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Travesías
El pasado viernes, nos enteramos, por nota de El Diario NTR (“Derrumban parcialmente finca histórica en Fresnillo” de Abril Solís) que una casona del centro de la ciudad de Fresnillo fue “parcialmente destruida”. Las fotografías que circulan en redes, dan cuenta que el derrumbe fue destrucción a destajo. Usaron enormes máquinas amarillas inapropiadas para la operación de deconstrucción. Lo hecho por el armatoste es una provocación para que caiga lo que sigue en pie y lo hicieron sin cuidado de saber que mantener o retirar.
Amable lector, resaltó dos detalles: El edificio está contemplado en el decreto 134 que lo declara en “la zona monumentos de Fresnillo”. Por esta situación jurídica, contaba con el resguardo de la Junta de Protección y Conservación de Monumentos y Zonas Típicas del Estado de Zacatecas y del Instituto Nacional de Antropología e Historia; meses antes estos indicaron cercar el edificio ante la posibilidad de su derrumbe. Notará Usted que la destrucción se hizo aprovechando los vacíos de la autoridad estatal y la omisión de la municipalidad. Quienes ordenaron la acción muestran alevosía e ignorancia.
Tras el “parcial derrumbe”, ahora se descubre que la construcción cuenta con elementos “originales”, como las puertas, las dimensiones de los cuartos, las pigmentaciones de las paredes y se perciben los pisos. Los relatos y testimonios dan cuenta de un edificio utilizado como centro médico para cierto personal de la empresa minera y también utilizado como oficina de gobierno.
Quienes la sitúan y tenemos en la memoria, la casona se tiene como un emblema del paisaje urbano e histórico de esa ciudad. La casa tiene un diseño que no compite con la brutalidad arquitectónica de la vecindad, por el contrario, da cuenta de cómo se pensaba y hacían las ciudades en el pasado. Ella era casi única en la manzana urbana, donde convive con edificios opacados por los horribles “portales” impostados en la década de 1980, y con la hermosa y decimonónica escuela primaria Libertadores.
Por fortuna, el INAH actúo y clausuró la continuación de la destrucción de la finca. Hecho que evidencia que los propietarios no acataron las recomendaciones de las autoridades –mírese la labor de la máquina depredadora: tumbó sin ton ni son- e ignoraron el citado decreto 134.
Lo que ocurre
La Coordinación de Bibliotecas de la Universidad Autónoma de Zacatecas, con el apoyo del Programa Editorial UAZ, está celebrando la fundación del sistema bibliotecario de la institución. Cuarenta años de labores.
Las actividades van de presentaciones editoriales a conferencias de sabihondos sobre libros, librerías, bibliotecas, servicios a consumidores y dependencias bibliotecarias. Empezaron el miércoles, hoy está la conferencia del doctor José Antonio Sandoval Jasso, a las once horas: “Historia de un libro traducido en la biblioteca del Instituto de Ciencias”. Localice el vivo o archivo en las diferentes páginas universitarias.
Lo top
Ha comenzado a circular Historia de las mujeres. Voces interdisciplinarias, coordinado por Diana Arauz Mercado. La edición, las y los autores son de nivel académico reconocido. Cierto que aparece en los días que se conmemora el día internacional de la mujer, pero es más un libro que advierte las múltiples huellas de las mujeres. Son diferentes formas de abordar, situar y analizar las problemáticas femeninas.
Lectura
El bello ensayo Pueblo en vilo –puesto en la mira por el presidente de la República, al citarle como novela- me recuerda ciertos parentescos narrativos (literarios e historiográficos) con La Feria de Juan José Arreola, Pedro Páramo de Juan Rulfo y Los recuerdos del porvenir de Elena Poniatowska. No sobra citar a William Faulkner. El libro, obra de don Luis González y González, actualmente circula gratis en una reedición (la quinta) del Fondo de Cultura Económica en la colección 21 para el 21.
El traspié
El lunes 28 de febrero, el gobierno del estado conmemoró el 141 aniversario luctuoso del general Jesús González Ortega. Éste zacatecano logró, con batallas de por medio, el triunfo de quienes reconocían a la Constitución de 1857 como el pacto político básico para el Estado mexicano y a Benito Juárez como presidente de la República.
El acto fue sobrio y políticamente correcto. Como observador-participativo, me llamó la atención la ausencia formal de los masones, quienes eran los siempre invitados especiales del evento. En cambio, sí concurrieron los errores: siguen llamando al homenajeado “J. Jesús González Ortega”; quién sabe de dónde sacan la “J”, porque el nacido en san Mateo, Valparaíso, jamás utilizó la letra para firmar ni fue llamado así.
Otro dato de ignorancia googlera fue cuando la maestra de ceremonias dijo que Ortega –así sí firmaba- nació el 20 de enero, cuyo dato propala Wikipedia y no los libros publicados por el Instituto Zacatecano de Cultura. La fecha correcta, vía fuentes de archivo, es el 19 de enero, por cierto, de hace 200 años.
Todavía recuerdo la mirada de sorpresa del señor tataranieto, don Héctor Pedro González Ortega y Zalce, cuando escuchó el dato erróneo. Gentleman como es, sólo dio seña de extrañeza y sonrió.