejo y está en la Biblioteca Nacional de España. Se la considera la primera obra teatral castellana española.
La Epifanía caló profundamente la imaginación y la sed de misticismo en Darío que repite el tema de la Adoración de los Reyes Magos en el cuento “La Noche Buena”: “en la visión del hermano Longinos perdido bajo la sombra de la montaña negra, fuente para Rubén de visiones sobrenaturales”.
“En el cuento La rosa niña (La rosa niña, Rubén Darío, poesía, 428-430) como en el Cuento de Noche Buena, el don de la niña es una milagrosa transformación. Todo imaginativo fluir enriquecido por el manantial originario que el poeta crece en caudal con lecturas afines”.
EL PERDONADOR DE INJURIAS
Afirma Meléndez que es a Darío a quien debemos la designación de Jesucristo como el “perdonador de injurias”. “A Darío debemos este nuevo nombre de Jesucristo que podemos añadir a los que le dio proféticamente Isaías al anunciar su nacimiento”. En los poemas de adolescencia, la imagen de Jesús en la Calle de la Amargura, gimiendo después en la cruz, es la que impresiona. Esta común identificación de los grandes sufrimientos en el Calvario perdura revestida de sincera confesión en la extraordinaria Epístola a la señora de Leopoldo Lugones: ¿He tenido yo Cirineo en mi calvario?
Cabe recordar aquí que entre los libros de cabecera de Darío desde su juventud está la Biblia, de aquí que el poeta embebido de las “sagradas escrituras” recurra a ellas para expresar sus profundos dolores de su alma desde la juventud.
Una prueba más de la importancia de la Biblia en la obra dariana es Belén. “El lugar de nacimiento de Jesús es primero para el poeta esperanza de redención, después representa la gozosa vuelta a la ciudad de su niñez, León de Nicaragua y al fin la irremediable tristeza de verse lejos de todo lo que Belén significa”.
La primera vez que Darío usa a Belén como destino final está en el último verso del poema Inicial de Cantos de Vida y Esperanza… “hacia Belén la caravana pasa”.
Concha Meléndez ahora recurre al maestro Pedro Henríquez Ureña quien consideraba los Cantos de vida y Esperanza como “el credo moral del poeta”.
Meléndez, quien compartió personalmente con Alfonso Reyes-otro de los primeros estudiosos de la vida y obra de Rubén Darío-asegura que el mexicano confesaba que el trabajo de Henríquez Ureña es “un estudio no solo modelo de crítica, sino de la piedad y delicadeza, aunque no es una biografía, dice lo bastante del hombre para que lo comprendamos mejor. “Ve en los Cantos de Vida y Esperanza obra plena y melancólica de hombre”. Aquí también se habla del mejor retrato de Darío que hizo Julián del Casal en su “Páginas de Vida”. Y expresa en cuatro versos el mejor retrato de su amigo:
¡ígnea columna sigue mi paso cierto!
¡Salvadora creencia mi ánimo salva!
Yo sé que tras las olas me aguarda el puerto;
yo sé que tras la noche surgirá el alba.
Belén, el pueblito donde nació Jesús, destaca Meléndez, es para Darío la referencia constante de la existencia del “perdonador de injurias” como el bálsamo que lo redimía constantemente. Por eso el “ego sum lux, et veritas et vita” es citado tres veces en sus poemas. Él es la luz, el camino y la vida dice en el poema Pax. “La caravana que ve Darío hacia Belén-que significa en hebreo casa del pan- ha triunfado del rencor y de la muerte espiritual y física que el rencor produce. Si aceptamos el pan de vida, aceptamos el amor y la sabiduría que nos ofrece con él el Maestro”
En este minucioso recorrido por los textos bíblicos en la poesía de Rubén Darío la ensayista establece un antes y un después en la vida del poeta con el poema “La dulzura del Ángelus”.
“El perdonador de Injurias” sigue acompañando desde ahora al poeta, que cada vez más consciente de la necesidad de ser perdonado; con la amargura de la condenación de sí mismo más honda cada día. En la Historia de mis libros al comentar la poesía La dulzura de Ángelus dijo que ella presenta como refugio verdadero la creencia de la Divinidad y “purificación del alma y hasta de la naturaleza por la íntima gracia de la plegaria”. Buscó esa gracia purificadora en las poesías oracionales.
Esta transformación de Darío hacia el cristianismo está resumida en el poema Spes. “Entre todos Spes resume mejor la contrita petición de gracia, donde alumbra el recuerdo de las palabras perdonadora de Jesús a los que le torturaron en la crucifixión; a Dimas ofreciendo el paraíso.”
“El título Spes se define en la desesperada segunda estrofa, reveladora del espantoso horror de una agonía que en él se ha vuelto una obsesión. La esperanza del poeta es la misma de todos los que quieren ver, como Fray Luis de León “la verdad pura, sin velo”, libres de la prisión que ellos ven en la vida.
Aclara Meléndez que a esa imagen del Perdonador asoció siempre el poema Israel por el amor del poeta al pueblo bíblico. El soplo de la Biblia mueve con inefable voz la estrofa inicial:
¡Israel!, ¡Israel! ¿Cuándo de tu divina
faz en la sangre pura resbalará el diamante?
¿Cuándo el viento del río hará que el arpa cante
entre el concurso eterno de la brisa argentina?
Reminiscencias de Ezequiel y de Isaías fecundan las raíces de estos versos profundos.
EL SÍMBOLO DE LA CRUZ EN TRES POEMAS
Si los textos bíblicos contraponen el hedonismo dariano tan popularizado, el símbolo de la cruz de los cristianos está presentes en algunos poemas como evidencia de su devoción por ese personaje que de niño menciona en los tres Reyes Magos. “Como solución final de artística excelencia aparece la Cruz en el Responso a Paul Verlaine, en la elegía “En la muerte de Rafael Núñez” y En elogio de Fray Mamerto Esquiú.
Examinemos la magistral introducción que hace Cocha Meléndez a esta llamada “conversión de Darío”.
“En el responso a Verlaine encontramos con relieve culminante, la oscilación en que tanto ha insistido la crítica: el alma del poeta “entre la catedral y las ruinas paganas”; entre Dios y los dioses, frases del poeta mismo donde se ha visto una nivelación que reduce a una imagen poética mas, la estructura cristiana de su pensamiento. Sabe el poeta que los dioses que revivió están muertos entre las ruinas paganas y fue hazaña casi demiúrgica hacerlos revivir en su poesía.
Hay en un Frontispicio del libro Los Raros, recogido por Mapes en Escritos inéditos de Rubén Darío, que conviene estudiar en relación con el Responso y con el tema de los dioses mitológicos en la obra del poeta.
Allí presenta a Pan como dios aparecido, espectral, “porque las voces que un día anunciaron su muerte no mentían”. Ahí también está la descripción de “la negra montaña de las visiones hechizadas de luna” en que insiste su poesía. Poblada de espíritus errantes que sollozan, de ojos de fuego, sólo descubre sus secretos a los que “perdidos ¡ah! en la peregrinación” oyen “lo que brota de la boca sin labios de Pan espectral”.
