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Contra la civilización (la actual)
La editorial El Diablo Gros tiene su sede en Tarragona y una anécdota fundacional similar a la del mítico Fondo de Cultura Económica (que tenía que decirse Fondo de Cultura Ecuménica, pero el demonio de la imprenta hizo de las suyas). El sello tarraconense quería homenajear el periodista libertario José Llunas y Pujals (1852-1905) que, como fundador del diario sublevado La Tramuntana , evitaba las represalias policiales escudándose tras el seudónimo de Lo Demonio Gros. Hace unos diez años, en algún punto del tráfico burocrático para inscribir la editorial naciente, el demonio se volvió diablo. El Diablo Gros. Fin de la anécdota.
El catálogo de El Diablo Gros está reservado a la literatura disconforme: libros que creen en la perentoriedad de una liberación colectivo. Es aquí donde se han publicado los tres volúmenes del Libro negrocon que Jordi Martí Font (trabajo que hay que aplaudir) ha buscado la memoria del anarquismo de expresión catalana. Se ha hablado poco o nada de esta antología monumental, quizá porque el secretismo del diseño que el empaqueta no transmite hasta qué punto es una obra capital y necesaria a la hora de seguir las negras tormentas del anarquismo con clave nacional. Díganle anarquismo identitario o folclórico, si se prefiere; lo importante es que recoge más de mil páginas sobre un tipo muy particular de pensamiento libertario, manifestado y vivido desde los Países Catalanes, que incomoda tanto el nacionalismo tradicional como la izquierda que se cree apátrida y puede que no lo es tanto.
Uno de los últimos aciertos de El Diablo Gros ha sido sumar en un solo volumen dos textos fundamentales de la bibliografía de John Zerzan (Salem, EE.UU., 1943), politólogo e historiador vinculado a las corrientes ecoanarquistes y anticivilización ( corrientes en plural: no es una rebelión monolítica). Ambos libros son El crepúsculo de las máquinas (2008) y el reciente El pueblo en la historia de la civilización (2018). A pesar de los diez años que los separan, comparten una misma actitud de rechazo contra la civilización, contra el régimen de relaciones que impone, la miseria económica y la erosión ambiental que hoy padecemos.
Es cierto que otros autores, especialmente en el campo de la ecología y la política verde, son críticos con los efectos de la industrialización capitalista y la formación de la cultura de masas (la manera en que harapiento el tejido social y la emergencia climática hacia la que nos ha empujado), pero Zerzan sitúa el origen del problema mucho antes de la revolución industrial, con el paso del nomadismo al sedentarismo agrícola y urbano. Visto donde se torció todo, Zerzan puede explorar, añorar, las soluciones del pasado remoto. Más o menos como hizo David Graeber, por deformación profesional, a Fragmentos de una antropología anarquista (Virus, 2019a), Zerzan va a buscar en el testimonio de las culturas primitivasla inspiración para una vida alternativa. Aportando una carretada de datos etnográficos sobre los grupos de cazadores-recolectores, contrapone los beneficios de su orden social a las taras de nuestro presente hipertecnificat y enfermo (así lo diagnostica Zerzan).
Es una pena, sin embargo, que el autor no detalle los caminos de decrecimiento, transición o salto atrás necesarios para recuperar este ideal prehistórico; proponiéndolo, acabaría de redondear una colección de ensayos que sacude los cimientos de una civilización en crisis como la nuestra, y alienta la idea de que las esperanzas del futuro están en el pasado.