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Los valientes no asesinan, el gran legado de Guillermo Prieto
En su largo andar por los farragosos caminos de la patria, el Presidente Benito Juárez y su gabinete se encontraban en Guadalajara, el 13 de marzo de 1858. Esa tarde y en un marco de rebelión de las fuerzas militares del Estado, también se amotinó el jefe de la guardia presidencial, Filomeno Bravo, que apresó al Presidente Juárez y a algunos de sus ministros en el palacio de gobierno. Momentos después, un pelotón accedió al cuarto donde se refugiaron los patriotas y se dio la orden de preparar los fusiles y apuntar hacia los secuestrados.
En esta trágica circunstancia y antes de que se diera la orden de fuego, el Secretario de Hacienda del gabinete nacional, Guillermo Prieto, protagonizó un acto de heroísmo y lealtad, al proteger a sus espaldas al señor Juárez y ofrecer su vida en lugar del primer mandatario y sus fieles.
Guillermo Prieto era un periodista y poeta prolífico, cuyas obras integran 32 tomos de manifiestos, crónicas y certeras descripciones de la vida nacional de esa convulsa mitad final del siglo XIX. Carlos Monsiváis, escribió de él: “Los escritos y la existencia misma de Prieto parecen prodigios en guiños y saludos a lectores y espectadores del porvenir”. Por ello, podemos decir que es nuestro contemporáneo.
Los hechos de aquella tarde de 1858 en Guadalajara, fueron descriptos en una crónica de emergencia, por el mismo Prieto, en el diario El Mundo Ilustrado: "Los rostros feroces de los soldados, su ademán, la conmoción misma, lo que yo amaba a Juárez... yo no sé... se apoderó de mi algo de vértigo o de cosa de que no me puedo dar cuenta. Rápido como el pensamiento, tomé al señor Juárez de la ropa, lo puse a mi espalda, lo cubrí con mi cuerpo, abrí mis brazos y ahogando la voz de "fuego" que tronaba en aquel instante, grité: "¡Levanten esas armas!, ¡levanten esas armas!, ¡los valientes no asesinan! " y hablé, hablé, yo no sé qué hablaba que me ponía alto y poderoso, y veía, entre una nube de sangre, pequeño todo lo que me rodeaba; sentía que lo subyugaba, que desbarataba el peligro, que lo tenía a mis pies. Repito que yo hablaba, y no puedo darme cuenta de lo que dije; a medida que mi voz sonaba, la actitud de los soldados cambiaba. Un viejo de barbas canas que tenía al frente, y con quien me encaré diciéndole: "¿Quieren sangre? ¡Bébanse la mía...!" alzó el fusil y los otros hicieron lo mismo. Entonces vitoreé a Jalisco.
Los soldados lloraban protestando que no nos matarían y así se retiraron como por encanto. Juárez se abrazó de mí, mis compañeros me rodeaban llamándome su salvador y salvador de la Reforma. Mi corazón estalló en una tempestad de lágrimas".
Diario El Mundo Ilustrado.
En la última página del tomo 3 de su obra "La gloria y el ensueño que forjó una Patria", Paco Ignacio Taibo II, recrea un diálogo entre los patriotas liberales Guillermo Prieto e Ignacio Altamirano “El Nigromante”, diálogo al que el autor califica como “medio apócrifo”.
- Benditos seamos los mexicanos, de derrota en derrota hemos abierto las puertas de la gloria definitiva. Se inicia la era de la razón, nuestro Siglo de las Luces, dice Ignacio Ramírez.
- ¿Y por cuánto tiempo?, preguntó Prieto, para acotar de inmediato:
- Perdón por mi ataque de pesimismo. ¿Acaso importa? Un segundo de fulgor, diez minutos, dos años… y luego volver a empezar. ¿No es ese el destino de un pueblo sabio? ¿Pelear eternamente?
EX LIBRIS
Vida y obra de Guillermo Prieto
- Fragmento-
Se acercaba el día de la distribución de premios en el Colegio de San Juan de Letrán. Prieto, sabiendo que el Presidente de la República y otros funcionarios importantes asistirían a la ceremonia, se arregló con uno de los alumnos sobresalientes para que le cediera su lugar en el programa. Después se dedicó a componer una oda que impresionara profundamente al auditorio. Logró un gran éxito. Cuando le tocó hablar, alzó la voz y se dirigió a su "Patria, adorada patria, patria mía"; alabó la sabiduría como camino que conduce a la inmortalidad; concluyó con una súplica al gobierno para que elevara sus miras y protegiera a los hombres cultos con mano franca y paternal, adornando así el árido sendero de las ciencias con el olivo y el laurel inmarcesible. Los oyentes se miraban asombrados. El poema indicaba con claridad que todo aquello no existía en el México de entonces. Y el Presidente estaba escuchándolo allí mismo, en el estrado.
Prieto fue finalmente interrumpido. Descendió de la tribuna entre miradas coléricas, risas contenidas y el desconcierto total de sus profesores y compañeros de clase.
Poco más tarde se acercó a él el jefe de policía y le ordenó que al día siguiente, al atardecer, se presentara ante el Presidente.
Prieto cumplió la orden. Pero el presidente (Anastasio) Bustamante no apareció como el severo mandatario que el joven esperaba. Pidió a éste que manifestara francamente la opinión que le merecían las condiciones de la enseñanza pública en México. Antes de que la entrevista concluyera, Prieto había impresionado profundamente al general Bustamante. Éste ordenó que se instalara para el poeta una cama en las habitaciones presidenciales; le señaló un sueldo de cien pesos mensuales en carácter de secretario particular y lo nombró redactor del Diario Oficial, con una remuneración adicional de ciento cincuenta pesos.
A la edad de diecinueve años, el muchacho pobre y huérfano lograba así, por esfuerzo propio, un empleo de confianza y una situación respetable en la casa presidencial.
(Malcom Mc Lean: Vida y obra de Guillermo Prieto; COLMEX / FCE, Ciudad de México, 1960).
MEMENTO
11 de marzo de 1867: Salen del territorio nacional las últimas tropas francesas que apoyaban a Maximiliano de Habsburgo.
11 de marzo de 1915: Tropas convencionistas encabezadas por el general Emiliano Zapata entran en la Ciudad de México.
13 de marzo de 1847: Una escuadra oficial estadounidense bombardea el Puerto de Veracruz.
14 de marzo de 1565: Muere el fraile franciscano Vasco de Quiroga, primer obispo de Michoacán, quien se destacó por su labor como educador y benefactor de los pueblos indígenas.
14 de marzo de 1858: La guardia de Palacio de Gobierno, en Guadalajara, hace prisionero a don Benito Juárez y a miembros de su gabinete para ser fusilados, siendo salvados por las palabras memorables de Guillermo Prieto “levanten esas armas, los valientes no asesinan”.
14 de marzo de 1879: Nace Albert Einstein, físico, Premio Nobel de Física en 1921.
14 de marzo de 1883: Fallece Karl Marx, filósofo, sociólogo, economista y pensador socialista.
16 de marzo de 1863: Sitio de Puebla. Las tropas invasoras francesas se presentan en la Ciudad de Puebla para atacar a las fuerzas republicanas del Presidente Benito Juárez.
16 de marzo de 1892: Nace el peruano César Vallejo, uno de los más grandes poetas de la literatura mundial.