Sobre estas visiones se levanta la Cruz vencedora y como el poeta Divina Psiquis el alma vuela entre la catedral y las ruinas paganas, pero al fin se posa “en un clavo de nuestro Señor”. Esa es la solución del Responso. El poeta ha estado diciendo todo lo que debe embellecer la tumba de Verlaine, todo lo que su corazón desea que defina esa tumba. Al evocar la montaña negra de las visiones, quiere ver el rostro de ultratumba de Verlaine bañado de la luz compasiva, blanca, insinuadora de perdón, quiere que huya del tropel de centauros, para que la música pánica se ajuste a la música de los astros y el Sátiro espectral pueda contemplar:
¡una cruz que se eleve cubriendo el horizonte
y un resplandor de la Cruz!
EL APOCALIPSIS DE JUAN
La poética revelación de Juan en Patmos, con sus prodigios y espantos, también se trasluce en numerosas imágenes en el conjunto de la obra poética dariana. El tono es inconfundible en los poemas: Santa Elena de Montenegro, Canto de esperanza y A Francia.
A la segunda venida de Cristo aludió repetidas veces Rubén, no solo en su poesía sino en la prosa de crónicas. “El canto de Esperanza es reaparición del espíritu apocalíptico en la moderna visión de un poeta que mira su tiempo bajo la inminencia del milenio y ve augurios de guerra, peste y locura en una humanidad hundida en pozo de sombras para odiar y destruir”
El poeta piensa en el Anticristo y en el caballo blanco del Apocalipsis identificando al jinete que lo monta con Jesucristo.
El poeta quiere oír el clarín divino anunciador de la venida salvadora para darse en la entrega significada en el verso de suprema, amorosa devoción:
“Mi corazón será brasa de su incensario”
DARÍO, TAL CUAL LA BIBLIA DICE
En el poema Retorno, Darío hace alusión de Jesucristo niño Dios, rememorando cuando participó en su León natal en las fiestas de la Epifanía:
Bendito el dromedario que a través del desierto
condujera al Rey Mago de aureolada sien
y que se dirigía por el camino cierto
en que el astro de oro conducía a Belén.
“Tal cual la Biblia dice, ideó un cuento, “Un Sermón” con el mismo recurso de sorpresa al final que usó en El Sermón negro. En Un Sermón identifica al predicador de la Basílica de San Pedro en Roma con Castelar. El tercer párrafo del cuento sintetiza las voces bíblicas desde el Génesis hasta el Apocalipsis”.
Agrega Meléndez este detalla a un Darío excelso inspirado en la Biblia:
“El salmo florido o terrible; el proverbio sabio; el cántico todo manzanas rosas y mirra de donde hizo volar el orador una bandada de palomas”.
Aquí Meléndez nos revela un cuento poco conocido de Darío titulado: La Pesca, donde Jesús es el personaje:
¿Y qué decir del cuento La Pesca, parodia encantadora donde Jesús reaparece repitiendo el milagro de la red henchida cuando se hundió en lo profundo?
Meléndez, profundiza en el calvario de Darío que terminará en febrero de 1916. “Mas ha llegado el momento de la Canción de otoño a la entrada del invierno (Canción de otoño a la entrada del invierno, Rubén Darío, poesía, 477-478).
“El poeta enfermo se siente triste hasta la muerte en su Getsemaní final. Ha escrito en 1915 La queja del establo, cuento en verso donde los animales que ofrecieron sus alimentos y su vaho al Niño Santo, dialogan con tristeza sobre su destino terrenal y son consolados por un ángel al descubrirles un secreto de Dios:
Vosotros que en Belén fuisteis por nuestra Luz
os juntaréis con quien compartiera su Cruz,
y allá en el sacro Empíreo donde o lleve el deseo
¡os llevará a pastar San Simón Cirineo ¡
El año 1915 le propone augurios dolorosos a Darío. En ese año escribió para las conferencias que proyectaba ofrecer en las dos Américas por la paz del mundo; el poema Pax donde “la bíblica inmensidad” es la sustancia más evidente, mezclándose con el panorama sombrío de la Primera Guerra Mundial. En el frio invierno de New York escribe en el álbum de la señora Huntington el “Soneto Pascual”.
“Es el epílogo mejor que he encontrado por este viaje por el mundo de la Biblia en Rubén Darío”, aclara Concha Meléndez.
Agrega:
María y José miran en los ojos del Niño el milagro anunciado por la estrella. No ven, como el poeta, el martirio futuro que le espera.
A estas alturas de su vida llena de sorpresa dolorosas y abandonos el poeta vislumbra en la alegoría del nacimiento de Jesús, el final que tendrá el Salvador del mundo quien será colgado en el madero en una crucifixión…sin compasión.
Para corroborar la desesperanza de Darío, “los tercetos no admiten la paráfrasis. Es inefable el enlace que ve el poeta entre lo que parece una procesión vista en su niñez con una pintura de lírica suavidad”.
Esa visión en mi se alza y se multiplica
en detalles preciosos y en mil prodigios rica
por la cierta esperanza de más divino bien
de la Virgen, el niño y el San José proscripto;
y yo, en mi pobre burro caminando hacia Egipto
y sin estrella ahora, muy lejos de Belén.
Los dos versos finales son indicio de la desesperanza irremediable y la amargura mortal de este tiempo último de su vida.
Al llegar al término de este viaje por el mundo bíblico del poeta mis ojos leen una inquietante advertencia suya:
Mi vida como Asuero a Ester
maceré con sagrados ungüentos.
Nadie has visto mis pensamientos
del modo que deben ser.
Meléndez advierte que: ¡Ojalá que este examen de sus pensamientos-los de Darío- los haya visto del modo que se deben ver! ¡Ojalá que mi modo de ver me haya dado la luz cierta!
Concha Meléndez, Antología y cartas de sus amigos,
Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1995.
“La voz de la biblia en Rubén Darío”,
Poetas hispanoamericanos diversos, 1971
(pág-121-145.) Ensayo.
JALuna
Tampa, Florida, noviembre 2020
2020-05-09 17:13:43
Dieron por muerto a Rubén Dario a causa de la peste
Dan por muerto al poeta
UNA EPIDEMIA DE VIRUELA CASI MATA A RUBÉN DARÍO
Tenía tan solo 16 años
Por José Antonio Luna
Editor www.escritoreslibres.org
En estos tiempos de reclusión forzada, de cuarentena, por causa de la pandemia de coronavirus, Covid-19, releyendo la autobiografía de Rubén Darío, me encontré este pasaje de la vida del poeta niño poco conocido o mencionado, cuando este tenía años 16 y fue dado por muerto por su ausencia prolongada de la vista pública cuando una epidemia de viruela asoló a El Salvador donde residía a esa corta edad.
El incidente del contagio de viruela de Rubén, enfermedad que en esos días era mortal, fue recogida por el profesor Valentín de Pedro en su obra “Vida de Rubén Darío” excelente biografía poco conocida por el público nicaragüense.
En su autobiografía, Darío, incluye el episodio de la viruela en El Salvador en el capitulo XVII junto con otro relato de otro suceso en Chile. Por su parte Valentín de Pedro, riguroso investigador, además del relato de Darío incluye detalles de como el poeta fue dado por muerto por la prensa amarillista de Nicaragua.
