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Tres amigos, un Maserati y los señores mayas del tiempo
Tres amigos cuarentones, Aristarco, Martina y Chuy, han decidido pasar sus vacaciones recorriendo Calakmul, en la región del Petén del estado de Campeche. A bordo del viejo Volkswagen propiedad de Aristarco y que él cariñosamente lo ha bautizado como su “Maserati” (un famoso auto deportivo italiano), los amigos han salido de la ciudad de México y han disfrutado el recorrido en carretera por el sureste de nuestro país.
Después de tres días de travesía, todo parecía ir sin contratiempos hasta que, después de una breve parada para comprar algunas provisiones y comenzar a recorrer el camino de terracería, encontraron a un hombre anciano de aspecto maya quien pedía “aventón”.
Aristarco y Chuy se miraron y coincidieron en que tenían que apoyar al anciano. Martina era quien no estaba de acuerdo; alegaba que quizás podría ser una trampa de alguien que quería asaltarlos.
-¿Hacia dónde va usted, señor? – le preguntó Aristarco.
-A Calakmul – les contestó el anciano con una sonrisa.
-¡Ah, mire! -nosotros también vamos para allá.
– ¡Son turistas!- exclamó con una risita. Si gustan, yo los puedo llevar a un sitio más bonito y que está más cerca, como a 10 kilómetros.
– Señor… -preguntó Chuy-
-Soy Xuno Chen- dijo el anciano maya como si adivinara que querían saber su nombre.
-Suba – dijo Aristarco- nosotros lo llevamos.
Aunque el gesto de Martina indicaba su molestia por el ofrecimiento, don Xuno, subió al “Maserati” complacido por haber encontrado quien lo llevara. Lo que vino después fue muy rápido. Los amigos aceptaron que don Xuno los condujera a aquel sitio arqueológico más cercano que Calakmul.
-Aquí es- les dijo el anciano-. Llegamos al sitio especial maya. Vengan, vengan. El viejo Xuno los llevará al sitio de los señores mayas del tiempo, les dijo, mientras señalaba hacia una cueva próxima.
Un tanto temerosos, pero emocionados por descubrir qué había dentro de aquel lugar, los tres amigos siguieron a don Xuno hacia el interior. El anciano había exagerado: el sitio era sencillamente espectacular. Ahí les mostró una inscripción calendárica heredada por sus antepasados y que podía hacerlos regresar al tiempo que ellos quisieran.
-¿Está diciendo que los mayas podían viajar en el tiempo?- le preguntó un tanto excitado Aristarco.
-¿Quieren viajar en el tiempo?- les preguntó don Xuno con una sonrisita enigmática-
Los amigos se miraron confundidos. Pensaron que, quizás, era una broma o un atractivo turístico de ese lugar y empezaron a hacer conjeturas sobre a qué época o a qué año les gustaría regresar. Aristarco pensaba que a 1968, cuando sucedió el movimiento estudiantil que luego dio lugar a los sucesos de Tlatelolco. La propuesta de Chuy fue más simple: regresar a la secundaria para volver a estar con su amiga Greta Estudillo. Pero Martina dio la opción final: «Regresemos a 1994, un año complicado para el país. El año del levantamiento zapatista y del asesinato de Colosio, entre muchas otras cosas».
Los amigos salieron de la cueva y se despidieron de Don Xuno sin pesar que, afuera, les esperaba aquel México que vivimos días antes del magnicidio del candidato presidencial en Lomas Taurinas, Tijuana, y que ellos serían de nuevo unos jóvenes de 20 años.
“Tres amigos, un Maserati y los señores mayas del tiempo” es esta novela escrita por Patricio Ortiz y publicada por el Fondo de Cultura Económica que nos traslada a ese México que ha despertado en 1994 con el levantamiento del ejército Zapatista; de la presencia de Manuel Camacho Solís como comisionado para la paz y de un candidato presidencial como Luis Donaldo Colosio, que atraviesa por una campaña política muy comprometida y adversa.
¿Qué dicen los periódicos de la época? ¿De qué manera utilizarán nuestros personajes la información que poseen del futuro del país? ¿Será que los tres amigos puedan detener el asesinato de Colosio? ¿Podrán llegar hasta el candidato para advertirle que está en peligro? Al cambiar la historia, ¿cambiará también el giro de sus vidas y la del país?
En sus 231 páginas, la novela transcurre entre lo político y lo humorístico; con invitación desde su prólogo para los millenials y generaciones posteriores para conocer de una forma, un tanto más ligera lo sucedido en aquel lejano 1994, la historia de Patricio Ortiz nos deja muchas preguntas, entre ellas, ¿Sería hoy México realmente diferente si Luis Donaldo Colosio hubiera llegado a la presidencia?
Cuando terminé de leer el libro, mi marido me preguntó si me había gustado. Simplemente le contesté: «tienes que leerlo y tendrás la mejor opinión».