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"Más argentinos, más solidarios, más puntanos que nunca"
Las disciplinas científicas refieren a información para la toma de decisiones. Este puede ser el informe de cualquier diario argentino en los últimos días: “El parte de coronavirus registró 695 muertos y 35.468 contagios en las últimas 24 horas en Argentina, con lo que suman 73.391 los fallecidos registrados oficialmente a nivel nacional y 3.482.512 los contagiados desde el inicio de la pandemia. Hay 3.060.145 recuperados. Son 6.027 los internados en unidades de terapia intensiva, con un porcentaje de ocupación de camas de adultos de 73,1% en el país y del 76,4% en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). En San Luis, la positividad de los hisopados está cerca del 20%”. La elocuencia de las cifras nos exime de precisar la justeza de la información o el momento exacto al que alude la misma.
Con esta información se debieron tomar las decisiones. “Tengo la responsabilidad enorme de tomar las medidas que mejor convengan al interés general y en este caso es ser más argentinos, más puntanos y más solidarios que nunca”. El Gobernador de la Provincia, quien debe hacerlo, asume su responsabilidad en esta hora.
Las medidas: restringir la circulación y suspender las actividades sociales, económicas, educativas, deportivas y religiosas en forma presencial. Un plazo: regirán desde la cero de este sábado 22 de mayo y hasta la medianoche del domingo 30 de mayo inclusive.
Una acción concreta, imprescindible, esperanzadora: el proceso de vacunación seguirá adelante con normalidad, resultando suficiente el turno para poder acudir al centro correspondiente. Es fundamental que se avance en este sentido y se alcance un alto número de mujeres y hombres vacunados.
Lo que sería bueno: hacer un esfuerzo para dejar de lado al “individuo consumidor, egoísta y estructurado en tanto 'víctima' y 'reservorio de derechos'. En este sentido, se busca abandonar las metáforas de una 'guerra contra el virus' —que se podría perder o ganar—, porque el virus no tiene subjetividad ni ninguna intención manifiesta de dañarnos. La guerra no es 'contra el virus', sino que confronta posibilidades que existen en nosotros. La batalla se plantea entre una ética del cuidado común y cooperativo y la subjetivación en tanto miembros de una comunidad, por un lado, y, por otro, el laissez faire del libre mercado en el que cada quien queda expuesto a lo que la suerte o el azar le tengan destinado (cómo lo afectará la enfermedad, qué secuelas le dejará o no, etc.) o a lo que su patrimonio o sus condiciones le permitan hacer para lidiar con la catástrofe (desde la atención de salud que pueda pagar, el acceso a las vacunas por vías legales o ilegales, los ingresos para poder subsistir en circunstancias de restricciones de actividades y propiedades con superficies que permitan mantener distancias de cuidado, entre otros bienes que desempeñan su papel en situaciones donde cada quien queda echado a su suerte)”. Este último párrafo corresponde al libro Pandemia. Un balance social y político de la crisis de COVID-19, del sociólogo Daniel Feierstein, publicado por el Fondo de Cultura Económica. Un texto altamente recomendable para mejorar la comprensión de algunos fenómenos. Claramente, ante la brutal magnitud de esta crisis cabe el cuidado común y cooperativo, y debe cobrar mucha fuerza el sentido de comunidad. Es imprescindible abandonar el egoísmo y apelar a conductas éticas y solidarias. Ya habrá tiempo para reclamos, críticas y gestos sectoriales o individuales. Sería altamente recomendable, además, que quienes tienen responsabilidades a la hora de comunicar asuman la magnitud de la crisis, la seriedad de este momento y lo duro de este trance, y actúen con alta responsabilidad, no más que la que les cabe como periodistas y como ciudadanos. Sobre todo desde el centralismo porteño rápidamente se comienza a denostar, se pone en marcha la industria de la excepción a la norma y se coloca en el centro de la escena, por ejemplo, el drama por la suspensión de un partido de fútbol, o de una final, o de un torneo, o de lo que fuera.
Es el momento de la unidad, del encuentro, de la solidaridad y de la convicción de la importancia de construir entre todos el mejor futuro, que hoy pasa por el confinamiento estricto para superar este duro trance.