Confiesa Darío-en su autobiografía- que debido a su vida desordenada y sus excesos con la bebida perdió el apoyo del gobierno de el presidente de El Salvador, doctor Rafael Zaldívar.
Con apenas 16 años ya Darío sufría las consecuencias del uso y abuso del alcohol y las comidas.
Dice textualmente Darío:
“Un día, en momentos en que estaba pasando horas tristes, sin apoyo de ninguna clase, viviendo a veces en casa de amigos y sufriendo lo indecible, me sentí mal en la calle. En la ciudad había una terrible epidemia de viruela. Yo creí que lo que me pasaba seria un malestar causado por el desvelo; pero resultó que desgraciadamente era el temido morbo. Me condujeron a un hospital con el comienzo de la fiebre. Pero en el hospital protestaron, puesto que no era aquello un lazareto; y entonces, unos amigos, entre los cuales recuerdo el nombre de Alejandro Salinas, que fue el más eficaz, me llevaron a una población cercana, de clima más benigno que se llamaba Santa Tecla. Allí se me aisló en una habitación especial y fui atendido, verdaderamente como si hubiese sido un miembro de la familia, por unas señoritas de apellido Cáceres Buitrago. Me cuidaron, como he dicho, con cariño y solicitud sin temor al contagio de la peste espantosa. Yo perdí el conocimiento, viví algún tiempo en el delirio de la fiebre, sufrí todo lo cruento de los dolores y de las molestias de la enfermedad; pero fui tan bien servido que no quedaron en mí, una vez que se había triunfado del mal, las feas cicatrices que señalan el paso de la viruela”.
Valentín de Pedro además de publicar textualmente la narración de Darío, comenta y agrega la información de que por causa de la viruela a Darío la habían dado por muerto.
Fue tanta la gravedad de su estado que llegó a dársele por muerto, como lo prueba esta noticia publicada por El Mercado de Managua, en su número 16 de septiembre de 1883:
“A las Musas Centro-Americanas damos nuestra expresión de dolor, por la perdida sufrida con la muerte del niño poeta, el joven Rubén Darío natural de León, acaecida en El Salvador, a causa de la penosísima enfermedad (alfombrilla). Contaba apenas 19 años”.
Comenta de Pedro:
“Por suerte la noticia era tan verdad como que el poeta contaba con 19 años, pues solo había cumplido 16. El periódico La República de San Salvador, fue la encargada de desmentirla con estas líneas: “Nosotros vimos a Darío en los días en que El Mercado daba esa funesta noticia, y sabemos que hoy se encuentra bueno y sano, a Dios Gracias, en León de Nicaragua, para donde partió hace poco”.
JALC-mayo 2020
LOS ZOPILOTES
2020-01-18 09:20:16
Visión de Rubén Darío sobre las inmundicias en Nicaragua
EL ENIGMÁTICO POEMA “LOS ZOPILOTES”
Mi buen amigo Dariista y ensayista Gustavo Adolfo Montalván Ramírez me envió este poema de don Rubén Darío. Poema enigmático, subliminal, apocalíptico por posiblemente encriptar el mensaje real como hizo Juan en su libro Revelaciones. Rubén posiblemente, se refiriere a los gobernantes rapaces y voraces de Centroamérica que en esos tiempos buscaban como llenar sus bolsillos de dinero, como ocurre ahora, con las riquezas naturales de la empobrecida nicaragua que en esos días era prospera... como ocurre ahora con el famoso canal…interoceánico.
JALuna/Editor
Esta es la idea que se tiene del poema…
Al ver algunas inmundicias de Managua y de otros sitios, el poeta Rubén Darío tomó muestras de inspiración que quedaron tipificadas como desaseo en la ciudad capital, y que aún se puede confirmar en el siglo XXI, que el poeta describía con mucho tino, la falta de higiene en las calles de Managua hacia el año 1886.
2019-02-06 00:24:48
Se cumplen hoy 103 años de la muerte de Rubén Darío
LOS MOTIVOS DEL LOBO
En un Día como Hoy 6 de febrero, pero del año 1916, es decir hace 103 años, Rubén Darío, el más grande genio que ha tenido Nicaragua entregó su alma al creador. Le recordamos y le rendimos homenaje con su poema LOS MOTIVOS DEL LOBO en el que desnuda las miserias del alma humana.
2014-02-06 09:00:00
En un día como hoy
15 DE DICIEMBRE DE 2015
EL GOBIERNO NUNCA PAGÓ A DARÍO 9 MIL DÓLARES QUE LE DEBÍA
Vida, pasión y muerte de Rubén Darío
Por: Freddy Rostrán A.
En un día como hoy 15 de diciembre, pero del año 1915, es decir hace 98 años, Rubén Darío es trasladado a Managua en la ruta inexorable que había comenzado hacia la muerte.
Nuestra máxima gloria había regresado a Nicaragua veintidós días antes, el 28 de noviembre procedente de Guatemala, en un viaje que comenzó en España rumbo a Estados Unidos. Era el último que hacía Rubén Darío. Dejaba en España a su amor de otoño, Francisca Sánchez, y al hijito de ambos, Wicho, entonces de solo 8 años.
En Estados Unidos lo hospitalizaron con pulmonía doble, y los médicos le dieron "el hachazo". Le informaron que su vida estaba llegando a su final.
En Managua fue llevado a casa de su cuñado, el mismo que años antes lo había obligado pistola en mano a casarse con Rosario Murillo.
Rubén esperaba que el Gobierno le pagara alrededor de 9 mil dólares que le debía por su desempeño como Embajador en España. Tenía la expectativa de que al trasladarse a Managua sus gestiones fueran más eficaces, El Presidente Adolfo Díaz le envió 200 dólares, realmente una ofensa para el hombre que dio tanto brillo y gloria a Nicaragua.
FUENTES:
"Vida de Rubén Darío" escrita por él mismo
"Vida y Obra de Rubén Darío" de Francisco Contreras Valenzuela
"Últimos días de Rubén Darío" de Francisco Huezo
"La Dramática Vida de Rubén Darío" de Edelberto Torres
"Rubén Darío en Managua" de Jorge Eduardo Arellano
DARÍO Y SU PRIMERA ESPOSA: Rafaelita Contreras: “Azucena tronchada por un fatal destino” de Jorge Eduardo Arellano
Documentos del Ing. Rubén Darío Lacayo
"La muerte de Rubén Darío" de Isabel Herrera
19 DE DICIEMBRE DE 2015
RUBÉN DARÍO: YO NO CREO EN LOS MÉDICOS
Vida, pasión y muerte de Rubén Darío
Óleo del médico, Dr. Luis H Debayle, a quien llamaban El Sabio. (Tomado del libro "Vida y Obra de Rubén Darío", ampliado por el Arq. Flavio Rivera).
Por: Freddy Rostrán A.
En un día como hoy, 19 de diciembre, pero del año 1915, es decir hace 98 años, Rubén Darío pasa una mala noche, su salud se ha deteriorado gravemente.
