Carlos Bardem, del Cid a Mongo Blanco

Conocido por meterse de lleno en cada proyecto que encara, Carlos Bardem (Madrid, 1963) no ahorra palabras a la hora de defender sus trabajos o encarar las investigaciones que conlleva cada uno de ellos. Lo hizo con Pedro Blanco Fernández de Trava, el esclavista que se convirtió en el personaje de la novela Mongo Blanco (distinguida con el premio Espartaco, en la Semana Negra de Gijón) que Fondo de Cultura Económica editó recientemente en este lado del Océano y con el personaje al que le puso el cuerpo en El Cid, la superproducción que estrenó Amazon Prime Video el 18 de diciembre pasado.

En España bien se sabe que la familia Bardem no esquiva los comentarios. Al contrario, el clan encabezado por Pilar, madre de Carlos, Mónica y Javier se mostró siempre políticamente activo y ha dado batalla. Una lucha que bien se refleja tanto en el terreno político como en el campo artístico, razón por la que no sorprende que, en estas últimas semanas, desde su cuenta de Twitter, Carlos haya respondido a quienes “atacaron” a El Cid, la superproducción que puso en el centro de la escena a la leyenda de Rodrigo Ruiz de Vivar, el líder militar que inspiró el clásico de la literatura española El cantar del mío Cid. En la serie, el actor el pone el cuerpo a Flaín, conde de León, el antagonista del héroe.

“Curiosa la polémica sobre #ElCid -escribió-. Es evidente que cada uno tenemos una imagen de los mitos, de la historia. Sería bueno entender que es una serie de ficción, no un documental (entendiendo que hay docus que también carecen de rigor). El Cid es entretenimiento. ¡A disfrutar! (.) Hay críticas de #ElCid de todo tipo. Todas legítimas, por supuesto, pero hay gente diminuta que, buscando su minuto de gloria, confunde la brillantez con la crueldad. La burla casi nunca aporta nada, pero siempre encuentra audiencia entre otros seres pequeñitos, los #haters”.

Tanto en El Cid como en Mongo Blanco, Bardem considera que se refleja la complejidad cultural de España. ”En la serie de Amazon nos metemos en el siglo XI, la Península Ibérica era un territorio en la que se desarrollaban guerras y alianzas entre cristianos, árabes y judíos. Nos acercamos a una figura mitológica de nuestra historia, la que dio origen al héroe patrio que hoy, sigue siendo utilizado tanto de un lado como del otro -comenta el actor, guionista y escritor en una charla a través de Zoom-. En la novela, traigo a Pedro Blanco Fernández de Trava, un personaje también real. Un negrero, un malagueño que se convirtió en uno de los más poderosos del siglo XIX. Fue el Pablo Escobar de la trata de personas, el que me llevó a meterme, a desmenuzar la atrocidad de la esclavitud, la explotación en el siglo XIX. Me empujó a analizar, si es posible, el mal absoluto. Por un buen tiempo estuve metiéndome en la cabeza de este hombre, un personaje de su tiempo. Estoy convencido de que para entender de dónde viene el racismo hay que hondar en el esclavismo”.

-En tiempos de Black Lives Matter la novela cobra otra dimensión.

-Cuando me puse a investigar, a leer sobre este personaje, me surgió una pregunta que para mí es muy gráfica de lo que sucede con la historia. Cómo puede ser que yo, que de formación soy historiador [es licenciado en Historia y diplomado en Relaciones Internacionales] no haya oído hablar antes de Pedro Blanco. Y al leer, al tomar contacto con esa historia, encontré las razones. Pedro Blanco era un monstruo, un hombre que sabía lo que hacía. Era muy bueno en lo suyo. Un hombre culto que incorporó mejoras tecnológicas en pos de perfeccionar la trata de esclavos. Creó un reino en África en el siglo XIX. Fue el último y más grande de los mongos, un gran marino que mejoró las rutas para el traslado de hombres, mujeres y niños hacia las tierras fuera de España, hacia las colonias donde se necesitaba de mano esclava. Muchas de las grandes fortunas de mi país tienen su origen en la sangre de los esclavos. Hay una larga lista nómina de nombres e instituciones que estuvieron vinculadas al tráfico de seres humanos y a la explotación de la caña de azúcar. Esta lista incluye nombres de linajes muy antiguos, empezando por la mismísima Casa Real. La principal socia de Mongo Blanco era la reina regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias y es por eso, que de ciertas cosas no se hablan. Si en España preguntas a cualquiera por la esclavitud, la mayoría te habla de los campos de algodón de Estados Unidos, hacen referencias a todas esas películas y novelas que hemos visto y leído, a Kunta Kinte. Pocos hablan de las grandes plantaciones de caña de azúcar de Cuba y Puerto Rico, donde los esclavistas eran españoles y esas plantaciones estaban surtidas por negreros españoles. No fue cosa solo de portugueses, británicos y estadounidenses. Cuba y Puerto Rico fueron negocios muy rentables para España de la mano de Mongo Blanco. Los españoles y los brasileños fueron los últimos que abolieron la trata. (“La colonia española no abolió la esclavitud en Cuba hasta 1886”, apunta Bardem en las Notas del autor que se incluyen en la edición de FCE)

-En la novela se mete en la cabeza de un personaje cargado de claroscuros.

-Lo que busqué fue crear a un ser humano con todas sus contradicciones, sus luces y también sus sombras. Al lector le propongo escuchar las razones del esclavista.

-¿Cuándo se le da voz al mal al monstruo no se corre el riesgo de justificar las atrocidades cometidas?

