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Pellicer a la distancia
Encuentro en las horas y en los azules del poeta tabasqueño Carlos Pellicer un consuelo para la melancolía de los días extraños por la pandemia.
En su poesía moderna y vanguardista están pintados los colores del cielo y de las horas distintas de los paisajes, de los objetos de familia, de las palabras íntimas... de la soledad de las cosas.
Poeta del trópico y del tenue olor de la tierra, Pellicer abundó sobre las noches estrelladas y la luna; los intranquilos mares y el amor que llega en primavera sobre un buque de vapor.
En sus “Divagaciones del puerto”, Pellicer traza un mapa del viajero de Brasil, Nueva York, Colombia, Venezuela, La Habana: “Es claro: me gusta más Veracruz, que Curazao”, reconoce la voz íntima de Pellicer.
En estas deshoras —las de la interminable pandemia— encuentro una retribución en la “Elegía” (que sabiamente el poeta dedicó «A nadie»): “Desde el balcón, se ve:/han pasado muchos automóviles. / Desde el balcón se piensa: / odio todos los libros. / Estoy triste porque no soy bueno. / Domingo. Uno desos estúpidos domingo sin sol. / La catedral parece que está hipotecada. [...] El azul sería/rojo/y el anaranjado, /gris;/el verde saltaría en negros estupendos. / ¡Sabidurías/de los colores nuevos!” (Obra, FCE, 1986)
En la lírica de Pellicer los días son azules, habita el vuelo azul del colibrí, las horas se adelgazan, los relojes se atrasan y no hay tiempo para el tiempo: “El ojo caza tres sonrisas. /Kilo de panoramas/ pagado con el tiempo/ que se gana perdiendo”.
En La vida en llamas, una pequeña antología de Carlos Pellicer, (1996) el compilador Felipe Garrido escribe: “En ese mundo —en el mundo de la poesía de Pellicer— hay lugar para la melancolía, para llorar a los amigos muertos, rezar al lado de la madre, seguir la silenciosa música de callar un sentimiento”.
“Dichosa puerta que nos acompañas, / cerrada en nuestra dicha. Tu obstrucción/ es la liberación destas dos cárceles;/ la escapatoria de las dos pisadas/ idénticas que saltan a la nube / de la que se regresa en la mañana”.
Hizo poesía del sabor del mar: “Y éramos dos ceros/ a la izquierda del mundo/ valores eternos [...]/ tu desnudez y la algarabía telescópica de la noche creciente”.
En estas horas paradas (por la pandemia), encuentro en la poesía de Pellicer ángeles y manzanas, el amarillo seco de una milpa, un reloj descompuesto en mi escritorio, la ciudad telefónica y “algo de Xochimilco sobre las plazas tristes de París”.
Encuentro flores.