El poeta se encuentra en Managua, en casa de su cuñado Andrés Murillo. Lo asisten tres médicos. A Rubén le han diagnosticado cirrosis atrófica como consecuencia de un consumo excesivo de bebidas alcohólicas.
—He pasado mala noche, mala, pésima. El estómago ha crecido un centímetro. Me aconsejaron chalocogue. Creo que he sido víctima de las drogas, le dice a su amigo, el periodista Francisco Huezo.
Rubén sufre retorcijones, náuseas y hemorragia intestinal. Además, se siente fatigado. La noche anterior nuestro poeta tampoco pudo dormir. Para colmo la persona que se quedó a velar para cuidarlo se durmió y roncaba espantosamente.
Rubén tuvo que gritar y pedir auxilio para que llegaran a despertar al dormilón.
- Si lo ves dile que no vuelva a quedarse. Que se lo agradezco en el alma. Ya no quiero alarmar a mi familia con nuevos gritos de ¡socorro!, le pidió a Huezo.
Los médicos que atendían a Rubén en esos días eran los hermanos Emilio y Enrique Pallais, y Jerónimo Ramírez.
El poeta tiene 38 grados de temperatura. Sus labios delgados y la lengua están rojos.
Rubén está muy triste viendo que la muerte se le estaba aproximando, y miraba su vida en retrospectiva.
Soy un tronco viejo, arruinado, en cenizas, le manifiesta a su amigo que lo escucha y que después relatará los últimos días vividos por el panida.
Huezo le dice a Rubén que necesita una asistencia médica más activa, y le sugiere que lo vea el Dr. Luis H. Debayle. El Sabio Debayle, le llamaban.
El enfermo contesta:
—Bueno ¡Está bien! Ya he dicho más de una vez que no creo en los médicos. Le tengo horror a la disectomía, tan en boga en París, y tan combatida por la prensa, por razones de humildad y piedad. Pero que venga, que me vea y que me haga lo que dicen. Quisiera que sólo él procediera, sin que me tocara otra persona. Lo repito: no creo en los médicos.
Le tengo horror instintivo a su ciencia y sobre todo a sus aparatos teatrales. Son pocos los sinceros e ingenuos, los modestos y sabios de verdad. En la mayoría, tropieza uno con farsantes, farsantes cuchilleros, asesinos feroces.
A Rubén le quedaban entonces sólo 60 días de vida.
FUENTES:
"Vida y Obra de Rubén Darío" de Francisco Contreras Valenzuela
"Últimos días de Rubén Darío" de Francisco Huezo
Hace 100 años
24 DE DICIEMBRE DE 2015
LA ÚLTIMA NAVIDAD DE RUBÉN DARÍO
Vida, pasión y muerte de Rubén Darío
Rubén está consciente de que la hora de su muerte está cerca
Por: Freddy Rostrán A.
En un día como hoy 24 de diciembre, pero del año 1915, es decir hace, 98 años el excelso poeta Rubén Darío pasa la última Navidad de su vida en Managua, Nicaragua. Ha venido a su patria a morir.
Rubén está triste pensando en su hijo Güicho, de tan solo 8 años, que ha dejado al otro lado del Atlántico, y que esa noche no tiene navidad feliz.
Nuestro glorioso poeta ha dejado en España a la mujer que ama, la Paca Sánchez, su "Lazarillo de Dios en el sendero". Francisca quedó sola con el chiquillo.
"A usted lo llevan engañado Tatay", le dijo ella al despedirlo llorando en el Puerto.
"Si vivo, nos iremos a vivir a Argentina. Si muero, yo te cuidaré desde el otro mundo", le escribirá él más tarde.
Esa noche el niño de 8 años, sueña con su padre.
Rubén recibe la visita de su amigo, el periodista Francisco Huezo, que se convierte en el testigo de sus últimos días, y habla con él animadamente. Le dice que acaba de leer al dramaturgo noruego Enrique Ibsen y que siente que el resume su destino en el drama Juan Gabriel.
"Tiene frases que condensan mi doloroso destino y que quisiera ver escritas a los pies de mi lecho en el momento de morir. Porque, te digo con sinceridad, yo creo que he venido a Nicaragua sólo a morir. No le tengo miedo a la muerte. ¡Qué importa que venga!...
¿Cuáles son las palabras de Ibsen? Pregunta el periodista.
Rubén responde:
Helas aquí. Son del drama Juan Gabriel. “Has matado mi vida por el amor. ¿Lo entiendes? La sagrada escritura habla de un pecado misterioso para el cual no hay redención. No comprendía yo qué pecado era ese que no podía ser perdonado, ahora ya lo sé. El crimen que no puede borrar el arrepentimiento, el pecado a que la gracia no alcanza…lo comete quien mata una vida por el amor”.
El poeta recuerda persistentemente la trampa que le tendió su cuñado para obligarlo a casarse con su hermana Rosario Murillo, quien ya había perdido la virginidad, lo cual significaba en aquella época que ningún caballero querría casarse con ella.
El 24 de diciembre del año anterior se encontraba en Nueva York, enfermo. Pero sacó fuerzas para escribir un poema navideño dedicado a su hijito Güicho. El Soneto Pascual. En estos versos trasluce cuan adolorida está su alma.
"María estaba pálida y José el carpintero:
miraban en los ojos de la faz pura y bella
el celeste milagro que anunciaba la estrella
do ya estaba el martirio que aguardaba el Cordero.
Los pastores cantaban muy despacio, y postrero
iba un carro de arcángeles que dejaba su huella;
apenas se miraba lo que Aldebarán sella,
el lucero del alba no era aún tempranero.
Esa visión en mí se alza y se multiplica
en detalles preciosos y en mil prodigios rica,
por la cierta esperanza del más divino bien,
de la Virgen, el Niño y el San José proscripto;
yo, en mi pobre burro, caminando hacia Egipto,
sin la estrella ahora, muy lejos de Belén".
Otro gran poema navideño de Darío es el de la Rosa Niña, la pequeña que no tenía nada que ofrecerle al Niño, mientras los Reyes Magos le rinden sus respetos llevándole oro, incienso y mirra. Entonces la niña se convierte en rosa para ofrecerse ella misma, con "su cuerpo hecho pétalos y su alma hecha olor".
Sé que he venido a mi patria solo a morir, dice Rubén en la noche de su última Navidad. Al poeta, efectivamente, solo le quedaban entonces 53 días de vida.
Darío ofendido
6 DE ENERO DE 2016
YO NO SOY NACATAMALERO
(Cuarta entrega)
Vida, pasión y muerte de Rubén Darío
Por: Freddy Rostrán A.
En un día como hoy, 5 de enero pero del año 1916, es decir hace 98 años, Rubén se encuentra en su lecho de enfermo en la ciudad de Managua, la cirrosis está minando su vida, y sufre una terrible cólera cuando uno de sus amigos llega a felicitarlo porque el Gobierno de la República que le debe más de 9 mil dólares por servicios prestados en el campo de la dilplomacia internacional, ha aprobado entregarle doscientos dólares...¡Sólo doscientos dólares!