-Comprender al monstruo no es justificarlo. Es importante aprender de las atrocidades del pasado para no ser cómplice de las del presente. Para humanizarlo, que no es lo mismo que justificarlo, tracé en la novela una especie de juego basado en la conversación que mantiene Pedro y el psiquiatra que lo atiende. El joven doctor Castells representa al lector. Es el que le hace todas las preguntas que cualquiera de nosotros le haríamos. Blanco paga en vida sus atrocidades y vive esclavizado por la locura que desarrolla en la vejez, en un manicomio casi medieval donde lleva un grillete. Solo el doctor Castells se apiada de él, ve todavía algo de humanidad en este hombre y desea conocer su historia, sus razones, sus porqués.

- No, no soy racista, doctor. ¿Y usted?

- No, claro que no.

- Bueno, lo contrario tampoco sería extraño. Es en los amables salones de los burgueses donde más me he topado con gente prejuiciosa y racista. No, no lo soy porque no creo en la bondad de las razas sobre las otras. (.) Nunca odié a los negros. Un viejo chiste esclavista venía a decir: “Amo a los negros, me encantaría llevar más en la bodega”.

-La ficción, la literatura siempre se permitió correrse del “lado oficial de la historia” para ir más allá y acompañar en cierta forma el pulso social.

-En aquellos años de esclavismo toda la sociedad era partícipe, desde María Cristina de Borbón y el Arzobispo de Toledo hasta el último bodeguero con ahorros. La literatura, la ficción, el arte, lo que permite es poner un espejo delante de la sociedad. El racismo es una construcción intelectual y ficcional que convive con nosotros.

(.) Todos quienes conocen a los negros os dirán que en Madagascar, en el Congo, como en Cuba son perezosos, salvajes, inclinados a actuar mal, y que es preciso conducirlos con autoridad y firmeza para obtener algo de ellos. Estos salvajes no tienen otro dueño que sus propios instintos, sus apetitos primitivos. La frase pertenece Antonio Cánovas del Castillo, presidente del Consejo de Ministros. Cánovas, como cita Bardem en Mongo Blanco, “ha pasado a la historia como un gran hombre, como un gran político, y tiene estatuas en varias ciudades españolas”.

-¿Es partidario de que se derriben las estatuas?

-Sí, estoy a favor de que se derriben las de aquellos hombres que hicieron su riqueza aprovechando la esclavitud. Esos monumentos, como tantos otros, deben ser revisados, resignificados.

 

En Mongo Blanco, el autor toma la historia de Pedro Blanco Fernández de Trava, un personaje real. “Un negrero -define Bardem-, un malagueño que se convirtió en uno de los más poderosos del siglo XIX. Fue el Pablo Escobar de la trata de personas”.

Uno de los mayores compromisos de Carlos Bardem al encarar la novela fue la de no apartarse de su formación como licenciado en historia y se impuso ser lo más riguroso posible en cuanto la investigación. Por esta razón, a lo largo de Mongo Blanco se incluyen mapas, anuncios reales y en el comienzo de cada capítulo los artículos del Reglamento General de Esclavos promulgado por el Capitán General de la Isla de Cuba, Jerónimo Valdez, en 1842.

Articulo 11. Hasta que cumplan la edad de tres años deberán tener camisillas de listados, en la de tres a seis podrán ser de coletas; a las hembras de seis a doce se les darán sayas o camisas largas, y a los varones de seis a catorce se les proveerá también los calzones, siguiendo después de estas edades el orden de las demás, se puede leer en uno de los apartados.

“Busqué contar cómo era todo el proceso y cómo se condicionaban las relaciones sociales y económicas del resto de la población -reconoce el también actor de la serie Inés del alma mía, basada en la novela homónima de Isabel Allende-. Todos participaban en mayor y menor medida de este sistema. Entender esto puede hacernos ver el origen y la permanencia del racismo. De esta manera quizá podríamos encontrar la forma de mirarnos todos y cerrar esa herida. Insisto con esta idea de que la literatura, la ficción nos pone frente al espejo, de manera individual y también como sociedad. Cuando coloco frente al espejo a Pedro Blanco, también lo estoy haciendo con el lector, como diciendo 'cuidado, porque en otra época, tú pudiste ser un monstruo'.

No fue hasta que Álex de la Iglesia le pidió que fuera parte de Perdita Durango (1997) que Carlos esquivó la actuación. Tenía 34 años y se animó a ser parte de la película protagonizada por su hermano Javier, de la que luego escribió Durango perdido: Diario de rodaje de Perdita Durango. Con Javier mantiene una intensa y excelente relación. Recientemente participaron juntos en Santuario, una película documental que puede verse también por Amazon Prime Video. Allí los hermanos se convierten en portavoces de la campaña del Santuario Antártico. A bordo del Arctic Sunrise, de Greenpeace, recorrieron el mar de Weddell, en la Antártida. “Fuimos testigos de uno de los lugares más vírgenes del planeta y que, como todos, se encuentra muy amenazado por las diversas actividades humanas -cuenta entusiasmado su compromiso con la causa ecológica-. Nuestra relación con el planeta debe cambiar”.

-Hay rumores de que Mongo Blanco se convierta en una serie. ¿Existe la posibilidad?

-Hay planes de adaptarla. La historia y el personaje son muy atractivos para que pueda convertirse en una serie. Estamos en conversaciones. Puede resultar muy interesante seguir reflexionando sobre el mal absoluto, sobre el uso del poder. No hay una relación entre dos seres humanos más desiguales y malvados que la que pueden existir entre el amo y el esclavo. La esclavitud sigue existiendo. Sí, en el pleno siglo XXI.

 

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