La vocación del México antiguo

Apetición de mi amigo Adolfo Castañón, me permito hacer un breve recuento de algunos momentos de la amistad de José Luis Martínez (1918-2007), mi padre, con Miguel León-Portilla (1926-2019), ambos maestros míos. Fue muy temprano el interés de mi padre por la literatura indígena. Desde niño, en Zapotlán el Grande, en el Colegio Renacimiento de los maestros Aceves, se confabuló con Juan José Arreola (1918-2001) y su hermano Rafael para montar una obra teatral sobre la conquista de México. En ella, representó el papel de sumo sacerdote mexica, que dio lugar al culto a la Babucha —oficiado por Juan José, Rafael y mi padre—, que debió ser prohibido porque cada vez más niños de la escuela se volvían devotos.1 Más tarde, a los 24 años, editó su primer libro, la antología escolar Literatura indígena moderna.

A. Mediz Bolio, E. Abreu Gómez y A. Henestrosa, con una introducción en la que mostró su interés por las letras mexicanas prehispánicas: Sahagún, Motolinía, Durán, Ixtlilxóchitl, el Popol Vuh y los Chilam Balam.2

En 1949 incluyó el rubro “Indigenismo” en el “Panorama de la literatura contemporánea”, de su libro Literatura mexicana, Siglo XX, 1910-1949, y se refirió en términos elogiosos a las traducciones del padre Ángel María Garibay K. (1892-1967):

Además de traductor de Esquilo, es nuestro más competente conocedor de la producción literaria de los antiguos mexicanos. Sus traducciones y estudios sobre la poesía y la épica aztecas son los más autorizados textos con que contamos en este campo.3

No sé cuándo conoció a Miguel León-Portilla, pero me consta que el libro Visión de los vencidos. Relaciones indígenas de la conquista, de Miguel y el padre Garibay, de 1959,4 le despertó el interés por la versión en náhuatl, en español y con imágenes de la Conquista de México elaborada por fray Bernardino de Sahagún y sus colaboradores nahuas, interés que nos transmitió a sus hijos. Y en su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua, De la naturaleza y carácter de la literatura mexicana, pronunciado el 22 de abril de 1960, al tratar de la primera época, “Literatura indígena”, se refirió de manera particular a las traducciones y estudios del padre Garibay y de León-Portilla, “que nos han dado un conocimiento sabio de nuestra principal literatura aborigen”.5

 

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