El poeta estalla:
—Para ti, para Manuel Maldonado, Santiago Argüello y Luis Debayle, para todos los que viven en la Papusia, esa suma puede ser suficiente, pero has de saber que yo no soy nacatamalero como ustedes. Yo soy Rubén Darío, y la cosa cambia de aspecto. Esa cantidad es insignificante y no la acepto. Dicen que mañana mandarán más: ¡Mañana! ¡Mañana!
El Gobierno nunca le pagó a Darío lo que le debía, pero cuando murió le rindieron honores como Ministro de la Guerra...Honores póstumos...para qué?
Rubén fue tratado como pordiosero por el Gobierno. No tomó en cuenta cuanta gloria había dado al país.
Lo estaban tratando como pordiosero a él, que era príncipe...¡Príncipe de las Letras Castellanas! Tan solo nueve años atrás, Nicaragua lo había recibido apoteósicamente. Era el hombre que había revolucionado la poesía. Era el fundador del modernismo. Era el periodista más ilustre que había producido Nicaragua hasta entonces, y que no ha vuelto a producir otro de su categoría.
Ahora está abandonado viendo como la muerte se aproxima. A él, que se ha entrevistado con reyes, que ha recibido la bendición personalmente de parte del Papa León XIII, que ha sido llamado "Hijo" por el gran prócer de América, José Martí, que había escrito los poemas más bellos y hermosos de nuestra lengua, que había recibido reconocimientos por parte de gobiernos extrangeros, le enviaba como gran cosa el Presidente de su patria, unos míseros billetes.
- Yo no soy nacatamalero, yo soy Rubén Darío...
El era Rubén Darío, pero los tiempos de gloria habían quedado atrás. Los tiempos de gloria se habían ido como aquellas noches bohemias con sus amigos poetas en los bares y cervecerías de Argentina, o de Chile, o en el Barrio Latino de París, o corriendo peligros como en Hungría, donde escaparon de matarlo.
El mismo diría:
"En cuanto a la bohemia inquerida, habría yo gastado tantas horas de mi vida en noches blancas, en la euforia artificial y desorbitada de los alcoholes, en el desgaste de una juventud demasiado robusta si la fortuna me hubiese sonreído, y si el capricho y el triste error ajenos, no me hubiesen impedido después de una crueldad de la muerte, la formación de un hogar?...
"Esperanza olorosa a yerbas frescas, trino
del ruiseñor primaveral y matinal,
azucena tronchada por un fatal destino,
rebusca de la dicha, persecución del mal...
A Rubén Darío le quedaban entonces solo 42 días de vida.
Los 3 amores
07 DE ENERO DE 2016
EL VIAJE HACIA LA MUERTE
El Viaje hacia la muerte y los tres grandes amores de Rubén Darío, el de la Garza Morena, el de Stella y el de la mujer campesina de España...
(Quinta entrega)
Vida, pasión y muerte de Rubén Darío
Por: Freddy Rostrán A.
En un día como hoy 7 de enero, pero del año 1916, es decir hace 98 años, Rubén Darío, muy enfermo, es trasladado en tren de Managua hacia la ciudad de León. Es su último viaje, el viaje hacia la muerte. Va sobre la misma ruta donde años atrás vio al impresionante Volcán Momotombo, aquel volcán de siglos, lleno de majestad, duplicándose en el armonioso espejo del Lago de Mangua. Entonces tenía 15 años, una estrella en la mano, y era en su Nicaragua natal.
Ahora el hombre va completamente adolorido, con la cara avejentada, el vientre hinchado, aparentando ser una persona de 80 años cuando no ha cumplido siquiera 49 años.
Le acompaña en el viaje Rosario Murillo, quien fuera su primer gran amor, pero que por las paradojas de la vida, se convirtió en la fuente de inmensos dolores para su corazón.
Va también en el ferrocarril, el Dr. Luis H. Debayle, a quien llamaban El Sabio Debayle, pero que en realidad no era tan sabio.
El tren iba rodando sobre sus rieles, pero esta vez, Rubén no tiene 15 años, ni tiene una estrella en la mano. Su estrella se va apagando.
La mujer que va a su lado, Rosario, fue el primer gran amor de su vida. Se enamoró perdidamente de ella cuando tenía solo 13 años. El poeta la habría de recordarla más tarde como su musa ardiente y sacra para su alma. ¡Bendita aquella boca, que murmuró por primera vez inefables palabras a la orilla del encantador Lago de Managua!
Cuánto encantamiento embriagador sintió aquella alma adolescente de poeta junto aquella mujer tierna, de cabellera castaña que acariciaba sus manos, cautivándolo con su rostro color de canela y rosa, con su boca de Cleopatra, su cuerpo gallardo y virginal…
Pero también fue ella la que le causó la mayor decepción que puede sentir un hombre enamorado.
Allí va Rosario, tenaz, con el marido que se consiguió obligando a decir “SI” ante el altar, a punta de pistola.
Rosario logra pescar con mañas a Rubén Darío cuando el pobre hombre no ha salido del dolor causado por la muerte de su primera esposa, Rafaelita Contreras…Rafaelita que le devolvió la luz cuando todo lo miraba negro. Rafaelita que le dio su primer hijo. Rafaelita, alma tan delicada y exquisita.
Habían pasado dos meses apenas de que su Stella bajara a la tumba, cuando el hermano de Rosario le tendió una trampa que cambió completamente su vida, condenándolo a no tener nunca un hogar estable.
No dejaría de pensar nunca Rubén Darío en su Stella, aquella alma que le acompañaría siempre desde el más allá. El poeta preguntaba a los lirios por Stella, si la habían visto.
Aquí en la tierra sus últimos pensamientos serían para Francisca Sánchez, la campesina española con quien se quería casar divorciándose de Rosario Murillo.
Llegan a León, e inmediatamente trasladan al poeta a la casa de su amigo Francisco Castro en el Barrio San Juan, donde habría de morir pocos días después.
A Rubén le quedaban entonces solo cuarenta y un días de vida…
Sin vino, ni música, ni flores...
18 DE ENERO DE 2016
EL ÚLTIMO CUMPLEAÑOS DE RUBÉN DARÍO
Vida, pasión y muerte de Rubén Darío
Por: Freddy Rostrán A.
En un día como hoy 18 de enero, pero del año 1916, es decir hace 98 años, Rubén Darío celebra el último cumpleaños de su vida.
El más grande poeta de la literatura castellana de todos los tiempos ha sido trasladado a la ciudad de León en grave estado de salud. Su médico, el Dr. Luis H Debayle le ha practicado una operación que no dio los resultados esperados, registrándose más bien un mayor deterioro de su salud.
El Obispo de León ha llegado a administrarle la extremaunción para prepararle espiritualmente para su tránsito a la otra vida.
Rubén ve que sus fuerzas se van apagando y cree que va a morir en la fecha de su cumpleaños. No es este 18 de enero de 1916 una ocasión festiva, sino más bien de vela. El enfermo se encuentra en estado delicado.
Otros 18 de enero han sido mejores, mucho mejores…
Cuando tenía 15 años festejó esa fecha con sus amigos poetas y periodistas de Managua. Un día antes ese joven quinceañero había deslumbrado a la clase política gobernante - el Presidente de la República, los ministros, los embajadores y los diputados - .
El muchacho de 15 años que ya ejercía el periodismo, lee ante el Congreso de la República sus cien décimas de El Libro, escandalizando a los conservadores y entusiasmando a los liberales.
Cuando cumplió 35 años estaba con Paca Sánchez en Málaga, España, gozando de las delicias de un amor tranquilo y sereno.
Su cumpleaños número 41, en Managua, fue deslumbrante. Hubo mucho vino, mucha música y muchas flores. Rubén estaba entonces en la cúspide.
Los intelectuales y el mundo oficial, las bellas damas, todos saludaban efusivos al bardo que le daba fama a Nicaragua a escala universal. Eran tiempos de gloria. En esos días el Presidente José Santos Zelaya lo nombró Embajador en España.
Solo unos cuantos meses antes había regresado triunfalmente al país, y en León lo recibieron apoteósicamente. El pueblo lo levantó en hombros. Era como la entrada de Jesús en Jerusalén.
En 1916 su natalicio era dramáticamente diferente. La fiebre no lo dejaba en paz. La mano de Rubén quemaba. Su carácter era irascible. En algunos momentos se sentía con buen apetito y pedía pastelillos…¡Cómo le encantaban los pastelillos de España, y los de Francia! Aquellos bocadillos que le daban en León no le gustaban tanto, los probaba un poco y los dejaba de comer.
Cuarenta y nueve años atrás, Rubén había venido al mundo en un caserío perdido, lejos de la civilización. Rosa, su madre, con más de ocho meses de embarazo tomó la increíble decisión de dejar la cómoda casa de sus padres adoptivos en León, y viajar en carreta por un camino malo, pésimo, recién pasado el invierno, tratando de llegar antes del parto a un lugar del norte llamado Olominapa, donde vivía una tía suya, pero no alcanzó a llegar.
Los dolores de parto le sobrevinieron en el villorio conocido como Chocoyos. Una partera atendió a la muchacha que llevaba en su vientre al genio que años después habría de revolucionar la Literatura Castellana.
Sin copas de vino, ni brindis, ni música, ni flores, ni mujeres elegantes y hermosas, transcurrió en una casa nada confortable del Barrio San Juan de León el cumpleaños número 49 de Rubén Darío, que se debatía en abierta lucha con la muerte.
A Rubén le quedaban solo 19 días de vida…
Conmoción nacional
22 DE ENERO DE 2016
SE CONOCE INMINENTE MUERTE DE DARÍO
Vida, pasión y muerte de Rubén Darío
Óleo de Arnoldo Guillén
Por: Freddy Rostrán A.
En un día como hoy 22 de enero, pero del año 1916, el periódico El Comercio, el más antiguo de Nicaragua, da a conocer una terrible noticia: es inminente la muerte de Rubén Darío. El Dr. Escolástico Lara, uno de los médicos que atiende al poeta, informa que el país y el mundo deben prepararse para un desenlace fatal.
La nación está conmovida. La noticia salta a los periódicos de todo el mundo:
Rubén Darío, el autor de Azul, de Prosas Profanas y de Cantos de Vida y Esperanza, ha sido desahuciado por los médicos.
El poeta vive sus últimos días en una casa ruinosa del Barrio San Juan de la ciudad de León, que no está definitivamente a la altura del Príncipe de las Letras Castellanas, del hombre que ha proyectado a Nicaragua no solo en el campo de la poesía, sino también del periodismo. Es sin duda alguna, el periodista nicaragüense de mayor relieve de todos los tiempos.
El enfermo está hirviendo en temperatura. El vientre del poeta ha vuelto a llenarse de agua, y se han perdido todas las esperanzas de salvarlo de las garras de la muerte.
El Gobierno lo ha abandonado a su suerte, ni siquiera le paga lo que le adeuda por sus servicios como Embajador en España. Pero apenas se dan cuenta que está por morir, comienzan a preparar las honras fúnebres.
Rubén todavía no ha muerto, y el congreso decide rendirle honores de Presidente de la República. El poeta oye todo lo que se está comentando ante su muerte inminente, y se lamenta que le estén preparando regios funerales cuando bien podían atenderlo en vida.
Se dispone que van a declarar luto oficial por ocho días al registrarse su muerte. El cadáver será embalsamado y estará en capilla ardiente durante 10 días para dar tiempo a que lleguen al país las delegaciones extranjeras.
Rubén Darío comenzó a ejercer la noble profesión del periodismo cuando apenas tenía 14 años. Fue entonces nada menos que editorialista del periódico La Verdad que se editaba en León. Sus editoriales tenían una tremenda contundencia contra el régimen conservador.
La vida del muchacho corría serios riesgos en León, y sus amigos liberales lo trasladan a Managua, donde rápidamente se incorpora a los periódicos de la capital.
Trabaja también para varios periódicos centroamericanos, hasta que se da su viaje a Chile donde va a brillar como poeta, como prosista y como periodista.
Su gran ascenso se produce cuando lo nombran corresponsal del gran periódico La Nación de Buenos Aires, cuando tiene tan solo 23 años…y comienza a codearse con los grandes del periodismo mundial.
Las coberturas que hizo en España tras la derrota que sufrió la Madre Patria ante los Estados Unidos en 1998, retrataron como nadie lo había hecho, el alma española hecha pedazos.
Rubén está muriendo abandonado, y el mundo oficial se prepara para rendirle ostentosas pompas fúnebres. En realidad, al panida, solo le quedaban entonces 15 días de vida.
El testamento
31 DE ENERO DE 2016
LA HERENCIA DE RUBÉN DARÍO
Vida, pasión y muerte de Rubén Darío
Rubén Darío dicta su testamento
Por: Freddy Rostrán A.
En un día como hoy 31 de enero, pero del año 1916, es decir hace 98 años, Rubén Darío, el hombre que ha revolucionado la poesía castellana, y que ha fundado un movimiento literario que cambió los cánones de la literatura en el mundo, se encuentra moribundo en una casa sucia del Barrio San Juan de la Ciudad de León, y se dispone a dictar su testamento.
Es el poeta que desde niño ha deslumbrado a todos con su poesía. Versos dulces en su niñez, tristes en su adolescencia y juventud, coloridos y musicales en su plenitud, y llenos de profundidad filosófica en su edad madura.
Cuando tiene 19 años convierte en versos todo el dolor que le produjo darse cuenta que la muchacha a quien amó con locura desde que era niño, ya había tenido relaciones íntimas con otro hombre.
“Yo era un joven de espíritu inocente
Un día con amor le dije así,
Escucha: el primer beso que yo he dado
es aquel que te di…
Ella entonces lloraba amargamente.
Y yo le dije: ¡Es amor!
Sin saber que aquel ángel desgraciado
Lloraba de vergüenza y de dolor.
El hombre que está muriendo tirado en un catre en León es el mismo que ha asombrado al orbe con la musicalidad marcial de su Marcha Triunfal…
Ya pasa debajo los arcos ornados de blancas Minervas y Martes,
los arcos triunfales en donde las Famas erigen sus largas trompetas,
La gloria solemne de los estandartes
llevados por manos robustas de heroicos atletas.
Se escucha el ruido que forman las armas de los caballeros,
los frenos que mascan los fuertes caballos de guerra,
los cascos que hieren la tierra.
Y los timbaleros,
que el paso acompasan con ritmos marciales.
¡Tal pasan los fieros guerreros
debajo los arcos triunfales!
Rubén ha visto los grandiosos desfiles militares de Francia, y fue testigo presencial también de la majestuosa marcha que tuvo lugar en España con motivo del cuarto centenario del descubrimiento de América por Cristóbal Colón. Todas esas imágenes espectaculares fueron traducidas por su cerebro privilegiado en versos heroicos que prenderán en la imaginación de generación tras generaciones.
Rubén ve venir la muerte a paso rápido. Su cuerpo ya no resiste más. La cirrosis atrófica que le han detectado lo está matando. Sus amigos le recomiendan que dicte su testamento, y ante los oficiosos notariales de otro poeta declara heredero universal de sus obras, lo mismo que de la casa que le dejó la Tía Bernarda en la Calle Real, cerca de la Iglesia de San Francisco, a su hijito de 9 años que se encuentra en España.
El poeta ha dejado esos valores a su hijo Güicho, y también dispone algunas cosas para su esposa Rosario, pero a la humanidad de todos los tiempos ha heredado una producción en verso y en prosa llena de luz con enseñanzas y reflexiones que forman realmente un gran tesoro.
En su etapa madura nos entregó ese poema tan pequeño en extensión, pero tan lleno de profundidad filosófica que dice que “dichoso es el árbol que es apenas sensitivo, y más la piedra dura porque esa ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente”.
Y cuando entra Rubén al último tramo de su vida, nos regala una de las más hermosas páginas de la literatura universal, para decirnos con el Hermano Francisco de Asís que todas las criaturas son nuestros hermanas…
”Los hermanos bueyes, las hermanas estrellas y los hermanos gusanos”.
El poeta dicta su testamento y se prepara para morir en paz. En ese momento a nuestro cantor le quedan solamente seis días de vida.
Un día terrible para Darío
02 DE FEBRERO DE 2016
EL SABIO DEBAYLE ACELERA LA MUERTE DE DARÍO
Vida, pasión y muerte de Rubén Darío
Rubén recibe la visita de Doña Bernarda, que ha fallecido años atrás
Rubén sueña que se disputan sus vísceras
Por: Freddy Rostrán A.
En un día como hoy 2 de febrero, pero del año 1916, es decir hace 98 años, los médicos que atienden a Rubén Darío deciden operarlo del hígado asegurando que tiene pus, y que la operación le va a ayudar a sentirse mejor. Pero ocurre todo lo contrario.
El Sabio Debayle está al frente de los cuidados médicos del poeta en la ciudad de Leòn. Al final resultó que el Sabio Debayle no era tan sabio, y sus decisiones terminaron acelerando la muerte del panida.
“Tu lo que quieres es asesinarme, quieres convertirme en una más de tus víctimas”, le había gritado Rubén hacía tan sólo unos cuantos días.
Debayle con el respaldo de uno de sus colegas, Escolástico Lara dice que hay que sacarle pus del hígado.
La víctima, perdón, el paciente, insiste en que no tiene nada en el hígado, que no siente nada ahí, y presiona con los dedos para que vieran que ese órganono no tiene nada malo, y que sí estaba sintiendo un gran dolor en la parte baja del vientre.
Otros dos médicos que están presentes le manifiestan a Debayle que el hombre no tiene nada en el hígado.
Hay que sacarle la pus insiste Debayle, y Escolástico marca con lápiz el lugar donde van a hacer la incisión.
Debayle toma el instrumento cortopunzante y con mano firme da la estocada.
Nada. No sale nada de pus.
Hay que darle en otro lugar del hígado para sacarle la pus, enfatiza El Sabio…Y ataca de nuevo.
Nada. Otra vez nada. No hay pus, y el gran poeta se desmaya.
Debayle con su estilete deja en condición grave al hombre que con su inmenso genio ha deslumbrado al mundo y ha dado tanta gloria a Nicaragua.
Lentamente el poeta recobra el conocimiento. Su situación es muy lastimosa. Más lastimosa que nunca.
…Es entonces cuando él ve a una persona muy noble y buena, muy dulce que llega a acompañarle. Es la tía Bernarda que ha fallecido algunos años antes.
“Cuanta bondad he visto en ella”, dijo el poeta.
Pero también ve a dos personas que no recuerda quienes son, pero que le molesta verlos.
Ve llegar a un hombre que se sienta en su cama.
“A ese viejo calvo no dejen que vuelva a entrar. Me afecta”, exclamó Rubén.
Nadie ha visto entrar a nadie.
El poeta ve también a una mujer que no quiere ver.
“A esa no la dejen entrar”, grita.
Este 2 de febrero ha sido un día terrible para nuestra máxima gloria…Al fin se queda dormido, pero sus suplicios no han terminado.
Se despierta sobresaltado y exclama:
* “Qué horror…! He visto mi cuerpo destrozado, y se disputan mis vísceras…
* Duérmete, Rubén, es solo una pesadilla. No está pasando nada, le dice Lola, su hermana de madre, que lo está cuidando.
Lo que Rubén ha visto como una visión premonitória, se cumple cinco días después, tan solo unas pocas horas después de haber expirado.
El Dr. Debayle al hacer la autopsia del ilustre poeta la madrugada del 7 de febrero extrae el cerebro de Rubén Darío, y dice:
“Aquí está el depósito sagrado”, y se lo lleva. Lo sigue el cuñado del difunto poeta, Andrés Murillo para evitar que el médico carnicero se apropie del cerebro, y terminan los dos disputándose aquel cerebro único en el cuartel de la policía.
Ante aquel pleito del médico y el cuñado, el mismo que obligó a Darío a casarse, los policías tuvieron que llamar por teléfono al Presidente para que él decidiera a quien le quedaba el cerebro.
* Entréguenselo a la viuda, dijo el mandatario.
* He visto mi cuerpo destrozado, y se han disputado mis vísceras, dijo Rubén la noche del 2 de febrero.
Le quedaban entonces a Rubén Darío solo cuatro días de vida.
Darío clama por la paz desde Nueva York
04 DE FEBRERO DE 2016
DARÍO CLAMA POR LA PAZ MUNDIAL
Vida, pasión y muerte de Rubén Darío
Los encuentros de Rubén con su hijo primogénito, Rubén Darío Contreras
Dibujo a lápiz tomado del Libro "Vida y Obra de Darío" de Francisco Contreras, ampliado por Flavio Rivera
Por: Freddy Rostrán A.
En un día como hoy 4 de febrero, pero del año 1916, es decir hace 98 años, el más grande poeta de América, se encuentra al borde de la muerte en la ciudad de León. La desafortunada operación que le practicaron dos días antes los médicos Luis H. Debayle y Escolástico Lara lo tienen tumbado en un viaje irreversible que termina en la tumba.
Un año antes, el jueves 4 de febrero de 1915, Rubén se encontraba en la Universidad de Columbia de Nueva York dando a conocer su poema Pax, en el que clamó por la paz del orbe sacudida en esos días por la Primera Guerra Mundial, que provocaba miles y miles de muertes, mejor dicho, millones de muertes.
Los imperios de Europa se estaban desmoronando dejando una horrible estela de sangre.
“Voy a dar lectura a un poema de paz, en medio de ecos de guerra”, dijo el gran panida.
Desde entonces, a Rubén lo asediaba tenazmente la muerte, y había llegado a Nueva York muy fatigado y débil. El rudo invierno norteamericano lo estaba triturando, y aquella atmósfera mercantil, y la estridencia de la ciudad frenética atacaban sus nervios sin piedad.
En Nueva York la salud del poeta se deterioró gravemente, y fue hospitalizado. Allí recibió la visita de su hijo primogénito, Rubén Darío Contreras, que también lo había visitado en Barcelona.
Rubén Darío Contreras, fruto del amor del gran genio con aquella tierna, dulce y bella poetisa, Rafaela Conteras (Stella), era también hijo de América, nacido en El Salvador, de padre nicaragüense, de madre costarricense, de abuelo hondureño, con ramificaciones posteriores a nivel continental. Muchacho bien formado en el hogar de su tía materna, estudiaba en Inglaterra, era amante de los deportes y un virtuoso del piano.
El físico de su primogénito impresionaba a su padre que miraba en él una reproducción de su robusta juventud.
Pero ahora, Rubén Darío estaba viviendo sus últimos días, mejor dicho sus últimas horas en una casa del Barrio San Juan de León.
De las estocadas que le dio Debayle en el hígado, ya no podrá levantarse, y solo le quedaban entonces, dos días de vida.
Un eclipse solar despide al sol viviente
05 DE FEBRERO DE 2016
DARÍO HA SIDO ABANDONADO
Vida, pasión y muerte de Rubén Darío
• Un eclipse solar oscurece a toda Nicaragua
• Vida, pasión y muerte de Rubén Darío
Por: Freddy Rostrán A.
En un día como hoy 5 de febrero, pero del año 1916, es decir hace 98 años, Rubén Darío, el gran poeta de Nicaragua y del mundo, vive las últimas horas de su existencia, y todos le han abandonado.
El periodista Francisco Huezo reporta al periódico El Comercio de la capital, que el genio que ha dado tanta gloria a Nicaragua, se encuentra agonizante y abandonado. La esposa está íngrima.
La noticia causa revuelo y reacciones inmediatas de crítica al hombre de prensa que solo ha dicho la verdad.
La hora final de Rubén Darío se acerca, y los periódicos de Nicaragua y de todo el planeta informan sobre el estado crítico del poeta.
En León se comenta de persona a persona la paseada ocurrida con el doctor Luis H. Debayle y el Dr. Escolástico Lara que demolieron al enfermo buscando como extraerle pus del hígado, pus que nunca encontraron.
El ambiente es de consternación. Dos días atrás el cielo se había oscurecido a plena luz del día, como si fuera de noche. Un eclipse de sol había llenado de sombras a todo el país.
Los leoneses dijeron que la naturaleza entera estaba despidiendo al sol viviente.
Rubén ya no habla. Está arropado con sábanas blancas de lino. Tiene la boca entreabierta y su cara está pálida. Los ojos están cerrados, y los labios no tienen color. La esposa permanece a su lado rezando. Rubén ha entrado en franca agonía.
A Rubén Darío, a esta montaña habitada por el fuego de Dios, solo le queda un día de vida.
6 DE FEBRERO DE 2016
¡¡¡RUBÉN DARÍO HA MUERTO!!!
Vida, pasión y muerte de Rubén Darío
Por: Freddy Rostrán A.
La noche del 6 de febrero de 1916, el provinciano pueblón de León dormía plácidamente, con el silencio interrumpido únicamente por los ladridos de algunos perros en los barrios, cuando de repente el estruendo de un bombazo sacudió a la población…Detrás de la primera explosión vino otra, y otra..Al final fueron 21 cañonazos disparados desde el Fortín de Acosasco que domina la ciudad.
Junto a los cañonazos empezaron a doblar las campanas de todas las iglesias. Ya no había duda.
Acababa de morir el gran poeta de América, la máxima gloria de Nicaragua…
En el vecindario del Barrio San Juan la gente escuchó el desgarrador grito de dolor de la viuda. Rubén Darío acababa de morir. Eran las 10 y 15 minutos de la noche, la misma hora que quedaría marcando para siempre un reloj Ingersol, al que le rompieron la cuerda en el momento en que el poeta exhaló su último suspiro.
A esa hora, al otro lado del Atlántico, un chiquillo sueña con su Padre…El niñito sueña que su padre lo llama cariñosamente.
Un médico que le dio la estocada final al panida con una operación fallida al hígado, se prepara para hacer la autopsia, y para extraerle el cerebro que lo quiere para él, y cuando lo tiene en sus manos, tiene que pegar carrera porque hay otro personaje – personajillo- que también quiere quedarse con el cerebro de Darío.
“Que horror, dijo Rubén poco antes de morir, he visto mi cuerpo destrozado, y se han disputado mis vísceras”.
La noticia estremece al mundo. Los periódicos imprimen el informe de última hora. Paca Sánchez, la campesina, la jardinera española que le dio tanto amor en la edad madura a Rubén, escucha a los voceadores gritando que ha muerto un príncipe…El muerto era el Príncipe de las Letras Castellanas. Su Tatay, su Rubén, el hombre con quien convivió durante 15 años y que se quería casar con ella.
El Gobierno de Nicaragua que le ha escamoteado sus salarios como Embajador de España. Ahora sí, ahora que está muerto ordena pomposas honras fúnebres.
¡Hay que darle honores de Ministro de la Guerra!
No...de la Ministro de la Guerra, no…de Presidente de la República. El alto clero decreta honores de Príncipe de la Iglesia para Rubén.
El pueblo se lanza a las calles para dar su último adiós al bardo rey.
Ocho días duran las honras fúnebres. El cuerpo es trasladado en hombros hasta el Palacio Municipal. Después es llevado a la Universidad.
Hay veladas todas las noches declamando La Marcha Triunfal, Sonatina, a Margarita Debayle, Los Motivos del Lobo y demás poemas del laureado genio. Los oradores dicen discursos preciosos, grandilocuentes. Llegan delegaciones extranjeras de todas partes del mundo.
Bellas muchachas leonesas van regando flores al paso de los funerales. El pueblo tributa a Darío el entierro más conmovedor de la Historia de Nicaragua.
La noche del 13 de febrero de 1916, el cuerpo de Rubén Darío baja a la tumba, al pié de la Estatua de San Pablo en la Catedral de León.
Desde España el gran Antonio Machado nos regala su famoso poema:
Que en esta lengua madre tu clara historia quede.
Corazones de todas las Españas, llorad.
Rubén Darío ha muerto en Castilla del Oro;
esta nueva nos vino atravesando el mar.
Pongamos, españoles, en un severo mármol
su nombre, flauta y lira y una inscripción no más:
nadie esta lira taña si no es el mismo Apolo,
nadie esta flauta suene si no es el mismo Pan.